La Pastoral Carcelaria llegó a Guadalupe con mensajes de personas privadas de la libertad
Como cada año, la Pastoral Carcelaria de Santa Fe participó de la peregrinación a la Virgen de Guadalupe. Participaron personas voluntarias que trabajan en esta entidad, a los que se sumaron, amigos, personas de las comunidades que recorren o bien que comparten el trayecto hacia la Basílica.
Consultado sobre esta renovada experiencia, el Padre Bernardo Blanchoud, resaltó los momentos vividos en esta oportunidad y recordó que años atrás, las peregrinaciones comenzaban desde la misma cárcel de Coronda. “Salíamos a las 4 de la mañana y al santuario llegábamos a la medianoche donde se hacía la misa”.
Sin embargo, con el tiempo, se redujo el trayecto y se comienza desde el barrio Los Hornos, en distrito Santo Tomé, desde una vivienda donde el recordado Padre Gabriel Carrón trabajó durante años para la creación de una escuela en esa popular barriada. “Ese lugar quedó en el corazón de la pastoral como un lugar muy entrañable”.
Esta vez, iniciaron la caminata a las 9 de la mañana y llegaron al santuario a las 5 de la tarde. “Fuimos recorriendo algunas comunidades de Santo Tomé como la Capilla Guadalupe, El Huerto, Cristo Obrero y la Parroquia Inmaculada. Y después en Santa Fe empezamos a recorrer los barrios Varadero Sarzotti, San Jerónimo y Fonavi. También San Lorenzo, Santa Rosa Lima, Barranquitas, visitando las comunidades más vulnerables. Trabajar con las personas marginadas era uno de los carismas del Padre Gabriel,” relató.
Como se adelantó, participaron personas voluntarias que trabajan en esta entidad, amigos y allegados, personas de las comunidades recorridas y otros que se sumaron en el camino hacia la Basílica. A las 6 de la tarde se participó de la misa oficial.
Mensajes desde la cárcel
Cabe señalar, que unos días antes, desde la Pastoral se llevó a los penales una pequeña urna, a partir de la cual les ofrecieron a los internos que escriban sus intenciones, para luego llevar las urnas a la misa. “De hecho -comentó Blanchoud- estuvieron puestas sobre el altar en el momento de la celebración”.
En esos días previos, en medio de las visitas, destacó que los internos “con papel y lápiz en mano, estuvieron un tiempo prolongado escribiendo sus mensajes. No lo hicieron sólo para cumplir. Dieron todo su corazón”.
El sacerdote comentó una anécdota que refleja esos momentos. “Incluso recuerdo que uno de los muchachos, antes de poner el papelito en la urna le dio un beso. Bueno, eso dice mucho. Es decir, tomaron esto con respeto, con devoción, incluso con el deseo de participar al menos de corazón en esa marcha”.
Después, en cada misa dentro de los penales, se les dio una estampita de la Virgen bendecida y “pude observar cómo las trataban con cariño y las llevaban con mucho afecto”.