Rosario en sus 300 años: cinco barrios, cinco historias que la ciudad guarda en cada esquina
Rosario cumplió 300 años en 2025. Para celebrar el tricentenario, el municipio y el Ente Turístico diseñaron cinco circuitos barriales autoguiados que recorren la historia que todavía se guarda en los rincones. Si sacás tus pasajes a Rosario, podés visitar Fisherton, Pichincha, Alberdi, Echesortu y Saladillo, cinco barrios que crearon lo que Rosario es hoy.
Fisherton es el más llamativo para quien no lo conoce. En 1888, el Ferrocarril Central Argentino decidió construir un barrio residencial para su personal jerárquico británico en el noroeste de la ciudad. Henry Fisher, fue el encargado del trazado y por eso el barrio lleva su nombre. El circuito tiene 9 paradas y permite entender cómo una empresa ferroviaria inglesa dejó su huella en cada fachada.
Pichincha cuenta otra historia. Empezó a consolidarse entre 1915 y 1920, cerca de la estación Sunchales —hoy Rosario Norte—, y durante décadas fue la zona roja de la ciudad. En 1914 funcionaban más de 31 burdeles registrados. La ordenanza de 1913 había delimitado zonas específicas para esa actividad, y Pichincha quedó en el centro de todo. Hoy, de esa arquitectura de zaguanes y patios internos quedan tres fachadas intactas. Se mantienen el ex Madame Safó en Pichincha 68 bis, el Petit Trianon en el 87, y El Elegante, convertido en geriátrico. También está el Mercado Pichincha como eje de un corredor gastronómico que la municipalidad reconoce como el más activo de la ciudad.
Alberdi tiene su origen en un tranvía a vapor. En 1876, José Nicolás Puccio fundó un pueblo a partir de la línea que unía San Lorenzo con Rosario. Durante años funcionó como una comunidad casi autónoma, con su propio balneario —el de Rosas, con grandes dunas y barcazas— y una vida social organizada alrededor del Bulevar Rondeau. Echesortu, en cambio, fue el lugar donde la ciudad instaló lo que no quería cerca del centro. Ahí se construyeron el Instituto Antirrábico, la cárcel y los cementerios. Las tierras eran de grandes familias de la élite, y las calles se empedrarían con piedras traídas de la isla Martín García.
Saladillo cierra el recorrido con una historia que mezcla balneario aristocrático y frigorífico. Manuel Arijón compró las tierras junto al arroyo en 1881 convencido de que el agua tenía propiedades curativas. Construyó los Baños del Saladillo y convirtió la zona en destino de fin de semana para la alta sociedad rosarina. Cuarenta años después llegó el Frigorífico Swift, con inmigrantes lituanos y rusos. El pueblo de veraneo se transformó en barrio obrero. Esas dos capas conviven todavía en el paisaje.
Los cinco circuitos están disponibles en la web del Ente Turístico Rosario y en la app Rosario Turismo, con geolocalización, fotos históricas y actuales, y audioguías narradas por figuras de la cultura local. Todos tienen traducción al inglés. No requieren guía ni reserva previa. Solo tiempo y ganas de caminar una ciudad que tiene mucho más para contar de lo que entra en cualquier fin de semana.