Una fiesta que evoca nuestra mixtura de razas y de culturas
Argentina en la Fiesta de las Colectividades Crédito: Gentileza rosarinos.com

Una fiesta que evoca nuestra mixtura de razas y de culturas

Se puede afirmar que la Fiesta Nacional de Colectividades Extranjeras es, después de la celebración por el Día de la Bandera, el segundo festejo popular más importante de la ciudad de Rosario. Pero la Fiesta no es sólo un espectáculo de entretenimiento: en ella se produce el encuentro de más de cuarenta colectividades extranjeras que conviven hermanadas durante diez noches consecutivas, exhibiendo -ante cientos de miles de personas que se acercan desde distintos lugares de la región- sus producciones culturales.

Con 33 stands gastronómicos y culturales ubicados en el predio del Parque del Monumento Nacional a la Bandera, sumados a las casi 10 presentaciones por noche sobre el escenario mayor a cargo de los grupos tradicionalistas, la Fiesta tuvo este 2003 un despliegue imponente y un color característico, ya que las colectividades se esforzaron muchísimo en presentar espacios muy llamativos y originales (algunos con escenarios propios); y con el orgullo de haber hecho “todo hecho a pulmón”, según ellos mismos comentaron.

Este año, la organización del evento fue compartida por el Ente Turístico de Rosario (E.TU.R), un órgano de la Municipalidad de la ciudad, y la Asociación de Colectividades Extranjeras de Rosario (A.C.E.R.), una institución conformada por miembros de distintas colectividades participantes, quienes estimaron la presencia de unas 120 mil personas en la noche de apertura (el viernes 7 de noviembre, cuando la atracción convocante fue León Gieco) y más de 500 mil los siguientes días.

Cada noche de fiesta comenzaba -aproximadamente- a partir de las 19, aunque el grueso del público se acercaba al predio cerca de las 21, momento en que se daba comienzo a las presentaciones sobre el escenario mayor. Todos los años, la conducción del evento está compartida por reconocidos locutores de distintos medios de la ciudad -como Alberto Lotuff, Gachi Santone, Norberto Chiabrando, Julio Orselli, entre otros- que se distribuyen el trabajo en las diez noches junto al río, disponiéndose en parejas de hombre y mujer.

Para llegar a presentar sus producciones artísticas en el encuentro, cada colectividad trabaja arduamente durante el resto del año. “Desde coserse la ropa, hasta preparar los bailes”, según confesó una integrante de una colectividad europea, los participantes de estas instituciones tradicionalistas ponen todo su esfuerzo para que la fiesta salga a la perfección, ya que el cariño que tienen por las costumbres de sus antepasados se pone claramente de manifiesto al compartir el diálogo con cualquiera de ellos.

Como todos sabemos, nuestra inmigración fue predominantemente europea, por lo que la mayoría de los stands pertenecen a colectividades de esa parte del mundo, como las italianas, las españolas (que están divididas por regiones debido a su importancia en materia inmigratoria) y de otros países como Rusia, Eslovenia, Alemania, Grecia, entre otros. También países de oriente y de medio oriente tuvieron su lugar representativo en la fiesta, como es el caso de Japón, Irán, Siria, Líbano, Israel, estos últimos, grupos con gran presencia en Rosario.

Pero además de ellos, los países sudamericanos también tuvieron su lugar: Brasil, Chile, Perú, Paraguay, Bolivia y Uruguay, fueron grandes protagonistas en las noches junto al río. Argentina también participó del evento, con grupos de artesanos de comunidades indígenas locales (como los tobas, los mocovíes y los coyas) y varios que llegaron a la Cuna de la Bandera desde provincias como Chaco y Jujuy para mostrar sus productos autóctonos.

Las diez noches se cerraron de la misma forma en que comenzaron. Los fuegos de artificio le dieron un colorido extra tanto a la noche de apertura como a la final -el domingo 16-, velada en la que también se llevó a cabo la tradicional elección de la reina de la fiesta. La galardona este año fue la representante de la colectividad siria, la rosarina Natalia Penotti, de 17 años.

Rosario festejó junto a la región un nuevo año más de esta celebración popular que convoca, año a año, a casi un millón de personas que -a pesar de los reveses socioeconómicos que afligen a la sociedad toda- se acercan en noviembre a esta ciudad del sur santafesino para revivir y conmemorar las tradiciones de tantos inmigrantes que, con su esfuerzo, hicieron al desarrollo de nuestro país.

Por Mauro Bertone

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