En busca de la profesionalización del fotógrafo
Tener sueños o proyectos en la vida nos moviliza, nos motiva a ir tras ese horizonte. Pero cuánto cuesta alcanzar lo que queremos, hay que esforzarse para concretarlo, tal vez por ello una vez que lo conseguimos la satisfacción es mayor. Este ha sido el caso de Gustavo Pomar y de su esposa Elsa, quienes luego de mucho batallar obtuvieron el reconocimiento oficial para la Tecnicatura en Fotografía, es decir, el primer paso hacia su sueño: la profesionalización del fotógrafo.
Nos cuenta Gustavo que, al revés de la mayoría de los casos, donde muchos comienzan en forma aficionada como un hobby o porque les gusta, él encaró la fotografía directamente como una profesión “estudié para que fuera mi profesión. Un amigo me habló de un curso de fotografía en Santa Fe, me anoté y lo hice siempre con la idea de que iba a trabajar y vivir de ello”. Aclara nunca había sacado fotos, “por eso digo que amo más la profesión que la fotografía en sí”.
Al finalizar el curso comienza a sacar fotos sociales, en cumpleaños, casamientos, etc y con algunos aportes para diarios de Esperanza, hasta que concreta tomar fotos para Prensa de la Municipalidad de dicha ciudad. “Esa fue una etapa de blanco y negro, estamos en 1986/7, donde yo mismo revelaba”.
Verborrágico, Gustavo prosigue su relato y se interna en lo que él denomina “la etapa del color, donde surgieron algunos trabajos particulares, sobre todos sociales, hasta que puse mi primer local en Avda. Colonizadores en el que vendía cámaras de fotos, revelado y, a la vez, ofrecía mis servicios. Ahí ya arranqué fuerte como fotógrafo, en esa etapa hice mucho sociales, junto con colaboración de mi esposa, Elsa. Ella siempre fue mi asistente, colaboradora, jefa. Una ayuda grande para mí al día de hoy”.
Si bien el negocio marchaba bien, él siempre tenía pendiente el tema de la capacitación ya que para eso debía ir a Buenos Aires y le demandaba mucho esfuerzo. “Eso me obligó a ser un autodidacta en este tema, pero siempre con la idea de decir bueno algo más debe haber”.
La crisis del 2002 impactó fuerte en el negocio de los Pomar y, como él dice, “gracias a Dios en el 2003 me fundí, y agradezco porque sino todavía estaría con el negocio y no tendría el instituto actual”. Aquí recuerda que en aquel entonces soñaban con Elsa tener “un galponcito donde hacer fotos publicitarias, habíamos hecho unos trabajitos elementales pero yo ya había visto que me gustaba”. Así que armó una carpeta y visitó cada empresa de la zona, mostrando lo que hacía. “Era un tema raro todavía, que aún costaba que se valorara. Tuve que remar mucho, pero de alguna manera sirvió, salieron algunos trabajos. En dos años visité 160 empresas”.
Para Pomar hubo un hecho que marcó un antes y un después. Un día el portero de una empresa local le comenta sobre las buenas fotos que sacó con una cámara nueva en una fiesta, las que estaban parecidas a las del fotógrafo contratado. “Eso me hizo pensar cómo diferenciar el trabajo profesional del amateur, cómo profesionalizar la actividad”.
Así surge el proyecto del instituto, basándose en “que la única manera de profesionalizarse es a través de la capacitación integral.
Decidimos arrancar con la enseñanza, alquilamos esta casa vieja y la acondicionamos. En marzo de 2003, el instituto Lux Capere inició las clases, “además de los cursos para aficionados, desde el primer año nos dedicamos a armar la carrera profesional, que era nuestro objetivo primordial”.
Los Pomar iniciaron los trámites en el Ministerio de Educación de la provincia, para obtener el reconocimiento oficial. Relatar los pormenores nos demandaría muchas líneas. Vamos a resumir y contarles que recién en diciembre de 2009 el Ministerio les otorgó la validación oficial para la carrera de Técnico en Fotografía. “Nos llenó de orgullo que lo que empezamos como un sueño se transformó en el plan oficial, de alguna manera Lux Capere marcó un camino”.