Una herencia inquietante
Una herencia inquietante Crédito: El Santafesino
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Redacción El Santafesino
20 de enero de 2014
Humboldt plan colonizador Raúl Kröhling

Una herencia inquietante

“…Luego del desayuno, uncíamos los bueyes, poníamos los arreos a los caballos y los atábamos al arado. Para esta tarea, se precisaban dos personas. La segunda, me faltaba; por ello, mi hijo Jacob Gottfried, de 5 años, cumplía este trabajo. Él guiaba los caballos y yo guiaba su mano sobre el arado. Como nunca en mi vida había conducido antes un arado, tenía que observarlo constantemente para que no se salga del surco. También tenía que mirar a los bueyes y a los caballos, por eso todo iba mal. Mi hijo era tan pequeño que de cada cien pasos, se caía, con seguridad, por lo menos tres veces. Mi esposa nos miraba llorando, pero ella no pudo ayudar, porque un nuevo alumbramiento estaba próximo…”.

La conmovedora imagen sintetiza los orígenes de las colonias argentinas, y en especial, Humboldt, Esperanza, San Carlos, San Jerónimo. Es, además, uno de los pasajes más sentidos de “Humboldt, una mirada atrás. Sus primeros 50 años”, la obra de Raúl Kröhling, que salió a la luz recientemente. El testimonio es de Don Melchior Neder que había recibido en forma conjunta con Matías Dehren la concesión Nº 60, sección oeste de la colonia Esperanza, quien en su diario escribía esa postal cotidiana y que Kröhling extrajo de la Revista Parroquial Evangélica de Buenos Aires del año 1897.

El niño de esta anécdota, Santiago Godofredo Neder, nació en 1851 en Undenheim, Alemania, se instaló en Humboldt posterior a 1875 ocupándose al oficio de carpintero. Por esos misterios de la historia, además de ser agricultor, y según revela el autor humbolense, en 1896 ocupó el cargo de Presidente de la Comisión de Fomento de Humboldt. El camino estaba marcado: de niño, ante la mirada triste de su madre, abría el surco de un pueblo que más adelante lo honraría con la conducción de sus propios destinos.

El entrañable Gastón Gori, reseña en sus obras sobre la inmigración que los primeros años de la formación de la Colonia Humboldt fueron muy difíciles para todos los colonos, debiendo trabajar todo el día, o corriendo los campos tras el cuidado del ganado o encorvados sobre la reja del arado y de la rastra, de constantes privaciones, tratando de economizar todo lo posible para pagar la deuda. “Debieron ellos soportar la vida de hogar incipiente, sin pozo seguro, sin atahona, sin carne cotidiana, y, para algunos, sin más lumbre que las ramitas resecas de algún yuyo más o menos consistente, porque el monte, tan deseado, está a hora de buey y ya pertenecía a quien, por ser dueño, cobraba el corte de leña”.

De manera que el nacimiento de Humboldt es la historia de un doloroso parto, asediado por las carencias, las enfermedades y las plagas que la naturaleza virgen imponía como condición para que el hombre, estos hombres y mujeres, superen no sin esfuerzo, la barrera de la subsistencia y jalonen un futuro más digno.

Quizás muchos murieron sin saber que esto se logró, a pesar que los frutos de la colonización no fueron tan tardíos. Dios los puso en una tierra tan fértil que –a pesar de sequías e inundaciones- la semilla germinó y toda la arquitectura de una comunidad se ejecutó paso a paso.

Fueron los Heinzen, Zehnder, Meyer, Hecklein, Vaillard, Bircher, Müller, Brechbühl, Stoffel, Strickler, Rey, Keller, Schneider, y tantos otros, los que siguieron los pasos fundacionales de Carlos Beck y Aquiles Herzog, con la particularidad de ser “colonos fundadores” como dice Gori, es decir, que forjaron la colonia mediante la explotación de la tierra y su arraigo, y luego, crearon el pueblo que daría satisfacción a sus necesidades. Como dice Kröhling en sus palabras finales: “Esos pioneros con su labor incansable no retrocedieron nunca a su objetivo propuesto; se atrevieron a ser dueños de su propio destino; nos dejaron el legado maravilloso de enseñarnos que en la vida es más importante el ser que el tener y es en definitiva esta actitud la que sus descendientes debemos mantener viva como la mejor manera de rendirle nuestra mayor admiración”.

Una responsabilidad no menor, pero apasionante si pretendemos vivir en un mundo mejor.

Sobre el libro

La investigación –en un total de 17 capítulos y un total de 450 páginas- recorre aspectos fundacionales, los orígenes de Esperanza, Humboldt, San Carlos y San Jerónimo, en el marco de todo el plan colonizador que entre otros encabezaron Carlos Beck y Aquiles Herzog; los primeros informes poblacionales de las colonias en formación; el origen de Humboldt, sus casas, sus calles, sus espacios públicos; la administración y los partidos políticos; la economía y sus actividades; sus instituciones. Además, acontecimientos históricos de relevancia como la Revuelta de Humboldt en 1893; la Comisión Escolar Escuela Humboldt, pionera en la institucionalidad de la localidad; las fiestas populares, la religión, la educación y las profesiones; Los medios de transporte; Humboldt Chico y Colonia Nueva; los nativos y su relación con los inmigrantes; las anécdotas y recuerdos con testimonios y datos imperdibles; y la historia de Alexander Von Humboldt, extraordinaria personalidad de la ciencia y el conocimiento que le dio nombre a este pueblo de Las Colonias.

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