Una lectura sobre la inserción internacional argentina
Putín y Cristina Fernández Crédito: Prensa Argentina
Panorama Empresario
Redacción El Santafesino
22 de junio de 2015
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Una lectura sobre la inserción internacional argentina

El período de gobierno kirchnerista en Argentina iniciado en 2003, ha evidenciado dos instancias principales de inserción internacional para este país, de acuerdo a lo que consideró adecuado para el interés nacional.

Una primera instancia es el ámbito regional, donde observamos la ideologización de los lazos con los vecinos, acentuando el carácter político de dichas relaciones por encima del económico –aspecto éste propio de la anterior década de los 90’–. De este modo, por ejemplo, observamos un MERCOSUR más politizado pese a las crecientes divergencias económico-comerciales que se han traducido en tensiones con los socios (principalmente Brasil).

La mayor impronta proteccionista de los regímenes de la denominada “nueva izquierda latinoamericana” ha promovido cruces y reproches mutuos, pese al indudable consenso ideológico entre los Estados defensores de esta nueva corriente. En otros términos, mientras que las cuestiones de índole económico-comercial han tendido a funcionar como factores de roce, aquellas relativas al aspecto político-ideológico han propendido a la cohesión. UNASUR y CELAC son otros ejemplos de nuevos procesos de integración regional latinoamericana del nuevo siglo XXI que acentúan el carácter político del regionalismo donde Argentina se inserta. Entonces, la conclusión nos llevaría a afirmar que lo que se estaría procurando prioritariamente de los vecinos es el apoyo político, relegando a un segundo plano otras cuestiones.

La segunda instancia de inserción internacional propia del kirchnerismo para la defensa del interés nacional, ha sido la llevada a cabo fuera de Latinoamérica mediante la búsqueda de nuevas relaciones con actores no tradicionales para el país. Mientras que en los años 90’ se otorgaba una clara prioridad a los contactos con los Estados Unidos y Europa, a partir de los gobiernos de Néstor Kircher y Cristina Fernández de Kirchner se ha tendido a diversificación de los vínculos nacionales con otros países considerados estratégicamente relevantes y que ofrecen nuevas oportunidades para la nación.

Es en este contexto que se vislumbran los recientes acuerdos celebrados con China y Rusia. Mediante los mismos, el Estado argentino procura la atracción de inversiones para proyectos estratégicos como centrales nucleares, represas, ferrocarriles, entre otros, a la par que asegura créditos en un momento en el que la economía local necesita de dólares, recurso difícil de conseguir en el mercado financiero internacional, situación agravada por el conflicto que el gobierno sostiene con los holdouts o “fondos buitre”. Además, tanto Pekín como Moscú precisan de los alimentos producidos en Argentina: los chinos porque, al aumentar su clase media exponencialmente con el paso del tiempo, ingieren mayor cantidad y calidad de productos alimenticios; mientras que los rusos, producto de las sanciones impuestas desde Occidente por su papel considerado “desestabilizador” en el conflicto civil de Ucrania, ve mermado el tradicional abastecimiento de alimentos desde Europa, aspirando a asegurar la provisión necesaria desde Argentina.

Lo que muchos sectores opositores locales cuestionan es el carácter secreto de varios aspectos de estos acuerdos firmados entre el gobierno nacional y sus pares de China y Rusia, fundamentalmente por el desconocimiento sobre el grado de compromisos que se estarían asumiendo a futuro respecto a dichas potencias. Pero ello es tema de debate para otra oportunidad.

Lo cierto es que, volviendo a lo planteado inicialmente, estaríamos en condiciones de afirmar que los convenios suscriptos con chinos y rusos responden a la estrategia de diversificación de vínculos internacionales propuesta por el kirchnerismo desde su asunción al poder en 2003, en defensa de lo que considera el interés nacional. Mientras que en el pasado los Estados Unidos y la Unión Europea se configuraban como los principales socios estratégicos argentinos, hoy en día el centro de gravedad está colocado en Moscú y Pekín por una percepción gubernamental acerca de los beneficios que podría generar para nuestro país una sociedad con tales actores: asegurar el ingreso de créditos e inversiones para diversos proyectos prioritarios, a la par que garantiza la venta de productos agroalimenticios a dos mercados de gran magnitud.

En conclusión, a nivel regional evidenciamos un mayor peso de la variable político-ideológica en el establecimiento de los vínculos de Argentina con otros Estados mientras que, en el ámbito global, es el factor económico-comercial el que demuestra una clara primacía a la hora de evaluar la inserción internacional de nuestro país.

El autor es Magíster en Integración y Cooperación Internacional.

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