Atención al dolor
Funerales paivenses en la década del 50 Crédito: Gentileza
Historias
Redacción El Santafesino
23/08/2008
Cochería Fernández ferrocarril Laguna Paiva

Atención al dolor

El trabajo de Manuel Alvelo identifica a la sociedad en las tristezas. Nació en Helvecia el 27 de abril de 1942; tenía 15 años cuando llegó a Laguna Paiva y con un hermano pensaban entrar en el ferrocarril, lo que no fue posible, por lo que comenzó trabajando en el horno de ladrillos de Bortolucci. Fue por poco tiempo.

En 1957 ingresó en la Cochería Fernández, empresa fúnebre. Empezó en las caballerizas, cuidando los negros equinos que tiraban de las carrozas; poco a poco fue aprendiendo más y se convirtió en uno de los choferes. Vestido todo de negro, con galera y guantes, mantenía firme el paso de los animales mientras la gente, parada en la vereda con respetuoso silencio, observaba el cortejo que lentamente pasaba por las calles del pueblo hacia el cementerio.

En 1962 Manuel debió cumplir con la patria y estuvo un año haciendo el servicio militar. A su regreso el trabajo esperaba, el pueblo fue creciendo junto al trabajo operándose cambios. Las carrozas tiradas por caballos desaparecieron y en su lugar estaban los automóviles Cadillac, que Manuel manejó hasta 1965, año en que se instaló en Laguna Paiva la Caja Ferroviaria de Crédito y Ahorro, donde Manuel Alvelo ingresó como ayudante de servicios fúnebres. Su primera tarea fue traer desde Córdoba los coches especiales: Kaisser Carabella.

En 1968 se instaló con la familia en la vivienda de la empresa, en calle Pte. Perón; permaneció en guardia permanente por la necesidad del servicio, donde no existen horarios ni días feriados y sus cargos se complementaron siendo encargado de atenciones, trámites, chofer de la pompa fúnebre y ambulancias.

Época en que las rutas de acceso eran caminos de tierra, cuando llovía había que colocar cadenas a los neumáticos, para poder pasar por el barro. Al llegar a la Ruta 11, bajo la lluvia quitar las cadenas. Tampoco existían los teléfonos celulares. Si salía con la familia, debía dar aviso donde encontraba. A veces era la policía la que se encargaba de buscarlo si sucedía un fallecimiento. Siempre alerta, acudía al instante. En 1978 la empresa pasó a ser Asociación Mutualista Ferroviaria de Tafí Viejo, fusionando en 1987 la sala de velatorios.

No es un trabajo agradable, pero si necesario para la comunidad. Manuel habla de sus sufrimientos íntimos, muerte de amigos, padres, hermanos. Todos tenemos momentos de dolor y la voz de Manuel es, a veces, una mano tibia en el hombro, como ráfagas calientes en el corazón desesperado donde las ausencias suspendidas en llantos, lleva la marca de todos los tiempos, noches largas con detalles contados y Manuel escuchando, solucionando el problema, tratando que lo difícil sea posible.

La mudanza es reciente. La familia está instalándose en la casa propia de calle República de Italia. Luisa (su esposa) comentó cuando ellos colaboraban con Manuel. “A veces los sepelios eran dos o tres a la vez, se necesitó mucho esfuerzo físico y emocional en tantos años de servicio”.

Un cambio se produce, la vida de jubilado seduciendo la calma de los días por venir, una realidad de nietos, de nuevos caminos señalados.

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