¿Discriminando a quién?
“En lo que va del 2003, la Procuraduría de los Derechos Humanos recibió 136 denuncias por discriminación y racismo”, Prensa Libre de Guatemala, edición electrónica del 17 de diciembre, 2003.
Por lógica, en ningún momento estoy de acuerdo con la discriminación o el racismo. Crecí en un ambiente racista, pues mi familia lo era, pero aprendí hace años a valorar al ser humano por lo que es y no por su apellido o antepasados. Entre mis amistades más íntimas de hoy se encuentran personas con apellidos como Cutz, Huitz, Pérez, Xicará, Recancoj, Solombrini y muchos otros. Sé ahora que todos somos tan valiosos como seres humanos sin importar si nuestros apellidos tienen orígenes indígenas, extranjeros o criollos de “alcurnia”.
Ahora bien, me preocupa mucho la ola de denuncias de discriminación en Guatemala y otros países y algunos hechos recientes supuestamente dirigidos a combatir este azote. En algunos de ellos me pregunto si es realmente deseo de terminar con este sistema injusto o simplemente deseo de figurar, de ser famoso, de ser conocido, y tal vez incluso de cobrar venganza contra el sistema inmoral que nos ha dividido como seres humanos durante ya muchos siglos.
Por ejemplo, ahora no se le puede obligar a la alumna indígena guatemalteca a usar el uniforme de su escuela o colegio en vez del traje maya. Está bien.
El traje maya es hermoso y además es molesto a veces tener que usar uniforme. Soy uno de los que he protestado y he tenido problemas porque en muchas empresas obligan al empleado a usar uniforme. ¿Pero entonces qué pasa con los alumnos que no son indígenas? ¿Ellos sí están obligados a usar uniforme? ¿Por qué? ¿Eso NO se llama discriminación?
El caso de Shelton (nombre ficticio para proteger su privacidad) lo ilustra. “Mi bisabuela materna era maya del Sur Occidente guatemalteco y mi bisabuela paterna era garífuna o garígona de Honduras. Mi bisabuelo paterno me legó el otro apellido que vino de España. Pero los trajes y tradiciones de todas estas culturas se perdieron en mis antepasados muchos años antes que yo naciera. Resulta entonces que mis hijos no están acostumbrados a usar traje indígena, y por eso yo sí me veo en la obligación de gastar cientos de dólares cada año en comprar un uniforme obligatorio para ellos, mientras que algunos de sus compañeros cuyas familias aún conservan la tradición del traje maya tienen la opción de ahorrarse esos dólares y usar la vestimenta que les venga en gana. Alguien por favor explíqueme por qué tal situación no es discriminatoria”. Tiene razón.
Recuerda mucho la situación que se dio en los Estados Unidos a mediados de los 70 y principios de los 80, cuando se contrataban a empleados solamente porque eran miembros de minorías, y se rechazaban aquellos que no lo eran, porque el Gobierno exigía un mínimo de empleados minoritarios entre el personal. Se llegó a la conclusión que se estaba practicando la
discriminación al revés. La gran cantidad de demandas judiciales entabladas por los perjudicados cambiaron paulatinamente las costumbres y algunas leyes de aquel entonces.
Al mismo tiempo se está cometiendo el terrible error en muchos lugares de promover y permitir la educación en el idioma materno del niño indígena. ¿Por qué le llamo error? Porque debemos hacer a un lado los sentimientos de identidad y ver la realidad.
Latinoamérica necesita avanzar. Esto significa muchas cosas: mejor nivel de educación, más profesionales especializados, mejor política comercial, más contacto con el exterior, etc. Ahora bien, si un niño primero estudia en su idioma indígena toda la primaria e incluso la secundaria o preparatoria, ¿Qué tan eficiente será en el manejo del español o castellano, que es el que se usa en toda universidad de alto nivel de Latinoamérica? Supongamos que consigue ir a una universidad donde pueda recibir clases en su idioma indígena. Cuando se gradúe, ¿En dónde podrá usar sus conocimientos? Solamente en su comunidad indígena. Y si todos los profesionales indígenas se especializan para acudir solamente en ayuda de las comunidades de su propia etnia, ¿Qué pasará con los millones de latinoamericanos que no hablamos ningún idioma indígena?
Porque no sé si alguien se ha dado cuenta, pero incluso entre los jóvenes indígenas hay ahora un gran porcentaje de ellos que YA NO hablan el idioma ancestral. Entonces ellos también sufrirán al ser marginados por profesionales especializados para atender únicamente a aquellos que entiendan el idioma de sus antepasados.
Basta con ver los resultados de experimentos anteriores y fracasados en países como Estados Unidos, donde la educación bilingüe, según organizaciones como Hoover Institution, falló pues “los argumentos a favor de la educación bilingüe estaban basados en mitos” y “fue un fracaso total, desperdiciando cientos de millones de dólares” (http://www-hoover.stanford.edu/publications/he/22/22e.html) Es lógico. El estudiante aprende un idioma indígena, pero luego tiene que ir a la universidad o a los negocios a usar otro en el cual no es tan eficiente.
Todo esto por el iluso deseo de preservar identidades y culturas, que de todos modos ya están más mezcladas que el agua del mar. Si de preservar culturas se trata, la discriminación al revés o el aislamiento cultural y educacional no son la respuesta.
La discriminación no es buena. El racismo tampoco. Ningún ser humano debe considerarse superior a otro por la simple razón de pertenecer a una u otra etnia. Pero tampoco es sabio tomar acciones que resultan simplemente en más discriminación, no solo contra individuos, sino contra países enteros, contra nosotros mismos, acciones que a la larga nos traerán más subdesarrollo, más aislamiento y más atraso general.
Por Armando Aceituno Mendizábal, conferencista y autor de más de treinta libros en español e inglés sobre temas diversos como el autoestima y la superación personal, computación, ficción, libros de texto de inglés, y otros. Ha sido periodista desde 1993, escribiendo para varios medios de comunicación en ambos idiomas. Fue coordinador de la Campaña por la Tolerancia y la Convivencia Pacífica. Es miembro del Consejo Editorial de revistas como Professional, Dynámi-K, y fundador de la Editorial Electrónica Omeraldi International. Ha vivido y/o estudiado en México y Estados Unidos y actualmente reside en Quetzaltenango, Guatemala. Puede ser contactado escribiendo a info@omeraldi.com. Sus libros en inglés están disponibles a través de www.amazon.com y en español a través de www.libros.esp.st.