Eduardo Gudiño Kieffer, desde Esperanza al mundo
Fuente: El Santafesino

Eduardo Gudiño Kieffer, desde Esperanza al mundo

Hoy El Santafesino lee a Eduardo Gudiño Kieffer, un prolífico escritor nacido en Esperanza en 1935. Realizó sus estudios secundarios en el Liceo Militar General Belgrano, y se graduó como abogado en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Poseedor de un gran talento, y de una vasta cultura e imaginación. Es autor de las novelas: “Para comerte mejor” (1968), “Guía de pecadores” (1972), “La hora de María y el pájaro de oro” (1975), “Será por eso que la quiero tanto” (1975), “Medias negras, peluca rubia” (1979), “¿Somos?” (1982), “Magia blanca” (1986), “Para comerte mejor” (1987), “Kerkya, Kerkyra” (1988), “Bajo amor en alta mar” (1994) y “El príncipe de los lirios” (1995); y de cuentos : “Fabulario”(1960), “Ta te tías y otros cuentos” (1980), “Jaque a Pa y Ma” (1982), “No son tan Buenos Aires” (1982), “Un ángel en patitas” (1984), “Buenos Aires por arte de magia” (1986), “Historia y cuentos del alfabeto” (1987), “Ángeles buscando infancia” (1987), “Nombres de mujer” (1988), “Malas malísimas” (1998) y “Diez fantasmas de Buenos Aires” (1998); de los ensayos: “Carta abierta a Buenos Aires violento” (1970), “Manual para nativos pensantes” (1985), “A Buenos Aires” (1986) y “El peinetón” (ensayo y cuentos, 1986).

Sus libros han sido traducidos a varios idiomas, viajó por todo el mundo y su nombre adquirió fama internacional. Durante muchos años fue columnista de la página de Cultura del diario La Nación. Gudiño Kieffer escribía infatigablemente en una actitud de absoluta entrega profesional, al punto que alguna vez, interrogado acerca de si vivía de la literatura, contestó, con precisión intencionada y también, acaso, con una pizca de sagaz tristeza: «Yo vivo de la escritura». Para expresar lo que esto significaba, escribió “El vuelo, la Escritura”, un breve ensayo literario que compartimos y a partir de él, invitamos a leer sus obras. Un escritor santafesino que no debemos olvidar. Falleció el 20 de septiembre de 2002 en Buenos Aires.

El Vuelo, la Escritura

Estas letras que ahora grabo una a una golpeando en las teclas de una máquina de escribir, estas palabras formadas por letras que estás leyendo, ¿de dónde salieron? ¿Quién las inventó, cuándo? Hay mil teorías al respecto, pero no quiero hacer historia. Quizá fue aquel ancestro que empezó trazando al azar líneas en la arena –me gusta pensar que la primera palabra dibujada por Adán fue Eva-; quizá fue aquel otro que entrecruzaba ramitas a las que poco a poco fue dando significado. Yo prefiero creer, sin embargo, que el inventor de la escritura fue uno que miraba hacia allá, muy, muy, muy arriba, observaba el garabato que trazaba una bandada de grullas- ¿Acaso se llamaba Palamedes? Ya no lo recuerdo. Pero se me ocurre que las ideas esenciales surgen cuando uno alza la vista, cuando cambia aunque sea momentáneamente suelo por cielo. Creo que todos podemos comprender el lenguaje de los pájaros, el mensaje de los pájaros, si imaginamos que son los pájaros quienes escriben a través de la mente y las manos del poeta, de su fantasía. Son los pájaros quienes escriben a través, también, del periodista. Y del publicitario. Y del novelista y del ensayista y del cuentista. Toda escritura es, de alguna manera, vuelo, Todas van a alguna parte y vienen de alguna parte, en migración constante. Migración que tanto puede ser información escueta y directa como ofrecimiento y categoría ética y estética. Es decir, comunicación.

¿Y acaso la comunicación no es vuelo? Vuelo que, según las estaciones, va del autor al lector, ese lector que se multiplica al infinito para volar, a su vez, en nuevas y distintas direcciones… Comunicación, vuelo, alas. Quizás entonces estas letras sean plumas de esas alas que posibilitan elevarse en el aire, elegir una dirección determinada, orientarse en el mundo y en la vida. Hasta que llega el momento de posarse en un campanario, en una rama, o directamente en la tierra ¿Para qué? Para esperar el momento en que será necesario volar nuevamente. Suelo y cielo. No sólo riman con vuelo. También se complementan.

Eduardo Gudiño Kieffer, en Suplemento de Cultura, La Nación – Buenos Aires, enero de 1996.

Por: Susana Persello

5 respuestas a “Eduardo Gudiño Kieffer, desde Esperanza al mundo

  1. Me encanto ! Que hermoso devaneo con el vuelo de palabras , gracias x el contenido y x el recuerdo ,seguir presente en quienes nos recierdan es estar vivo , compartirllo es expandirlo, lo conozco mas x estos recuerdos q x la experienci directa como lectora.

  2. Conoci a Eduardo en esperanza en nuestros años de juventud. El Club Aaron Castellanos supo abrigarnos con nuestras poesías…el las escribía..yo las recitaba..junto a Ester Fortunoff. plastica y Jose Luis Moreno escritor y muy amigo de Eduardo de Bs.As..un mes antes que falleciera hable con el x telefono..ya estaba en sillas de ruedas y estaba mal..
    Mi recuerdo profundo para mi amigo de juventud….

  3. Yo fui cuñada de Eduardo. Vivo en Santa Fe. Admiré el talento de un gran escritor. Era maravilloso escuchar narrar sus viajes. Fue un excelente padre. Fue una muy buena parsona a la que quise mucho

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