Huertas orgánicas: una opción en favor de la vida
Cómo trabajan los chicos en la Huerta Escolar Crédito: El Cronista Regional

Huertas orgánicas: una opción en favor de la vida

Es un hecho conocido que en este último tiempo las huertas comunitarias han crecido en forma sostenida. Sin dudas, la crisis económica y las crecientes necesidades sociales que tienen su raíz en el desempleo ha dado lugar a que este tipo de emprendimiento sea considerado una alternativa por distintos actores: familias, grupos de un determinado barrio, hasta comunas y municipios.

Este crecimiento, veloz e improvisado, nos permite preguntarnos si el fenómeno no responde a una tendencia del momento o a una receta coyuntural aplicada indiscriminadamente para ocupar a beneficiarios de planes de empleo independientemente de las pautas socioculturales y del hábitat de los distintos grupos.

Desde nuestra propia experiencia concreta en el marco del trabajo en huerta orgánica comunitaria nos parece importante rescatar algunos aspectos que creemos se pierden de vista en tiempos de gran confusión y escasa planificación.

Uno de ellos tiene que ver con el modelo de desarrollo impuesto por el capitalismo, donde el trabajo del ser humano, tanto desde el agro como la industria, está orientado a la acumulación indiscriminada por parte de los sectores más poderosos.

El modelo mecaniscista, tecnológico, agresivamente manipulador de los recursos está en contraste con las leyes de la naturaleza. El hombre no cuida, sino que provoca daños irreparables que atentan contra la vida y la integridad de nuestra “casa”.

La hegemonía del hombre sobre la naturaleza, el primado de la economía, han llevado a perder de vista que la naturaleza impone límites. Los monocultivos que sustituyen a la variedad y diversidad de un ecosistema, la utilización de fertilizantes, pesticidas y diversos venenos peligrosos no solo atentan contra la calidad de los productos que consumimos y por ende contra nuestra salud sino que a largo plazo producen un gran empobrecimiento y desgaste de los recursos naturales. Esto significa también que cuando hablamos de naturaleza significamos no algo estático sino una relación dinámica entre ella y el hombre. Tenemos que decir pues que es la actividad de este último, totalmente opuesta a los ciclos vitales, la que ha provocado el envenenamiento del aire, del agua, de la tierra, de los alimentos, el exterminio de muchas especies animales y vegetales, la desaparición de inmensas superficies de selvas y bosques y la desertización de tierras fértiles. El ataque a la vida es dramático, planetario, global.

La razón y la tecnología al servicio del poder, la desigualdad de este mismo poder entre los distintos actores y grupos sociales, el modelo productivista y consumista generador de necesidades materiales superfluas en vistas de la acumulación de excedentes por parte de algunos sectores producen dolor, frustración, violencia, guerra. Ahí termina la vida y comienza la sobrevivencia de las mayorías excluidas.

Se hace urgente y necesario romper con este modelo si queremos recuperar la dignidad de las personas. Podremos rescatar la condición de sujetos cuando dejemos de ser consumidores-objetos del marketing y cuando podamos relacionarnos con nuestro medio ambiental en forma responsable.

La justicia, paz y armonía entre los hombres y con el medio ambiente no se pueden lograr si no rompemos con esta ideología imperante. En este sentido entendemos que las Huertas Orgánicas, en cuanto ellas son alternativas ecológicas saludables para la vida, serán mucho más que recursos desesperados en la medida en que beneficiarios, responsables, técnicos podamos apropiarnos de estas problemáticas para reflexionar en torno de ellas y avanzar hacia otros modelo económico-social y de relación con el entorno. La tierra provee nuestro sustento y nos posibilita recuperar la dignidad a partir del trabajo.

No dejamos de reconocer que estas alternativas son insuficientes, no alcanzan, pero tenemos la responsabilidad de generar otra conciencia colectiva y es un lugar a partir del cual podemos comenzar.

Cerramos con un párrafo de la carta del Jefe Seattle al presidente estadounidense Pierce en 1855 que no por viejas y conocidas dejan de tener tremenda actualiadad: “Debés enseñar a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra. Cuando los hombres escupen en el suelo se escupen a sí mismos.

Esto también lo sabemos: la tierra no pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a la tierra. El hombre no ha tejido la red de la vida, es solo una hebra de ella. Todo lo que haga a la red se lo hará a sí mismo”.

Por Mirelly Cardozo. Asistente Social de la Comuna de Humboldt.

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