Sentido nacional
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Sentido nacional

Los festejos por el Bicentenario de la Patria marcarán un antes y un después en la conflictiva historia de la Nación. Decir que los multitudinarios festejos abren las puertas de un nuevo país quizás sea una magnificación sin sustento lógico. Sin embargo, ello no implica desconocer el cambio de ánimo de la sociedad, su avidez por espacios de participación y unidad, y su madurez para compartir momentos históricos más allá del gobierno de turno.

La fecha llegó en un momento saludable del país, máxime si se insiste en la comparación con aquella página del Centenario de 1910. Casi 30 años de democracia ininterrumpida, plena libertad de expresión y una notable disminución de la violencia social a partir de la destacable política de no represión establecida por el gobierno de Cristina Fernández.

Los avances señalados más arriba respecto del comportamiento del cuerpo social, son claros al revisar aspectos de la impresionante manifestación popular. Más de dos millones de personas por día durante cinco jornadas de festejos sin un sólo hecho de violencia, la masiva participación de la juventud y de familias enteras que compartieron un espacio común, el respeto por las autoridades gubernamentales que se codearon con la muchedumbre sin sobresaltos, y el fervor popular que expresó un mensaje único de unidad nacional sin consignas partidarias.

Si sumamos a esto la impecable organización del Estado nacional, la masiva participación de artistas de todas las latitudes, y la recuperación de un discurso fundado en una versión más real de nuestra historia y en valores democráticos, integradores además de una fraternidad latinoamericana, los festejos por el Bicentenario dejan marcado a fuego este momento y sientan bases para una construcción más genuina hacia el futuro.

Al margen, la expresión ciudadana dejó atrás cualquier duda sobre un supuesto malestar social, promovido por los medios de comunicación con posiciones dominantes, más preocupados por sus negocios que por la democracia. Si el miedo y la famosa crispación tendrían presos de sí mismos a los argentinos, no se hubieran visto millones de personas compartiendo un espacio común, entre propios y extraños, puesto que miles de personas viajaron a Capital Federal desde los rincones más lejanos del país.

Santa Fe no estuvo al margen. Además de participar con delegaciones en los actos oficiales, multiplicó adhesiones en todos los pueblos y ciudades del interior. En nuestra región, cada comunidad organizó los festejos, con fuerte compromiso institucional.

Este hito en la historia nacional, debe permitirnos pensarnos como país sobre las bases de la memoria y la libertad, de la participación y el diálogo más allá de las diferencias. Darnos cuenta que no estamos tan mal, que debemos potenciarnos sobre nuestros logros y virtudes, y afianzar el sentido crítico hacia los poderes públicos.

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