Sobre algunas facetas de la intelectualidad criolla
Sobre algunas facetas de la intelectualidad criolla

Sobre algunas facetas de la intelectualidad criolla

Son días de desilusiones y pesadumbres estos que nos tocan vivir. Hasta Cuba nos desilusiona, como diría Saramago, con sus propios fusilamientos. Las fotos de los chicos-soldados de 19, 20 años muertos en Irak, nos miran serios y firmes desde la pantalla, en el momento de silencio que los noticieros locales les ofrecen diariamente. Silencio que también ocupa el lugar de las noticias que deberían ofrecerse, sobre el verdadero numero de muertos civiles, víctimas inocentes de la ocupación de Irak.

Pesadumbres asociadas a un imperio descarriado y sin rumbo, enarbolando lo grotesco de una actitud casi psicótica. Pero más aún es la falta de posibilidades y alternativas que desespera; y en este campo hay que sincerarse, todos tenemos parte en la culpa. Es duro y bien amargo tragarse la píldora de lo evidente cuando uno viene de patada en patada, de desilusión en desilusión. Tomemos el ejemplo de la Argentina. El nuestro es un país sin rumbo que por más que esté a días de las elecciones, no propone cambios significativos a esta cortina de humo agotadora y sin esperanza. La falta de alternativas es evidente y que parte de la población apoye a candidatos que representan lo más oscuro de nuestra contemporánea historia dice mucho en contra de nosotros mismos.

Lamentablemente esto se asemeja de una forma indirecta a la caída de Bagdad. Cuando las tropas entraron la gente ni salió a recibir a las tropas foráneas como liberadoras, ni salió a recibirlas a pedradas o aceite hirviendo como cuentan nuestras anécdotas nacionales sobre las invasiones inglesas. La gente salió a saquear todo lo que encontraba por la represión y el hambre que venía sufriendo. Estas realidades, que todos vimos por televisión, son muy difíciles de tragar. La falta de coordinación, de resistencia organizada, o no más sea, la resistencia pasiva por parte de las masas, no pudo ser organizada ni siquiera por la fuerza de la religión.

Aquellos saqueos, me recordaron mucho a la Argentina de hace algunos meses. La desesperación del sálvese quien pueda es inevitablemente el síntoma de una sociedad en donde no se salva nadie. En aquellos momentos, en un artículo como éste, largue una idea, que para nada era nueva u original y que enfatizaba en la falta de capacidad de la dirigencia argentina. Cuando los dirigentes se dieron cuenta la gente ya se había ido. Hoy en día sería justo también proponer que mucha de la intelectualidad argentina está en sintonía con la clase dirigente. Desde estas latitudes, por el intercambio de información directa y por la lectura de los artículos en los diarios, uno interpretaría que algunos intelectuales se abaten en la niebla, a tres manos, tratando de no perder los privilegios del discurso del primer mundo. Por supuesto que no hay que ser absolutistas, hay evidentes excepciones.

Muchos intelectuales en el territorio intentan interpretar la realidad mundial haciendo cola a las puertas de los cines, para ver la nueva versión de “Chicago”, esperando que de las migajas que caen del imperio uno pueda llegar a entender lo que está pasando en el mundo actual. Un ejemplo es la fascinación que existe en el debate nacional por las frivolidades del imperio; sinceramente es un tema notable. No me extrañaría enterarme que, por ejemplo, en Argentina el interés por los Oscars sea mayor que el que existe aquí. Habría que hacer un estudio sobre el tema. Hasta un artículo de Sandra Russo, una columnista que disfrutaba muchísimo, entrecruzaba términos que iban desde imágenes de soldados americanos insultados hasta en su propia genética por el solo hecho de ser americanos, hasta afirmar en el mismo artículo que ella había visto la película “Chicago” y presenciado la entrega de los Oscars. Yo creo que no conozco a nadie que haya visto la entrega de los Oscars aquí en Berkeley. Hay que tener estomago para ver semejante bazofia.

Otro gran problema es que no todos nuestros intelectuales saben diferenciar entre un pueblo y su gobierno. Es mucho más fácil acusar al pueblo americano de grasiento come salchichas con panceta, que reinterpretar la realidad mundial desde los networks de poder. Porque es mucho más simple hablar de buenos y malos, en lugar de ver los matices que se plantean en la realidad mundial. Es paradójico, pero estos elementos de buenos y malos es la misma técnica que usa el imperio a la hora de enunciar su categórico y mesiánico ataque al “eje del mal”. Frente a esto, el norte ideológico celebra, ya que lo mejor que se le puede hacer al espacio de poder es no entenderlo. Por otro lado, claro que es valido afirmar que Bush (quien es presidente de los Estados Unidos sin tener la mayoría de los votos nacionales) fue votado por este pueblo. ¿Pero qué pueblo puede estar absuelto (comenzando por el nuestro) de este tipo de aberración?

Es justificable tal confusión entendiendo el entorno. Por más duro que esto sea, ya las citas dogmáticas de Freud y Marx parecieran párrafos de tratados de remotos tiempos. Ya estos no ayudan a entender la realidad del este mundo actual y perverso que viaja a la velocidad de la tecnología y al ritmo de los que la poseen. Justicia no se hizo ni se hará por lo que podemos ver en estas circunstancias mundiales, porque la victoria en estos tiempos poco tiene que ver con la entereza y mucho con la velocidad y recursos que se disfruten. Dentro de estas tecnologías y dentro de estos enmarañados discursos se proyectará el cambio a las nuevas amenazas de la realidad imperial. En el lecho terminal de la nación, en la herida de muerte que se le ha dado a la legitimidad de las instituciones, gana el que es más rápido para entender y resiste aquel que domina estos espacios esotéricos.

Por Fabián Banga, desde Berkeley, California.

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