Una lágrima de pasión futbolera derramada en el Día de la Madre
Al igual que Roberto Arlt cuando escribió “ayer fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida”, en Aguafuertes Porteñas sobre la final de la Copa América 1929, se puede decir que después de 20 años, es como si hubiese visto mi primer partido.
Ayer fui a ver la final de la Liga Esperancina de fútbol disputada en la ciudad de Esperanza en estadio de Defensores del Oeste entre San Martín de Progreso versus Santa Clara Fútbol Club de la localidad de Santa Clara de Buena Vista.
La pasión del sentir popular del pueblo, hicieron que vaya a ver la final del equipo que juega en primera división. “Ma, te amo, pero me tengo que ir a ver a Sanma”, me dijo mi hijo mientras se ponía la camiseta, que aprendió a amar en tan poco tiempo. Claro la final fue ayer 17 de octubre, Día de la Madre.
Todos se iban a la cancha. El pueblo quedó vació, el Día de la Madre pasó a segundo plano, se jugaba la final y el Sanma era el favorito. Venía de coronarse Campeón en Tercera División de la Liga Esperancina de Fútbol tras ganarle a Central San Carlos.
No soy futbolera, no pregunté mucho. Sólo seguí a la multitud, que inundó el estadio de Defensores del Oeste. Los colores rojo y negro colmaron una de las tribunas, éramos muchos más que la hinchada Blanca y Celeste, somos más ruidosos.
Comenzamos perdiendo, pero después lo empatamos, y la adrenalina se potenciaba con los cantos y las batucadas. Familias, amigos, amigas, gente amante del fútbol, apasionados de otras localidades, residentes de Esperanza hinchas del Sanma, colmaron la cancha. Soy muy mala para descifrar la cantidad de gente, pero éramos la mitad más uno.
El partido transcurría; mientras la tribuna acompañaba con los cantos, se podía sentir la pasión de los aficionados del fútbol. Pasión que se contagia, porque la sentí.
El entusiasmo decreció cuando se acercaba el final, el partido estaba empatado y la definición por penales, era un hecho. El sufrimiento ya se hacía sentir, porque se sufre señores, sí, se sufre. Se llora, se reza, se hacen promesas, se camina, no se miran los penales.
El equipo estuvo cerca de anotar el gol que los coronará, pero no se logró. Sin embargo, el entusiasmo no disminuyó. Los hinchas del rojo y negro confiaban en su equipo.
Tras terminar el partido, la definición por penales hizo respirar estrés en los hinchas de Progreso. Los silbidos, los saltos, los insultos, acompañaban los goles del equipo contrario. Caminé toda la cancha, las definiciones me ponen nerviosa. En la jerga futbolera, cada vez que va a patear un jugador del equipo contario, “se mufa”, ví dedos cruzados, rezos para que le erré el gol, cuernos hechos con el índice y el meñique de la mano, entre tantas otras mufas más.
En un momento me vi gritando, con toda mi voz, un gol de San Martín, sí, estaba gritando de alegría por el penal convertido. Ahí me di cuenta que la alegría y la pasión se contagian, se transmiten, no importa si nunca viste un partido o si hace mucho no vas a la cancha. Lo sentís igual.
Todas las almas sanmartinianas estaban unidas por el equipo, para apoyar en cada uno de los penales. Y así llegó el final, Santa Clara ganó, me perdí en la cuenta, eso se los dejó a los periodistas deportivos, porque cómo dije antes, no soy futbolera. O no lo era, eso creí hasta ayer. La derrota fue inminente, vi sufrir a los hinchas y a los jugadores, sufrí con ellos.
Los ánimos, que habían estado exaltados tras el Campeonato Apertura de Tercera División de Liga Esperancina donde el Sanma fue Campeón, la derrota de Primera División opaco esas alegrías, pero quedaron Sub Campeones. Ahora se da vuelta la hoja y se vuelve a empezar, y ya se palpita en el corazón de todos los hinchas del rojinegro: “Soy del rojo y negro, te sigo a todas partes”, “Soy del rojo y negro y no puedo parar”.
Lorena Silvas