Historia de la Cooperativa de Crédito y Ahorro de Laguna Paiva
Con el objeto de dejar bien claro cual es el verdadero fin de una cooperativa de cualquier índole, transcribo cómo es la función legal de acuerdo a la Ley de Cooperativas Nº 20.337 y que fuera tratada en las XVI Jornadas Nacionales de Contabilidad, Administración y Economía – Santa Fe 2000, en el V Encuentro de Jóvenes graduados en Ciencias Económicas, y que dice: “Las cooperativas, si bien desde el punto de vista estructural, revisten los caracteres de la Sociedad Comercial, constituyen la Concreción Jurídica de una filosofía de vida, fundada en la solidaridad, el bien común y la ausencia del ánimo de lucro”.
Es evidente que con este criterio, tomado como base, ciudadanos paivenses que luchaban por una mejor economía, aunque más no fuera local, se propusieron crear una Cooperativa de Crédito y Ahorro, con el objeto que con una institución así pudiéramos contar en primer lugar, con una economía más sana, con un comercio en expansión, con una mejor y más firme solidez educacional, más trabajo y mayor tranquilidad, lo que contribuiría a una mejor convivencia.
Por todo esto es mi intención hacer recordar, como fue la época en la que contábamos con la fabulosa Cooperativa de Crédito y Ahorro Laguna Paiva Ltda., esperando con ello, de ser posible, que toda la sociedad tome conciencia de la necesaria instauración de las Cajas de Créditos, tratando de rescatar los ejemplos que tal institución nos brindara en los años que duró su modalidad crediticia, por supuesto a favor de que se pudiera llegar a contar con los recursos financieros que nos permitirán conseguir objetivos. Fue una época que la situación económica dejaba mucho que desear, y estos hombres como Teodoro Diez, Abraham Feldman, Lucho González, Rogelio Scatolini, Néstor Schuvik, Luis Villarruel, Ovidio Demarchi, Julio de los Reyes, Francisco Romero, Luis Ayala y Ubaldo Juárez, acompañados por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, entidad regente de estas instituciones, dieron los primeros pasos para la concreción de una Caja de Crédito, y que a no dudar nos era imprescindible contar con una que nos permitiera solventar de la mejor manera cualquier intento de iniciar alguna actividad que generara ingresos a los hogares. Es por eso que gracias a estos hombres, deseosos de lograr un bienestar general, iniciaron el 15 de enero de 1960 la apertura de nuestra primera caja de créditos, que permitiera aprovechar franjas comerciales no explotadas y poder concretar el desarrollo o creación de pequeñas y medianas empresas que pudieran promover una transparencia laboral a todos aquellos hombres y mujeres con mucho interés de generar un proceso productivo a favor de una economía sana, que brindara condiciones de vida y trabajo estables y dignas.
En sus inicios, con un capital de $ 35.000 aportados $ 10.000 por comerciantes locales y $ 25.000 por la Caja de Crédito Garay de la ciudad de Santa Fe, esta Caja de Créditos comenzó con 195 socios activos y a funcionar con atención al público en el edificio del Centro Comercial, el que no tuvo inconvenientes en facilitarlo ya que se desarrollarían las tareas inherentes para lo cual había sido creada.
Como iniciar una actividad de esa naturaleza se sobreentiende que no es tarea fácil, le fue solicitado a quienes desempeñarían la función administrativa, lo hicieran ad-honorem ya que por razones obvias era imposible realizar pagos de sueldos, únicamente se resarcirían los gastos que se pudieran ocasionar, alternativa esta que fue aceptada de inmediato por los empleados hasta ese momento convocados a trabajar: Rodolfo Trevisan, Oscar González, Aldo Fontanini, J. Fernández, incluida la Comisión de Socios que cumplía toda función de contralor en el funcionamiento de la Caja, y que tenía a su cargo los otorgamientos de créditos, también lo hacía en forma gratuita, acción que generaba entre los socios la mayor confianza en todos los actos que llevaban a cabo, posibilitando que la Caja creciera sobremanera día a día, incrementando tanto el patrimonio como la cantidad de socios, lo que influía y aumentaba su capital accionario. Tan es así que al llegar al año 1973 ya se contaba con una cartera de créditos de $ 8.000.000 y 4190 socios, y se concretaba la construcción del edificio que hoy luce orgullosamente en la esquina oeste de nuestra plaza, como emblema de una época de grandes momentos económicos.
Se debe destacar lo que durante muchos años, la Caja significó para nuestra comunidad. Por un lado, la ayuda financiera que proporcionaba a los socios y que les permitía solventar problemas hogareños en forma rápida, pero fundamentalmente con la sencillez que se solicitaban y eran otorgados los préstamos, que darían solución a inconvenientes surgidos, ya sea por deudas contraídas, enfermedad, etc. La Caja llegó a realizar convenios con el comercio local, con el objeto que el socio pudiera tener acceso a la adquisición de elementos necesarios para su hogar, la compra de artículos escolares, reparación de automotores, adquisición de materiales de construcción para arreglos o comprar una vivienda, de manera que incrementaba las ventas de todo el comercio, lo que permitía contar con un mercado interno fluido que producía un desarrollo y crecimiento sostenido, dentro de las posibilidades de capital que la Caja pudiera aportar, otorgando créditos de forma que los mismos pudieran ser abonados con puntualidad.
Estos son algunos de los beneficios que se obtuvieron con esa caja, aparte de las ayudas económicas brindadas a los hospitales, cooperadoras escolares, policiales, etc., que de enumerar a todas sería casi imposible por cuanto permanentemente se realizaban donaciones de toda índole, mostrando a sus asociados la verdadera función que socialmente deben alcanzar las cooperativas para total integración con la comunidad, además de destinar un porcentaje de sus excedentes a la Educación y Capacitación Cooperativa a quienes lo soliciten.
A pesar de lo fundamental que resultaba el sistema cooperativo para las economías regionales, años después gobiernos involucrados con la Banca Internacional, llegaron a la conclusión que estas instituciones cooperativas producían o creaban grandes problemas a todos los bancos, estatales o privados, por cuanto sectores como pequeñas y medianas empresas, comercios, trabajadores, agrarios, entre otros, tomando como base los principios altruistas que proponían las cajas, el comportamiento y la forma de tratar o atender al socio, hacía que la mayoría de los asociados, y bajo ningún concepto, recurriera a los bancos sino trataba y adoptaba fundamentalmente el sistema cooperativo, que normalmente le permitía acceder a una mejor y más clara financiación, condición imprescindible para lograr los objetivos. Así se llegó a la conclusión que permitir la continuidad de las mismas, podrá producir una debacle financiera en todos los bancos, ya que cada vez más ciudadanos optaban por inclinarse a favor de las cajas, produciendo en consecuencia alteraciones imposibles de controlar por los grandes monopolios y al continuar incrementándose los capitales cooperativos, se optó y en forma definitiva, en obligarlas a cerrar o convertirse en bancos.
Planteadas así las cosas, todas nuestras Cajas de Créditos y Ahorro, y sin excepción, fueron cerradas o convertidas en Bancos Cooperativos, sin tener ninguna clase de alternativas, incluso sin siquiera respetar en lo más mínimo los deseos de quienes, quitando horas a su descanso, distanciarse momentáneamente de sus familiares, dejar de lados situaciones del hogar para luchar a favor de conseguir un sistema financiero que produjera estabilidad política, social y económica, que sin estas cajas sería completamente imposible y la acción del tiempo así lo demostró, consiguiendo cuanto se habían propuesto.
Hoy, a bastante tiempo de haber sido destruidas totalmente, creo que se hace necesario luchar para que nuestro sistema financiero vuelva a contar con las cooperativas de créditos y ahorro, ya que ellas constituyen ayuda y cooperación fundamentadas en la solidaridad, el bien común y, por supuesto, evitar con su funcionamiento que la sociedad sea perjudicada, lo que posibilitará la creación de factores que se tendrán muy en cuenta para la instauración de las más variadas fuentes de trabajo, aplicación de las más modernas tecnologías y, sobre todo, generación de ingresos estables.
Si queremos tener en cuenta que se hace necesario contar con las economías regionales, las cajas de crédito juegan un papel de suma importancia, tanto en la modernización, expansión y competitividad, por lo que debemos a toda costa la implantación nuevamente de esa gran solución, sabiendo que su funcionamiento, de seguro no permitirá el avance de los monopolios, culpables de muchos de los males que debimos soportar hasta este momento.