Obeid vuelve a la gobernación de Santa Fe al calor del reutemanismo
A partir del 11 de diciembre, Jorge Obeid experimentará con más trayectoria política sobre sus espalda un nuevo mandato a gobernador en la provincia de Santa Fe. Sin embargo, el poder acumulativo que supone esta victoria no estará exento de una tensión permanente con el reutemanismo, clave en el triunfo justicialista.
Reutemann ganó por amplio margen las elecciones a senador nacional, su candidato a gobernador realizó una buena performance quedando ubicado detrás de Obeid y su candidato a intendente –Martín Balbarrey- ganó la ciudad capital, y sus hombres para la legislatura provincial pisaron fuerte: su ex ministro de Hacienda, Juan Carlos Mercier será el senador del dpto. La Capital, y la lista encabezada por su sobrino Federico ocupará varias bancas en la Cámara Baja.
El “arrastre” del actual gobernador, a pesar de soportar graves problemas sociales y una trágica inundación teñida de imprevisiones sobre sus espaldas, resultó de todos modos fundamental para que Obeid llegue nuevamente a la Casa Gris.
El “Turco” quizás intente equilibrar este escenario con una gestión que tendrá como eje la relación con el gobierno nacional de Néstor Kirchner. O, con más madurez política, tal vez pretenda gobernar con un mayor liderazgo. También es una incógnica saber qué rol desempeñará María Eugenia Bielsa, flamante vicegobernadora, como futura presidenta de la Cámara de Senadores, cuya conformación no podía precisarse al cierre de esta edición por falta de datos. En cualquier caso, volvería a ser un gobernador con cierta debilidad como ocurrió en 1995.
Crónica de un día complicado
Cuando la hora oficial del cierre del comicio llegaba, empezaba la odisea de votantes y autoridades de mesa en la provincia de Santa Fe. Largas colas permanecían aún delante de los cuartos oscuros: cientos de ciudadanos quedarían “atrapados” en las escuelas para emitir su voto.
Si bien los comicios se desarrollaron con normalidad, teniendo en cuenta que no hubo mayores incidentes, la demora en la emisión del sufragio y en el recuento de los votos, resultó el rasgo distintivo del preanunciado “mamarracho” de la Ley de Lemas.
Al mediodía –por ejemplo- en la ciudad de Santa Fe, sólo había votado el 9 por ciento de la población, después de un amanecer lluvioso. Doce horas después, al comienzo de un nuevo día, había escuelas donde no se había escrutado un solo voto, a más de seis horas de concluido el comicio.
En un centro de votación capitalino, una mujer denunció la ausencia de boletas del Partido Socialista, a cuyos candidatos pretendía elegir. El escándalo no alcanzó a alterar la percepción generalizada de una elección sin sobresaltos.
A pesar de eso, quedó claro que la Ley de Lemas debe ser derogada cuanto antes por la multiplicidad de problemas que ocasiona. Veedores de la Organización de Estados Americanos (OEA) reconocieron que nunca vieron nada igual en su experiencia internacional.
Una boleta sábana de 66 centímetros de largo y 7 cuerpos, más de 40 mil candidatos –56 por elector-, dos sistemas electorales en una misma elección- aunque a dos niveles, provincial y nacional-, y hasta la postulación de un mismo candidato en lemas opositores (¡), marcaron los récord de la votación en Santa Fe.
La complejidad del sistema, las expectativas previas a las elecciones, los problemas que acarrea la provincia en diversos órdenes, la tragedia de las inundaciones, no alcanzaron a producir un cambio efectivo en el esquema de poder santafesino.
El triunfo de Obeid es sólo una brisa del cambio de aire patagónico que sopla en el país, que apenas alcanza a levantar polvareda en una tierra de expresión moderada del menemismo.