Ante una opción crucial
Ante una opción crucial

Ante una opción crucial

La humanidad toda, pero de un modo especial cristianas y cristianos de América y la Argentina, vivimos hoy momentos cruciales de la historia, que la Biblia denomina “kairos”; oportunidades que posibilitan y exigen de nosotros opciones fundamentales, en las cuales se juegan no solamente la credibilidad de nuestra fe y la autenticidad de nuestras iglesias, sino la supervivencia y el destino mismo de la creación.

Tiempo maduro para el desenmascaramiento de la mentira y la corrupción, el alumbramiento de la verdad y triunfo de la justicia, el rechazo al sometimiento y la resistencia al sistema genocida que nos domina y la construcción de una nueva civilización fundada en la dignidad y el respeto de todos los seres humanos, pero primordialmente sobre la solidaridad y fraternidad hacia las mujeres y los hombres más pobres y oprimidos.

De un modo renovado las cristianas y los cristianos ponemos hoy nuestra esperanza en y queremos caminar hacia “El nuevo mundo, en que reine la justicia” (II. Pedro 3:13); ese “otro mundo posible” que desde los múltiples movimientos que hace años resisten el dominio universal del imperio -muchos de los cuales estuvieron presentes en el Foro Social Mundial de Porto Alegre- proyecta señales luminosas sobre nuestra humanidad degradada.

Junto a ellos también nosotros queremos orar y actuar para que “más temprano que tarde se abran las anchas alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor”, como lo anunciaran 30 años atrás las palabras convocantes de Salvador Allende, que recordamos con emoción y agradecimiento en estos días.

Conmocionados y expectantes a la vez contemplamos como:

– Desde una perspectiva mundial el imperio autoproclamado “señor” de la globalización reinante y fin último de la historia amenaza con impiedad y furor a todo pueblo que intenta resistirse a su codicia.

– Vemos como pretende imponer con impunidad su presencia militar también en nuestra región, pretensión que no es otra cosa que una afrenta y amenaza abierta a todas y todos aquellos, que en defensa de su soberanía y dignidad como pueblo y nación tratan de resistir a su avasallamiento.

– Al mismo tiempo experimentamos con sorpresa y esperanza cómo se multiplican a diario las evidencias que demuestran, que este monstruo, a pesar de su aspecto imponente y aterrador, tiene pies de barro, como lo anunciara la Biblia acerca de todos los imperios idolátricos y genocidas (Daniel 2).

– Desde una visión continental enfrentamos la opción de someternos a aquellos instrumentos esclavizantes, que el imperio en crisis trata de imponer para preservar su poder o luchar por la liberación y la construcción de un futuro de justicia y dignidad para los pueblos de nuestra América Latina.

Por eso convocamos a nuestra membresía y a nuestro pueblo todo a rechazar decidida- y consecuentemente el así llamado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con su programada y previsible consecuencia de más hambre, más pobreza y más sometimiento para nuestros pueblos.

A la vez invitamos a las mujeres y hombres de nuestra patria a aportar junto con nosotros todo lo que esté a nuestro alcance para avanzar en la construcción compleja pero promisoria- de un MERCOSUR verdadero.

Buscamos ser una comunidad de pueblos justa y solidaria, que no sirva para nuevos negociados y ganancias egoístas de aquellos grupos de poder que operan hoy con gran impunidad dentro de nuestros países del sur, sino que sea un instrumento para la gestación de un futuro compartido como hermanas y hermanos latinoamericanos, forjado desde la propia creatividad, fuerza y esperanza.

Debemos trascender la concepción reducida tanto en lo geográfico como en lo mercantilista del MERCOSUR actual hacia el surgimiento de aquella “Tierra Sin Males – Pachacutic – Patria Grande” que anhelaron las hermanas y hermanos de nuestros pueblos originarios. Queremos conformar una nueva sociedad y cultura, una economía y humanidad diferente orientada y basada en la dignidad y los derechos de nuestras hermanas y hermanos más pobres y marginados, que son los rostros desde los cuales nos convoca hoy la presencia y la promesa del Señor de la historia (Mateo 25).

Porque confiamos y testimoniamos que Él tiene puestos sus ojos sobre nuestras hermanas y hermanos sometidos y expoliados y se refiere a ellas y ellos cuando anuncia:

“Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios” (Lucas 6:20); “Bienaventurados los constructores de la paz, porque son Hijos de Dios; Bienaventurados los perseguidos por construir la justicia, porque de ellos será el Reino de Dios” (Mateo 5: 20-21).

Con emoción y esperanza vivimos este tiempo, en que parecieran renovarse nuestros sueños tantas veces frustrados y destruidos, de que los pueblos de nuestra América india, negra y mestiza se sepan hermanados tanto en relación con sus orígenes como en este doloroso presente preñado de futuro:

– Con sorpresa vemos como desde Méjico y Cuba hasta la Patagonia, desde Venezuela a Chile, pasando por Brasil, Colombia, Paraguay, Argentina y Bolivia están naciendo entre los más pobres de nuestras hermanas y hermanos conciencias, solidaridades y luchas compartidas que están superando al fin las divisiones étnicas y fronteras limitantes que impusieran durante centurias los imperios hegemónicos.

– Desde una perspectiva nacional experimentamos cómo el clamor por pan, tierra, salud, trabajo y educación -que evidentemente no podrá ser satisfecho ni sofocado ya con migajas, paños tibios o promesas vacías, sino solamente con respuestas concretas, efectivas y perdurables- exige hoy más que nunca de nuestros líderes y de nuestro pueblo todo medidas y hechos valientes, decisivos y contudentes, alejados de todo interés proselitista, demagógico, clientelista o sectario.

Vivimos momentos, en que muchos están esperanzados: Ello no hace más que agregar una enorme responsabilidad y trascendencia a los actos de gobierno, para que este tiempo no termine una vez más en una frustración y un engaño aún más doloroso e insoportable para nuestras hermanas y hermanos más pobres.

En este sentido nos preocupa profundamente comprobar que por un lado el gobierno nacional aparenta seguir inmerso en una interminable negociación con los mismos bancos y empresas que mediante el negociado sideral de las privatizaciones han vaciado impunemente nuestro Estado así como con el FMI y otros organismos supuestamente acreedores de nuestro pueblo, a causa de una tan ilegítima como espuria “deuda externa”.

Esta negociación sin fin nos alarma seriamente, ya que es más que evidente, que nuestros actuales gobernantes ya se han decidido -en contra de los intereses legítimos y necesidades imperiosas de nuestro pueblo- por:

– Consolidar las privatizaciones en lugar de devolver a nuestro pueblo esta parte enajenada de su soberanía;

– Consolidar la falaz “deuda externa” refinanciándola y consolidando con ella el criminal sistema neocapitalista.

Exigimos, ante estos hechos innegables, que se permita a nuestro pueblo decidir libremente y sin presiones qué sistema económico se ajusta hoy a sus necesidades y expectativas; qué organización social considera la más solidaria y humana y se ofrezca a nuestras hermanos y hermanos las condiciones reales y efectivas como para que en conjunto podamos construir un nuevo país soberano, liberado y fraternal. Rechazamos por ello todo clientelismo interno y externo al igual que las supuestas dádivas y condonaciones de los que siguen ostentando tan impunemente como ayer su poder minoritario e injusto. Nos resistimos a que estos mismos poderes sigan apropiándose y manejando los recursos naturales y humanos de nuestra patria, que queremos ver renacida desde nuestras propias fuentes, creatividades y capacidades culturales y científicas, y ante todo desde la tenacidad, la potencialidad y el significado trascendente de nuestras familias trabajadoras.

Exigimos pues trabajo respetable y justamente remunerado para las y los jóvenes, mujeres y hombres de nuestra patria, ya que fueron trabajadores los que construyeron en el pasado una Argentina, que fue hogar y destino de millones de mujeres y hombres libres y dignos.

Vemos con expectativa cómo se están intentando los primeros pasos para revertir la historia de impunidad jurídica heredada de la dictadura y de la nueva “década infame” del menemismo. Nos da una moderada esperanza de posible justicia la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el comienzo de la imprescindible depuración de la vergonzosa Corte Suprema: Sin embargo también en este aspecto tan sensible como fundamental para la reconstrucción de nuestra patria aprendimos a ser necesariamente cautos y realistas, conscientes de los enormes intereses y poderes que están en juego.

Por ello recordamos y hacemos nuestras las palabras claras e indiscutibles de la Biblia, que sentencian:

“La justicia engrandece la nación, pero la injusticia es la ruina de los pueblos” (Prov. 14:34).

Estamos convencidos, que las mujeres y hombres de fe de nuestra patria nos enfrentamos a una opción crucial, que determinará la vida de nuestro pueblo por las generaciones futuras.

Crucial, porque vemos ante nuestros ojos diariamente las crucificadas y crucificados por el genocidio que comenzara hace décadas y hoy continúa asesinando con una sistemática falta de trabajo, de vivienda, de salud y de educación reemplazadas por la lógica perversa y diabólica de la miseria, la represión en un exterminio masivo- a nuestras hermanas y hermanos indefensos.

¿Hasta cuándo soportaremos impávidos esta masacre? ¿Hasta cuándo soportará Dios el asesinato de sus hijas e hijos, creados para vivir la vida en plenitud?

Renovamos en este tiempo de cruces y esperanzas, el clamor y la confianza del Pueblo de Dios: “¡Levántate, Señor, y dispersa a tus enemigos, para que huyan tus adversarios. Tú los disiparás como se disipa el humo y se derrite la cera ante el fuego.

Así desaparecerán los impíos delante de tu rostro. Pero los justos se regocijarán, cantarán delante de ti y se llenarán de alegría. ¡Prepárenle el camino y alégrense porque Él ya se hace presente!

El Señor vivirá en medio de su pueblo porque Él es el padre de los huérfanos y defensor de las viudas, Él da un hogar a los solitarios y abandonados y libera a los prisioneros, mientras los injustos se perderán en un lugar desolado. ¡Bendito el Señor, el Dios de nuestra salvación que nos libera de la muerte!”(Salmo 68).

Por la Junta Pastoral Nacional del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos -28 de octubre del 2003-

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