Apertura, reconversión y tensiones: el nuevo mapa productivo en la Argentina y su impacto en Santa Fe
Muchas empresas enfrentan un dilema estructural: competir con productos importados en un contexto de menor protección o reconvertirse hacia eslabones menos intensivos en producción, como la logística, la comercialización o la distribución. Crédito: Archivo

Apertura, reconversión y tensiones: el nuevo mapa productivo en la Argentina y su impacto en Santa Fe

Un país no se desarrolla solo consumiendo barato. Se desarrolla produciendo, generando valor y sosteniendo empleo.

Por Gastón Gardiol*

El rumbo económico impulsado por el presidente Javier Milei comienza a reconfigurar de manera profunda la matriz productiva argentina. La liberalización del comercio exterior, la reducción de regulaciones y la apuesta por una mayor apertura importadora configuran un cambio de paradigma que, lejos de ser neutro, ya genera tensiones visibles en el entramado industrial, particularmente en provincias con fuerte tradición manufacturera como Santa Fe, donde la producción no es un discurso sino una forma de vida.

En este nuevo escenario, muchas empresas enfrentan un dilema estructural: competir con productos importados en un contexto de menor protección o reconvertirse hacia eslabones menos intensivos en producción, como la logística, la comercialización o la distribución. En la práctica, comienza a observarse una paulatina pérdida de peso de la actividad industrial como núcleo generador de valor agregado.

Del “hacer” al “distribuir”

El Área Metropolitana Santa Fe -que incluye localidades como Santo Tomé, Sauce Viejo y Franck, entre otras- aparece como un caso testigo de esta transición. Históricamente vinculada a industrias de alimentos y bebidas, metalmecánica, automotriz y autopartista, maquinaria agrícola, química y biotecnológica, la región muestra hoy señales de una reconversión que, en la mayoría de los casos, no es voluntaria.

Empresas que hasta hace poco tiempo sostenían líneas de producción activas comienzan a operar como centros de acopio o distribución de bienes importados. Esto no solo implica pérdida de empleos, sino también un cambio en su composición: aun cuando la actividad se mantiene, se requiere menos mano de obra especializada, crecen las tareas logísticas y se reduce la generación de valor local.

No todos logran adaptarse. En los últimos meses se registraron cierres y paralizaciones de plantas fabriles en el cordón industrial santafesino, donde la competencia externa impacta de forma más directa. Las pequeñas y medianas industrias, con menor espalda financiera, son las más expuestas.

La promesa de precios más bajos

El argumento oficial es conocido: abrir la economía bajará los precios como resultado de una mayor competencia. Puede ser cierto en algunos rubros y en el corto plazo. Pero incluso si así fuera, la discusión no puede terminar ahí. En un contexto inflacionario como el argentino, ese objetivo resulta relevante. Sin embargo, el debate se centra en el costo de la transición.

¿Es posible sostener el empleo en un esquema donde la producción local pierde terreno frente a la importación? ¿Puede una economía reemplazar en poco tiempo su tejido industrial sin consecuencias sociales significativas?

En el sector productivo se advierte que una apertura abrupta, sin mecanismos de adaptación gradual, tiende a desarticular cadenas de valor completas. La industria no solo genera empleo directo, sino también indirecto, a través de proveedores, servicios técnicos y economías regionales asociadas.

Un país no se desarrolla solo consumiendo barato. Se desarrolla produciendo, generando valor y sosteniendo empleo. Si el camino para bajar precios es desarmar el entramado productivo, la pregunta es si no estamos hipotecando el futuro por un alivio transitorio.

El peso de la estructura de costos

En este punto aparece otro factor clave: la presión tributaria. La competitividad no puede analizarse únicamente desde el costo laboral o la eficiencia productiva; la carga impositiva constituye un componente central de la estructura de costos.

Sin una reforma integral en este aspecto, la apertura comercial coloca a las empresas locales en una situación de desventaja estructural frente a productos importados provenientes de economías con menores impuestos, subsidios o escalas productivas significativamente mayores.

En ese contexto, hablar de “competencia” sin nivelar la cancha es, como mínimo, una simplificación.

¿Reconversión o retroceso?

El debate de fondo no es nuevo, pero adquiere renovada vigencia: ¿se trata de una reconversión necesaria hacia una economía más eficiente o de un proceso de desindustrialización? No es ideológico, aunque muchos se esfuercen en plantearlo así.

Es profundamente práctico: ¿esto nos hace más fuertes como sistema productivo o nos vuelve más dependientes?

Para algunos sectores, el cambio de matriz productiva es inevitable e incluso deseable, en tanto impulsa mejoras en competitividad. Para otros, la velocidad y las condiciones en que se está desarrollando pueden generar un daño difícil de revertir, especialmente en regiones donde la industria constituye un pilar económico y social.

Por eso, la discusión no debería ser apertura sí o no, sino cómo, cuándo y con qué resguardos. Porque abrir sin estrategia no es valentía: es improvisación. Y cuando se improvisa con el aparato productivo, las consecuencias no se miden en teorías económicas, sino en fábricas que cierran, en trabajadores que quedan afuera y en comunidades que pierden su motor de desarrollo.

Santa Fe tiene una identidad fuertemente ligada al “hacer”, construida sobre el trabajo, la producción y el agregado de valor. Por eso, la discusión nos debe interpelar en cuanto al modelo de desarrollo que queremos: uno que priorice la inserción internacional a cualquier costo, o uno que combine apertura con herramientas de protección inteligente y gradualismo. Poner eso en juego no es solo una decisión económica. Es una definición política sobre qué país queremos ser.

*Gastón Gardiol es secretario de Gobierno de la Comuna de Franck, dirigente de la UCR y emprendedor. Especialista en innovación, gestión y desarrollo local.

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