Bandera de largada en Santa Fe
Unos y otros salieron armados aun cuando todavía falta tiempo para que comience formalmente la cuenta regresiva de los treinta días. “Armados”, algunos, para derrotar al adversario; “prevenidos”, otros, ante cualquier ataque de los repulsivos a los políticos; y “camuflado” más de uno al no poder sostenerse por su propio peso. Para todos los gustos…
La Ley de Lemas hizo su buen aporte a este cambalache. Más degenerada y prostituida que nunca, permitió inscribir a casi 44 mil candidatos y a tachar y cambiar nombres incluso cuando los plazos legales para la oficialización ya habían fenecidos.
Cuarenta y cuatro mil candidatos para renovar exactamente 1574 cargos electivos -gobernador y vice, legisladores nacionales, intendentes, concejales, presidentes comunales, diez diputados nacionales y tres senadores-. Es decir, casi 28 santafesinos por cada puesto que exija el recambio. Y quien pretenda esgrimir que es sólo la pretensión de “salvarse” será desairado con el argumento irrebatible de quien dirá que es el “gran interés por participar…”.
Presto a dar batalla por la gobernación de Santa Fe, el socialista Hermes Binner aparece ensayando sus primeras tácticas. Promete “sacudir” a una provincia adormecida, desafía constantemente al gobernador, trata de no confrontar con Néstor Kirchner, y exhibe con regodeo el apoyo de Lula da Silva. El actual intendente de Rosario se postula con posibilidades ciertas y luchará para derribar 20 años de hegemonía peronista en Santa Fe.
Pero curiosamente, el principal enfrentamiento de Binner no es con alguno de los hombres del PJ que también disputan la gobernación. No, la rivalidad no es con Jorge Obeid, ni con Alberto Hammerly ni con Héctor Cavallero. La principal competencia está encarnada, en cambio, en el mismísimo Carlos Reutemann.
El gobernador ha eclipsado la atención y es él y Binner quienes protagonizan los retos, los desafíos y los dichos verborrágicos.
Reutemann sometió su conducta a una especie de metamorfosis: primero decidió ir “de la mano” de su delfín, Alberto Hammerly, a cuanto acto oficial se realizase; después prefirió posicionarse como víctima y dijo que los piquetes de Santa Fe eran parte de “una campaña en su contra”; un poco más tarde, prefirió un tono más conciliador, y dijo que no le importaba la bendición presidencial a Obeid, si eso servía para permitir el triunfo del peronismo.
Y eso es verdad. Porque la principal preocupación de Reutemann es que ni todos los candidatos juntos del lema PJ pueden presagiar una derrota segura de Hermes Binner. Por eso sus marchas y contramarchas, por eso el desconcierto y el atolondramiento.
El peronismo necesita 800 mil votos para poder retener el poder en la provincia y el escenario no es propicio. Hammerly, desahuciado por no remontar en las encuestas, contrató a un equipo internacional de expertos en imagen; Héctor Cavallero tiene una cosecha importante de votos en el sur pero no alcanza; y Obeid es conocido en toda la provincia por su anterior gestión, pero eso tampoco basta. Entonces, más que por el amor, todos se unen ante el espanto. El espanto de ser derrotados y de perder un bastión que ininterrumpidamente gobernó el PJ durante veinte años.
Con un espectro opositor que no encuentra más que a Binner y a candidatos de los partidos minoritarios como la Democracia Progresista, todo parece indicar que la bandera de llegada se bajará para el intendente rosarino y para el Ing. Jorge Obeid.
Mientras tanto, el controvertido Horacio Usandizaga, a través de la devaluada UCR en alianza con Recrear, tratará de reconquistar la municipalidad de Rosario. Competirá contra el candidato de Binner, Miguel Lifschitz, y varios del PJ, como Marcelo Muniagurria y Norberto Nicotra. En la ciudad de Santa Fe la elección es una incógnita. El PJ teme quedar sepultado con la basura de la inundación y la oposición asoma con hombres como Hugo Storero.
Todos están en el campo de juego…o de batalla. Y Reutemann, para quien la campaña todavía no empezó, adoptó ahora una conducta “activa”, y ocupa hasta los fines de semana con su agenda tratando de llegar a cada pueblo del interior, sin precisar si lo hace como gobernador o como candidato a senador nacional.
Eso sí, después de decir y desdecirse, nada volvió a insinuar acerca de la derogación de la Ley de Lemas. Este perverso sistema electoral permitirá que con una boleta de siete cuerpos, el elector motive su “creación” y haga miles de combinaciones, tantas como en un Quini Seis, un juego de azar con un resultado tan impredecible como el que puede llegar a tener la próxima elección.