Botnia: Las invisibles emisiones de dioxinas y furanos
Botnia: Las invisibles emisiones de dioxinas y furanos
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Agencia CyTA-Instituto Leloir
03/01/2008
Botnia contaminación ambiental dioxinas furanos Río Uruguay

Botnia: Las invisibles emisiones de dioxinas y furanos

El uso de madera para fabricar papel es una invención relativamente nueva. En el siglo XVIII, la materia prima principal para la fabricación de papel eran fibras vegetales como las de lino, caña de azúcar, algodón y paja de trigo.

Los crecientes volúmenes de consumo mundial de papel y cartón llevaron a la industria a apelar a fuentes aparentemente interminables de materia prima (los bosques), en particular del hemisferio norte. Esta fuente al parecer infinita comenzó a desaparecer y la industria apeló a los monocultivos de árboles para abastecerse. Fue a partir de ese momento que el eucalipto y el pino aparecen en escena y que comienzan a expandirse rápidamente las plantaciones de esas especies en el hemisferio sur.

La madera contiene fibras con alto contenido de celulosa, cementadas entre sí por una sustancia llamada lignina. Los distintos métodos utilizados para la fabricación de pasta de papel y el tipo de madera empleada dan lugar a papeles de diferentes calidades, que contienen diversas proporciones de celulosa y lignina, y poseen distintas cualidades físicas. Estas fibras son sometidas a un proceso industrial y la calidad del papel dependerá tanto del tipo de proceso utilizado como de la fibra vegetal empleada para su producción; a su vez, del proceso industrial adoptado dependerá la contaminación asociada al mismo.

La contaminación resultante del blanqueo de la celulosa

Si bien la producción de pulpa de papel genera una serie de impactos ambientales importantes, el principal se vincula al blanqueo de la pulpa para obtener un papel con alto nivel de blancura. Los procesos de blanqueo más antiguos están basados en la utilización de cloro e hipoclorito, alternando con etapas de tratamiento con soda. En este proceso de blanqueo se generan dioxinas y furanos, sustancias químicas altamente contaminantes para el medio ambiente y la salud de las personas, que no se degradan, que persisten en el ambiente durante muchos años y que se van acumulando en los tejidos de los animales que están expuestos a las mismas (incluido el ser humano). Estas sustancias reciben la denominación de Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs).

Las dioxinas y furanos son persistentes, semi-volatiles, móviles (es decir, que se trasladan en el agua y en el aire a grandes distancias), se disuelven en las grasas, se bioacumulan, en los seres humanos, animales y peces y se transmiten de la madre al feto en el útero y a través de la leche materna. Producen efectos crónicos como el cáncer y malformaciones en animales y seres humanos.

Los cambios tecnológicos

Hacia mediados de la década de 1980, el impacto ambiental de la fabricación de papel en base a árboles generó una profunda preocupación a nivel público. Los científicos llegaron a la conclusión de que el cloro elemental, la principal sustancia química utilizada para blanquear las fibras de madera, combinado con lignina produce dioxinas, que se encuentran entre los agentes carcinógenos y deterioradores de hormonas más potentes del mundo. Además, también concluyeron que, después de las usinas de incineración, las fábricas de pulpa para papel eran la segunda fuente más importante de dioxinas y la fuente más importante de contaminación del agua. Quedó a su vez clara la responsabilidad de la industria del papel en los graves problemas de salud pública y en impactos ambientales tales como el envenenamiento de peces y otros componentes de la fauna acuática.

Frente a la creciente oposición, la industria internacional respondió con inversión en tecnologías que podrían conducir a reducir la contaminación. Si bien la sustitución del cloro elemental por el dióxido de cloro (proceso libre de cloro elemental – ECF) redujo significativamente la contaminación por dioxinas, de ninguna forma la eliminó. También se instrumentaron técnicas totalmente libres de cloro (TCF), aunque su participación en el mercado es aún marginal. Si bien es cierto que la tecnología ECF reduce significativamente la cantidad de compuestos clorados liberados al ambiente, es importante enfatizar que no las eliminan.

El sistema de blanqueo de Botnia genera dioxinas y furanos

La planta de celulosa de Botnia instalada en Uruguay utiliza el sistema ECF, que, contrariamente a las afirmaciones de las autoridades no es el sistema de blanqueo más avanzado, ni tampoco es inocuo como afirma la industria. En efecto, el sistema de blanqueo ECF puede reducir hasta el 80 por ciento en las emisiones de dioxinas y furanos (organoclorados), lo que significa que sigue emitiendo un porcentaje importante de dioxinas y furanos. Si se considera el enorme tamaño de la planta de Botnia, dicho porcentaje puede traducirse en volúmenes muy importantes de esas sustancias contaminantes.

Además de dioxinas y furanos, el proceso de blanqueo que utiliza dióxido de cloro (ECF) también libera una serie de sustancias tales como cloroformo, ácido clorado, y otros compuestos tóxicos que pueden ser acumulados en los tejidos de los peces. Más aún, el blanqueo con dióxido de cloro produce grandes cantidades de clorate, un potente herbicida que mata plantas y peces. Finalmente, la mayoría de los organoclorados encontrados en los efluentes de plantas de celulosa aún no se han podido identificar ni evaluar en cuanto a sus posibles impactos.

Los efluentes y el licor negro

Los efluentes líquidos son en potencia la mayor causa de polución, ya que en estado bruto contienen lignina (que resulta en una alta demanda biológica de oxígeno), así como alcoholes, cloratos y metales pesados.

Dentro de los efluentes que se producen se encuentra el licor negro. Este es un subproducto del proceso Kraft, también conocido como pulpaje Kraft durante la producción de la pulpa de papel. La madera es transformada en fibra de celulosa con lo que posteriormente se hace el papel. El licor negro es una solución acuosa de residuos de la lignina.

El licor negro es muy tóxico para la vida acuática y al ser volcado al agua se transforma en un color oscuro como si fuese Coca-Cola. Como ejemplo de la toxicidad de esta sustancia se recuerda el desastre ambiental ocurrido en el verano del 2003 en Finlandia, donde alrededor de 7.500 metros cúbicos de licor negro escaparon de la fábrica de celulosa de UPM en Lappeenranta y contaminaron gravemente un área importante del lago Saimaa. De acuerdo con la prensa local, “la planta de tratamiento biológico no fue capaz de hacer frente a esa súbita descarga y en el espacio de unos pocos días el licor negro se esparció aguas adentro del lago”.

La prensa continúa diciendo que “el licor negro consume el oxígeno del agua, causando una elevada mortandad de peces y también oscurece el agua y contamina las orillas. Además, tiene un olor sumamente desagradable. La mitad de la población de peces resultó erradicada en un radio de tres kilómetros de la planta”.

Accidente antes de empezar a funcionar

Durante las etapas previas de control que llevó a cabo Botnia entre los meses de julio a setiembre antes de empezar a funcionar, la empresa hizo entrega a sus trabajadores de una hoja de datos de seguridad sobre el licor negro, en la cual hacía indicaciones expresas sobre identificación de peligros, primeros auxilios, instrucciones en caso de incendios, vertido accidental, manipulación, almacenamiento, explosión y equipamiento de protección personal.

Sin embargo, a pesar de todas estas indicaciones en esa etapa de prueba los trabajadores relatan que en el momento en que se probaban las piletas con el licor negro hubo un derrame y las piletas se partieron, mojando a un obrero y quemándole la ropa y zapatos. El licor negro derramado fue vertido al río y otra parte se filtró a la tierra. Las piletas mencionadas son dos y miden 40 metros de ancho y entre 100 a 200 metros de largo y 10 metros de alto. Estas piletas descargan a otras 2 circulares más chicas, de donde salen cañerías hacia el río.

Emisiones gaseosas

Desde mediados del siglo pasado gran parte del licor negro es recuperado y quemado generando vapor. En ese proceso se emite sulfuro de hidrógeno (H2S, un gas que huele a huevo putrefacto), metil mercaptan (CH3SH), los sulfuros de metilo (CH3)2S, (CH3)2S2 y otros compuestos volátiles sulfurados que son los causantes de las emisiones con olor desagradable características de estas plantas. Así mismo, las emisiones de dióxido de azufre generan lluvia ácida.

Es importante señalar que el olor no es tan solo desagradable sino que también tiene efectos en la salud, en particular incrementando el riesgo de infecciones respiratorias agudas, problemas de la vista, cefaleas y problemas neuropsicológicos, entre otros.

Más grave aún, la quema del licor negro resulta en la emisión de dioxinas y furanos tanto al aire como en los residuos de las cenizas. En el Inventario Nacional de Liberaciones de dioxinas y furanos de Uruguay (2002-2003) realizado por la DINAMA, se incluyó a una empresa de pasta de celulosa y de papel que quema licor negro para la recuperación de productos. De acuerdo a los datos aportados por el inventario, se muestra claramente que el licor negro quemado emite dioxinas y furanos tanto en el aire como en los residuos de cenizas. También cabe señalar que la fábrica de celulosa mencionada en el inventario está lejos de tener la capacidad de producción de celulosa que tiene Botnia, ya que ésta generará 1.000.000 de toneladas de celulosa al año y será la más grande del mundo.

Dado que la planta de Botnia utiliza el sistema de blanqueo ECF, esto implica la necesidad de producir dióxido de cloro. Este compuesto es producido en la misma planta de celulosa, por ser una sustancia altamente contaminante y difícil y peligrosa de transportar. La producción y el uso de dióxido de cloro en la planta de celulosa constituyen otra fuente adicional de emisiones de dioxinas y furanos.

En violación de un convenio internacional

La planta de celulosa de Botnia tiene varias fuentes de emisión de dioxinas y furanos y de otras sustancias tóxicas, situación que se contradice con el compromiso asumido por el país frente al Convenio de Estocolmo, por el cual Uruguay se comprometió a reducir y en un futuro a eliminar las emisiones de estas sustancias químicas.

Las emisiones de estas sustancias, catalogadas como las más tóxicas por la Organización Mundial de la Salud, son muy difíciles de medir y tanto en Uruguay como en muchos lugares del mundo se carece de los instrumentos necesarios para su medición adecuada, lo que dificulta aún más el monitoreo de dichas emisiones.

Más importante aún, es probable que dichas emisiones resulten en problemas de salud en la población de Fray Bentos y en poblaciones aledañas, puesto que estarán expuestas a sustancias altamente tóxicas en forma constante. Dado que la planta ya está en funcionamiento, se vuelve urgente que el Estado investigue la existencia de tales emisiones peligrosas y, en caso de constatarse la presencia de dioxinas y furanos, que intime a la empresa a adoptar la tecnología totalmente libre de cloro (TCF), que ya utiliza en una de sus plantas de Rauma, en Finlandia.

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