Celebran las Fiestas Patronales en Felicia
Felicia vivirá una vez más sus fiestas patronales en honor a “Santa Felicitas”. El programa de actividades se inició el 1 de julio con la misión y santa misa, bajo el lema “La Familia, testigo y anuncio de la Misión”. El día 2 con la consigna “La Escuela al servicio de la Misión. El resto del programa previsto es el siguiente (misión de 16 a 18 hs. y Santa Misa desde las 18 en forma diaria de lunes a viernes).
3/7: “Sacerdotes, testigos del amor de Dios”. 4/7: “Agentes pastorales, instrumentos de evangelización”. 5/7: “María, aurora de la palabra”. A las 18 celebración de la palabra y congregación de los niños de catequesis. 6/7: “Ancianos y Enfermos, foco redentor de la Misión”, misa a las 10 hs. 7/7: “La Conversión, culmen de la Misión”, durante la misión (de 16 a 18) habrá confesiones comunitarias. 8/7: “La Comunión, fuente y fruto de la Misión”, a las 18 celebración ecuménica. 9/7: “La Patria, tierra de Misión”. 10/7: 10 hs. Santa Misa y procesión en honor a Santa Felicitas; 12.30 almuerzo fraterno.
¿Quién fue Santa Felicitas?
Siendo emperador Marco Aurelio Antonino, vivía en Roma una mujer viuda llamada Felicitas, que tenía siete hijos. Al quedar viuda había hecho voto de castidad, pertenecía a la nobleza y era una mujer muy piadosa que se ejercitaba en oraciones y obras de misericordia. Con sus palabras y el ejemplo de su vida movía a muchos de los gentiles para que se hicieran cristianos. Por esta causa algunos sacerdotes de los ídolos se ensañaron contra ella y sus hijos y procuraron con el emperador para que los mandara a encarcelar. Remitieron la causa a Publio, que era prefecto de la ciudad, el cual llamó aparte a la madre y le rogó que ofreciera sacrificios a los dioses del imperio Romano y que no lo obligara a usar el rigor con ella y con sus hijos, a lo cual Felicitas respondió: “No pienses, oh Plubio, que con tus blandas palabras me podrás ablandar, ni con tus amenazas me podrás rendir, porque tengo en mi favor el espíritu de Cristo y viva o muerta te venceré”. A lo que el prefecto respondió “¡Desventurada de ti! Y has de permitir que hasta tus hijos mueran en mis manos”. “¿Mis hijos? – respondió Felicitas – muriendo por Cristo vivirán para siempre”.
Al día siguiente, estando el tribunal reunido en la plaza del templo de Marte, fue traída a juicio la madre con sus siete hijos, y el juez le imploraba y rogaba que ofreciera sacrificios a los dioses y Felicitas, dirigiéndose a sus hijos, les dijo “Miren, hijos míos, al cielo donde los está esperando Cristo con todos sus santos; peleen valerosamente por sus almas y muéstrense fieles y constantes en el amor a Jesucristo”.
El tirano, oyendo estas palabras se enfureció y mandó dar a la madre muchas bofetadas en el rostro, porque en su presencia daba tales consejos a sus hijos; y llamando luego al mayor de ellos, que era Jenaro, y usando todo su artificio para atraerlo a que adorara a sus ídolos, no lo pudo conseguir, por lo cual lo mandó desnudar, azotar crudamente y llevarlo a la cárcel. Por este mismo orden llamó uno a uno a los siete hermanos y como veía en todos la misma constancia y resolución, después de haberlos castigado con muchos azotes los encerró en la cárcel y dio aviso al emperador de lo que pasaba. El emperador ordenó que les quitasen la vida con diferentes formas de muerte y ejecutaron este cruel y terrible mandato: Jenaro fue azotado y quebrantado con plomadas hasta que dio su espíritu al señor; Félix y Felipe fueron molidos a palos; Silvano murió despeñado; Alejandro, Vidal y Marcial fueron descabezados y la madre Santa Felicitas también fue martirizada al cabo de cuatro meses.