Como quien se engendró en una cárcel
El reloj de la plaza de Humboldt, Santa Fe Crédito: El Cronista Regional

Como quien se engendró en una cárcel

Ya muchos están comentando y analizando la llegada de una nueva tecnología que indudablemente cambiará el mundo de las comunicaciones de una forma sin precedentes. Se trata de Wi-Fi, wireless fidelity (fidelidad inalámbrica), una conexión al internet de alta velocidad que utilizará tecnología de ondas de radio para transmitir la señal. La noticia llegó a tomar espacio inclusive en una editorial del New York Times, en la que Thomas L. Friedman comenta esta tecnología y sus características en relación con el internet. De esta realidad tecnológica, Friedman llega a una conclusión sociológica: que si bien esta tecnología está uniendo al mundo, los Estados Unidos está quedando fuera de este universo cultural interconectado, ya sea por temas políticos u idiosincrásicos. Y quizás esté acertado. Esa idiosincrasia de los norteamericanos de no ir por el mundo, por el contrario, esperar que el mundo les venga a ellos, estaría jugando muy en contra de su incorporación a un planeta más totalizado.

Pero lo que les está ocurriendo a los norteamericanos está funcionando como una metáfora de lo que la gran masa de individuos está viviendo hoy en día. Si bien una pensaría en la primera mitad del siglo pasado que con la llegada de la televisión y la radio la gente estaría más comunicada que nunca, quizás habría que repensar esta afirmación. Con la llegada de los medios de comunicación la información fluye mucho más rápida, pero en solamente una dirección. La existencia de los famosos “reality shows”, por ejemplo, es el síntoma de la patología que sufre el espectador, aislado en un universo desconectado de la realidad y sumergido en una monotonía decadente. La incomunicación de un individuo frente a la pantalla del televisor, recrea la metáfora de un animal enjaulado que devora la bazofia que el dueño de casa le tira. ¿Cómo puede ser interesante ver a un tipo eligiendo entre 5 o 6 muchachas para casarse? ¿O que de otro comiendo lombrices? El gran circo post-posmoderno, revendido hasta el cansancio en las cientos de revistas, programas de televisión, etc., metiéndose en la vida privada de estos pobres que a modo de circo romano son devorados por el ojo ávido del espectador que desde la intimidad de su jaula, fantasea sobre algo que él o ella nunca vivirá. Satura de alguna forma este simulacro, como así también satura ver un pobre tipo yendo a trabajar con su 4×4, para terminar enfrascado en la invariabilidad de una oficina apabulladamente mediocre. Simulacro de traer al ahora, una fantasía inaccesible. Y nos es el mismos caso de la película u el libro ya que esto se mueve al espacio de… bueno, quizás no sea tan distinto. Como diría Cervantes en el prologo de Don Quijote: “… como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento, y donde todo triste ruido hace su habitación.”

Por Fabián Banga, desde Berkeley, California.

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