Conmemoración de los 400 años de presencia jesuítica
Acto homenaje a los jesuitas de Santa Fe Crédito: Gobierno de la Ciudad
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Redacción El Santafesino
19/11/2009
Cayastá Colegio Inmaculada jesuitas

Conmemoración de los 400 años de presencia jesuítica

El intendente Mario Barletta asistió al acto organizado para conmemorar los 400 años de la llegada de los jesuitas a la ciudad de Santa Fe. La ceremonia se desarrolló en el auditorio Juan de Garay del Colegio Inmaculada Concepción, y contó con la presencia de autoridades de la comunidad educativa, docentes y alumnos, encabezados por su rector, el padre Alejandro Gauffins. Además, estuvieron presentes la vicegobernadora de la Provincia, Griselda Tessio; la ministra de Educación, Élida Rasino; el ministro de Desarrollo Social, Pablo Farías; y el secretario de Gobierno municipal, José Corral.

Según relata la historia, el padre Francisco del Valle y el hermano Juan Sigordia llegaron bajo La Compañía de Jesús (nombre de la orden fundada por Ignacio de Loyola en 1534) para realizar su asentamiento fundacional, en un caserío rodeado de indios y río, en Santa Fe la Vieja. Poco se conoce de aquellos primeros jesuitas de 1610 que se instalaron en aquel solitario paraje que hoy es Cayastá, pero sí se sabe que fieles a su labor religiosa y educativa, crearon desde los inicios una iglesia y una escuela, donde sentaron los cimientos de la enseñanza primaria y gratuita.

“El Bicentenario de nuestra República se resignifica al recordar que mucho tiempo antes, en el interior de nuestro país, ya había territorios organizados con un proyecto integrador de grandes aspiraciones colectivas en el que la educación, la ciencia y la fe eran las principales herramientas para la vida en comunidad”, señaló el mandatario municipal al comienzo de su alocución, donde también recordó su paso como alumno por el Colegio Inmaculada.

Emoción

Barletta aseveró que “a la distancia nos emociona imaginar que esto estaba alejado de las principales rutas de la época, y saber que podían pasar años antes de completar su proyecto, pero que no por eso lo olvidarán. Un ejemplo de eso fueron las dos décadas que tuvieron que esperar para el traslado de la ciudad y su radicación en 1610”.

Asimismo, puntualizó: “Aquella situación está asignada a Francisco del Valle y Juan Sigordia, quien con la colaboración de los vecinos lograron fundar la primera escuela organizada del país. Dicen que hasta al mismísimo gobernador de aquel momento se lo podía ver empujando una carretilla para ayudar en la construcción del colegio”.

Por otra parte, Barletta recordó que “este Colegio forma parte del Camino de la Constitución, cuyo camino es la reconstrucción de la traza histórica que define a nuestra ciudad como Cuna de la Constitución. En tiempos difíciles, este edificio albergó a diputados constituyentes de 1853 para que los argentinos tengamos nuestra carta magna”.

Un poco de historia

Desde sus comienzos, la Compañía de Jesús se abocó a la educación de las primeras letras, a los rudimentos de la escritura y lectura. Si bien otras órdenes realizaron un meritorio trabajo en la enseñanza elemental, sólo los jesuitas se encontraban capacitados para organizar la educación superior (una especie de actual secundaria) que se comenzó a dictar en 1615.

La enseñanza responde al espíritu jesuita que se dedica fundamentalmente a esa misión, además de otros ministerios y la evangelización. Los alumnos y maestros de esta escuela primigenia fueron testigos del Sudor Milagroso del 9 de mayo de 1636, ante el cuadro de la Virgen Inmaculada pintado dos años antes por el hermano Luis Berger SJ.

Desde 1658, con el traslado de la ciudad a su actual emplazamiento (a raíz del ataque de los indios y el avance de la barranca que iba siendo erosionada por el río), el colegio continuó su actividad. La primera etapa de esa notable experiencia educadora es interrumpida en 1767, cuando Carlos III ordena la expulsión de los jesuitas de las colonias españolas.

La orden sobrevivió en Rusia y fue restaurada por Pío VII para toda la Iglesia en 1814. Finalmente, el 9 de noviembre de 1862 se produce la reapertura del colegio jesuita en Santa Fe con 36 estudiantes. Tal como fuera antes de la expulsión, el colegio volvió a ser el centro de la vida cultural de la ciudad. Las labores educativas se complementaban con numerosas actividades intelectuales y científicas, que eran compartidas con los santafesinos en actos públicos. Los aportes que se realizaban desde las Academias (de literatura primero, y décadas después las de taxidermia, química, idioma, música y pintura), las inéditas experiencias de los laboratorios equipados con modernos aparatos, la posibilidad que brindaba el acceso a la importante biblioteca, las notables actuaciones de la Banda de Música, las tareas del Observatorio y la fluida comunicación con los principales centros educacionales de todo el mundo produjeron un impacto cultural y social de enorme importancia en la sociedad de la tranquila ciudad provinciana.

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