Cuando educar cuesta tanto
La educación primaria debe ser prioridad en Argentina Crédito: Archivo El Cronista Regional

Cuando educar cuesta tanto

La preocupante realidad aulas adentro a la que asistimos cotidianamente, invita a replantear la crisis educativa desde múltiples abordajes. Uno de ellos, determinante a la hora de buscar factores causales que expliquen el porqué del estado actual de la educación primaria, es el referente al contexto de crisis socioeconómica que viene golpeando a diestra y siniestra los hogares medios de la Argentina. Pero ¿En qué medida afecta la coyuntura en el rendimiento escolar? ¿Bajo qué formas y con qué niveles de incidencia sobre la deserción y el desgranamiento escolar? ¿Cómo educar a un niño que llega a la escuela con hambre? Son interrogantes que se desprenden de variables sistémicas muy amplias y que merecen un estudio y debate profundo pero, no obstante, nos permitimos algunas aproximaciones válidas.

La realidad educativa y los números

En la región y el país, las cifras dibujan un cuadro de situación muy desolador. Según un informe publicado por El Cronista Regional en su edición de octubre, en la ciudad de San Cristóbal el 65% de población educativa de una escuela primaria se encuentra en situación de riesgo social y escolar. Por otro lado, en una investigación realizada por el diario Castellanos de Rafaela se supo, a partir de un relevamiento en cinco escuelas periféricas de dicha ciudad, que “hay una creciente y urgente demanda de contención social para los menores escolares en riesgo”. Según datos proporcionados por Unicef y la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados de la Nación, que fueran publicado por El Litoral el día 22 de octubre, en la Argentina hay “más de un millón de chicos en riesgo. Uno de cada cuatro niños y adolescentes está en riesgo de abandonar sus estudios o excluido de su derecho de aprender y asistir a la escuela. El 2,9 % de los niños de 10 a 14 años ya no asiste a la escuela. Suman 99.768 niños que podrían llenar 3.300 aulas de 30 alumnos cada una”.

La directora de la Escuela Nº 408 “Bernardino Rivadavia” de la ciudad de San Cristóbal, María Elena Chacón, sostuvo al respecto: “Creo que la crisis repercute en forma sumamente negativa sobre el proceso de aprendizaje de los alumnos. Los chicos vienen a la escuela para comer, no ya para estudiar. Por ejemplo, los chicos que vienen a la clase de la mañana y no han comido la noche anterior, ¿qué interés pueden tener en estudiar si tienen hambre y están esperando que llegue la hora de cierre de clase para ir al comedor? Estamos en una situación en que la educación complementa el comedor, y no a la inversa como debiera ser”.

La directora se refirió además a la falta de responsabilidad política con respecto a la educación y a la influencia compulsiva de la esfera audiovisual, afirmando que “la educación para la clase política es un tema muy urticante, y a nadie le gusta hablar seriamente de tema y reabrir el debate sobre la actual Ley Federal de Educación. No podemos avanzar como sociedad sin educación. Hoy más que nunca hay que cambiar mentes, trabajar para lograr que los chicos sean sujetos pensantes, propiciar la libre discusión de ideas, lograr que busquen el porqué de las cosas. Y los medios masivos de comunicación, especialmente la TV, nos están rompiendo los esquemas”.

Por su parte, la directora de la Regional Nº IX de Educación y Cultura de San Cristóbal, Ana Julia Possi, dijo a El Cronista Regional que en San Cristóbal “hay realidades educativas dispares determinadas por características socioeconómicas, ecológicas y geográficas, y es por ello que la realidad de una determinada escuela será siempre distinta a otra, aunque tendrán algún elemento en común, sobre todo en las escuelas periféricas de la ciudad. Debemos reconocer que, aunque no es la única, una de las variables que más influyen en el rendimiento escolar es la relativa a contexto de crisis social; que la alimentación tiene una importancia preponderante en el proceso de aprendizaje de los alumnos, y que si los chicos tienen hambre no aprenden, entonces hay que darles de comer”.

El nuevo rol del docente

En este conflictivo entorno, la función del maestro se diversifica: éste pasará a atender otras necesidades insatisfechas de sus alumnos, con “parches” improvisados de asistente social, psicólogo, nutricionista y, en muchos casos, de padre-madre. Así, en consecuencia, la actividad educativa se va relegando a espacios subsidiarios. La directora de la escuela Rivadavia argumentó que “hoy no se le da la importancia que merece al maestro; éste es el que contiene socialmente a los pequeños en todos los aspectos”. Va a llevar mucho tiempo revertir esta situación, si los dirigentes políticos no llegan a entender que sin educación no hay nada. La única manera de revertir esta situación es recomponer el tejido social y su núcleo central, la familia. Para ello es necesario que se busquen caminos para la generación de empleo”, concluyó.

La educación deberá ocupar el lugar que debidamente le corresponde en toda sociedad moderna: el del aprendizaje, la formación e información, la consolidación de valores, la socialización e integración, la búsqueda permanente, la liberación del hombre. El desafío estará en buscar alternativas -desde todos los ámbitos- para la superación de los desfasajes producidos por efectos de la coyuntura en los espectros educativos. Cerca de acciones concretas y consensuadas, lejos de los discursos políticos falaces, que mucho mienten de lo que poco saben.

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