Demostraron toxicidad del glifosato en organismos acuáticos
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Demostraron toxicidad del glifosato en organismos acuáticos

Mediante ensayos de laboratorio, investigadores de la UNL descubrieron que distintas dosis de glifosato afectaban la reproducción de una especie de microcrustáceo que habita los ríos, las lagunas y las charcas de la zona. Los resultados demostraron que ese herbicida puede tener consecuencias negativas sobre organismos a los cuales no está destinado.

“Nos interesó conocer qué efectos podía llegar a tener el glifosato sobre organismos clave de ecosistemas acuáticos continentales como los cladóceros. En particular seleccionamos una especie de crustáceo llamado Ceriodaphnia reticulata, que son pequeños organismos que viven en la columna de agua y que están en la base de las cadenas tróficas de los sistemas acuáticos”, explicó Ana María Gagneten, que trabaja en la línea de ecotoxicología de zooplancton de agua dulce en la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la UNL junto a alumnos, tesistas de grado, de posgrado y a otros investigadores.

El grupo sometió a los microorganismos (con réplicas de diez individuos aislados) a soluciones con distintas concentraciones del agroquímico y a un ensayo control, sin glifosato. Analizaron la sobrevivencia de la especie y la fecundidad, pero también la capacidad de degradación del herbicida, para lo cual hicieron análisis cromatográficos durante 17 días para detectar si persistían residuos o su principal subproducto o metabolito: el AMPA (ácido amino-metil-fosfónico).

Sobrevivencia y fecundidad

A través de los ensayos, encontraron que la sobrevivencia no se vio afectada por el glifosato, pero sí la fecundidad, lo cual tiene un efecto directo sobre la posibilidad de mantenimiento de una población en el transcurso del tiempo, ya que debe haber una capacidad de recambio suficiente que está determinada por la cantidad de crías producidas.

En el experimento, el grupo control produjo 140 crías y ese valor sirvió para comparar con los distintos tratamientos con glifosato en diversas concentraciones. El de menor concentración contenía 5,33 miligramos por litro y produjo solo 50 crías. El tratamiento dos, con una concentración 15,99 miligramos por litro tuvo 25 crías. Finalmente, el tercer tratamiento –con 31,8 miligramos por litro- llegó a 36.

“Esto significa que la fecundidad fue un parámetro muy afectado en esta especie. No registramos diferencias significativas entre las concentraciones, pero sí entre todas las concentraciones y el control”, explicó Gagneten.

Por otra parte, tomaron un índice denominado “tasa reproductiva neta”, que integra los valores de sobrevivencia y de fecundidad, que confirmó la toxicidad del glifosato para Cerodaphnia reticulata en estudios a escala de laboratorio.

La importancia de estudiar esa especie reside en que sirven de alimento a larvas y juveniles de peces que luego cambian de régimen de alimentación. Incluso, algunos peces adultos de pequeño tamaño siguen alimentándose durante toda su vida de estos microcrustáceos.

Persistencia del glifosato

“Es muy discutido el grado de persistencia del glifosato en el ambiente. Hay quienes sostienen que tiene una vida media muy corta y, otros, inclusive la Agencia de Protección Ambiental (EPA), dicen que puede llegar a los 120 días en sedimentos de lagunas”, refirió la investigadora.

Sin embargo, los estudios de la FUHC revelaron que el porcentaje de degradación final del glifosato a los 17 días fue de 74,5 % en la concentración menor y de 34,8 % en la concentración mayor empleada, sin la aparición del metabolito. Estos resultados fueron presentados en el 2do Workshop Latinoamericano sobre Residuos de Pesticidas. Alimentos y Medio Ambiente organizado por la UNL.

Por otra parte, Gagneten contó que ahora resta hacer ensayos con otras especies y estudios de campo para vincularlos con las conclusiones de laboratorio. Además, analizarán concentraciones de distintos biocidas en la fauna, en el agua y en sedimentos de fondo.

“Los herbicidas no están diseñados para combatir los cladóceros, pero al ser tóxicos para las algas afectan negativamente al zooplancton por disminución de su recurso trófico, aunque no deben descartarse efectos tóxicos directos», reflexionó.

A la vez, afirmó que la incorporación de pesticidas en el agua, aún cuando algunos tienen una alta tasa de degradación, provoca situaciones de estrés en las comunidades, lo cual puede involucrar una pérdida considerable de biodiversidad, cambios en la transparencia del agua, en las tasas de regeneración de nutrientes y en la abundancia de peces: «Con los estudios de laboratorio es posible aislar los datos y decir qué dosis de glifosato pueden afectar los microorganismos. Logramos así una cuantificación muy exacta, cosa que no ocurre en campo”, adujo.

Según Gagneten, en Argentina la agricultura está siendo cada vez más especializada y homogénea. Existe una demanda creciente para conocer el destino y persistencia de los residuos de pesticidas en el ambiente, e integrar este conocimiento en acciones de manejo.

“Pero el problema clave en países en vías de desarrollo es el vinculado al modo de aplicación del glifosato. Además de los efectos sobre la biota, pueden producirse efectos negativos en la salud de los operarios expuestos, que frecuentemente laboran en condiciones de trabajo muy deficitarias, con bajo nivel educativo y escasa tecnología”, reflexionó.

Por último, la investigadora aconsejó respetar las indicaciones sobre las dosis, además de las frecuencias y los cuidados en la aplicación del herbicida. «Los operarios deben saber cómo deben proteger sus cuerpos, conocer la distancia que debe respetarse entre el lugar donde es aplicado y las zonas habitadas. Además, debe haber controles adecuados para hacer cumplir las normativas vigentes. Estas consideraciones son válidas para todos los pesticidas, no sólo para el glifosato», culminó.

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