Descifrando la columna del clima
Fuente: bernabetroche.com.ar
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Prensa UNL
21/01/2004
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Descifrando la columna del clima

Zonas áridas donde hoy se tejen las más frondosas selvas; cauces que se modifican en kilómetros; pantanos que antes eran casi desiertos; tramos de ríos ocupados por el mar. Las fotos, tan disímiles entre sí, corresponden a los mismos lugares, aunque en distintos tiempos: miles de años atrás, y el presente.

Aunque hoy cueste imaginarlo, la región Litoral atravesó hace cientos de años un extenso período de sequía y aridez, acompañado por temperaturas mucho más bajas que las que ahora nos trae un verano subtropical. La denominada Pequeña Edad de Hielo -que transcurrió desde comienzos del siglo XV hasta principios del siglo XIX- es la alteración más significativa que ocurrió en la evolución del clima global en los últimos 1.000 años, y modificó parcialmente el paisaje que hoy acostumbramos a ver de una manera asombrosa.

Hay más: si nos trasladamos entre 1.400 y 800 años antes del presente, nos encontramos con un período identificado como Cálido Medieval, que acarreó un notable mejoramiento climático en la región Litoral, con condiciones húmedas y cálidas que favorecieron el desarrollo de suelos, la aparición de pantanos ocupando las depresiones del paisaje y la expansión de los sistemas fluviales.

Tan complicado análisis es parte del trabajo que un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) realiza desde hace tiempo, en el marco de uno de los Cursos de Acción para la Investigación y el Desarrollo (CAI+D), denominado «Reconstrucción de los escenarios ambientales pasados y actuales asociados a extremos climáticos en la región Litoral». El mismo está integrado por la doctora en Ciencias Geológicas Daniela Kröhling (directora), ingeniera en Recursos Hídricos Marcela Ghietto (subdirectora), doctora en Ciencias Geológicas Marcela Cioccale, e ingeniera Eleonora Demaría.

El equipo delimitó su área de estudio a la cuenca del río Uruguay, de la que hasta ahora no se tienen datos científicos que permitan un análisis exhaustivo. En total, el área abarca 370.000 kilómetros cuadrados, que se reparten entre una importante parte de Brasil (Santa Catarina y Rio Grande do Sul), un área de Uruguay y este de las provincias argentinas de Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

De allí surgen los datos geológicos que ayudan a los profesionales a reconstruir los escenarios de los distintos períodos climáticos que se sucedieron en la región desde hace miles de años hasta la actualidad; detectar incidencias recientes de variabilidad climática a partir del análisis de registros históricos (anteriores a 1900) e instrumentales (desde 1900 hasta la actualidad); y analizar la incidencia de los eventos climáticos extremos sobre el campo social, económico y natural.

En realidad, la reconstrucción climática de la región Litoral, desde pocos miles de años hasta hoy, debe servir para desarrollar las bases para el pronóstico climático estacional e interanual de eventos extremos en la región, algo que sería de suma utilidad para acompañar la toma de decisiones de administradores territoriales, planificadores en general, operadores de vías de comunicación, organizaciones de defensa civil, y demás agentes del área estatal o privada.

El trabajo

El equipo dividió sus tareas en tres grandes ejes: el estudio paleoclimático de la región; el estudio de la variabilidad climática de la región durante los últimos años, con especial interés en la búsqueda de extremos climáticos; y en el análisis de incidencias recientes de variabilidad climática a partir de la búsqueda y análisis de fuentes históricas relacionadas con condiciones ambientales anteriores al período instrumental. La fase de trabajo siguiente integrará los resultados anteriores y se basará en la reconstrucción de los escenarios ambientales pasados y presentes, y cuyo desarrollo dará inicio a la etapa del estudio del pronóstico climático estacional e interanual de la región y sus aplicaciones, última instancia de la investigación.

«El trabajo de campo es muy intensivo», explicó la directora de la investigación, Daniela Kröhling, quien se especializa en el estudio de Geología del Cuaternario, esto es, el análisis de sedimentos que permitan detectar cambios en el paisaje durante los últimos miles y cientos de miles de años.

Primeramente, el grupo de geólogos se encarga de fotointerpretar imágenes satelitarias y fotos aéreas y de la elaboración de mapas geomorfológicos; luego, en el campo, se controlan los elementos que componen el paisaje y que fueron mapeados. El siguiente paso consiste en analizar los materiales que afloran en barrancas, canteras y superficies; realizar muestreos, y análisis estratigráficos y sedimentológicos.

«De la interpretación de estos sedimentos, combinados con datos de laboratorio, deducimos el origen de los materiales y el área de proveniencia: si son fluviales, eólicos (aportados por el viento), o palustres (evolucionados en ambiente de pantanos o lagunas). Así -indicó Kröhling- podemos combinar el registro del campo con los datos de laboratorio, para deducir las condiciones ambientales bajo las cuales se formó determinada geoforma o unidad de sedimentos».

Los datos suelen sorprender: las unidades sedimentarias que afloran tienen edades que van desde decenas de miles de años hacia atrás hasta el presente, según pudo comprobar el equipo a partir de sofisticados métodos de laboratorio. «De esa manera se puede reconstruir la columna: se datan las distintas unidades sedimentarias y se construye la escala temporal», indicó Kröhling.

Esa columna destaca dos períodos climáticos extremos durante los últimos cien mil años: el Ultimo Máximo Glacial -datado en la región entre 36.000 y 8.000 años antes del presente-, muy seco y frío, con avances glaciarios en Los Andes y aridez en la llanura; y el Período Hypsithermal, que abarca entre los 8.000 y los 3.500 años antes del presente, mucho más húmedo que el que tenemos actualmente en la región.

Estos nuevos datos se correlacionan con otros estudios realizados en la Argentina, Sudamérica y el mundo. «Ambos períodos climáticos fueron globales; nuestra investigación sirve para aportar datos que pueden correlacionarse con investigaciones realizadas en distintas partes de mundo. En Sudamérica hay menor cantidad de estudios realizados respecto al Hemisferio Norte; no obstante, contamos con importante información paleoclimática de la Llanura Pampeana (Tesis Doctorales de Cioccale y Kröhling), y ahora el río Uruguay está aportando nuevos datos», manifestó Kröhling.

El análisis de mapas jesuíticos

La lectura de cartografías jesuíticas es un elemento importante en la investigación, tanto como el análisis de las crónicas de antaño. «El objetivo es detectar referencias climáticas en los últimos cientos de años: cómo quedó registrado el cambio climático en mapas y relatos de la época», explicó Kröhling.

Los mapas jesuíticos analizados presentan indicadores ambientales como la expansión y recesión de los sistemas fluviales y lacustres y cambios en la fisonomía de la vegetación. A partir del análisis de esa cartografía, se pueden corroborar cambios importantes en el recorrido de los ríos, como el Salado, que ha cambiado su curso inferior en los últimos cientos de años.

En cuanto a la cuenca del río Uruguay -región sobre la que se encuentra mucho menos material de archivo- pudo verse que las plantaciones de yerba mate se extendían ampliamente en la región que abarca la cuenca en Brasil más al sur que en la actualidad, evidenciando cambios en las condiciones ambientales.

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