Detrás del sol y el buen vino
Puente del Inca, sitio histórico de Mendoza Crédito: El Cronista Regional

Detrás del sol y el buen vino

Al paso veloz de las lagartijas y los ríos caudalosos. En sintonía con los rayos de sol que se multiplican en las piedras del tesoro montañoso. Empapados del perfume de duraznos y manzanas. Sueltos de tiempo, cargados de motivaciones, plenos de entusiasmo.

Nuestro viaje de verano 2003 completó 15 días en la provincia de Mendoza y en menor medida San Luis. La primera escala se dio en la capital mendocina, ciudad moderna y motivo de inmediata admiración del turista. Desde allí se planearon los primeros pasos, buscando sitios apartados del movimiento turístico convencional.

Un cielo diáfano acompañó la estadía al pie del Cordón del Plata, desde donde se levanta el Cerro Volcán Tupungato (6.800 mts.), con sus picos nevados a modo de telón de fondo de viñedos y plantaciones frutales. Se trata de la ciudad de Tupungato -nombre dado por los Huarpes: “Mirador de Estrellas”- situada en el Valle de Uco, en el centro oeste de la provincia de Mendoza, a 70 kilómetros de la capital, con unos 40.000 habitantes.

En el camping Patios de Correa recibimos la frescura de una sombra exuberante de álamos y nogales, y la música de un serpenteante arroyo que atraviesa un predio ideal para el descanso.

Desde ese punto, recorrimos hacia el noroeste Potrerillos, Puente del Inca, Aconcagua, Uspallata y Villavicencio, un circuito que decidimos realizar en un día, para luego continuar hacia el sur. El imponente cerro Aconcagua (6.959 mts.), en el Parque Provincial de 71.000 ha. que lleva su nombre, resultó para estos viajeros el punto más impactante. Puente del Inca, también llama la atención de los visitantes con su color amarillo-rojizo, que otorga más misterio a esa formación natural provocada por la erosión térmica de las aguas sulfurosas del río de las Cuevas. En ese lugar, se edificó en 1925 el Hotel Puente del Inca, arrasado por un alud en 1965. Cada habitación tenía su propia baño de agua termal, que hoy sigue surcando hacia el cielo las piedras con una temperatura que oscila entre los 34 y 38 grados centígrados.

Un párrafo aparte merece en nuestro itinerario la ruta que conduce a Villavicencio, donde en medio de la montaña y entre una frondosa vegetación, se alza el famoso hotel, que no funciona desde hace varios años. El camino, denominado de las 365 curvas, resultó nuestro primer gran desafío en este viaje, con un impresionante paisaje observado desde “balcones” naturales propiciados por peligrosas cornisas.

Ya camino al sur, con destino a El Sosneado primero y Malargüe después, vendría la segunda etapa del viaje: el contraste del valle fértil en la zona de Tunuyán con el inicio del ripio en la mítica Ruta Nº 40 abriendo un paisaje árido e inhóspito; la aventura de la “40 vieja”; un espejismo en el dique Agua de Toro con el Río Diamante; y la soledad de Los Buitres. “En busca de El Sosneado” abre ese segundo capítulo.

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