Diplomatura en gestión cooperativa: el desafío de formar líderes en un mundo individualista
En un escenario donde la competencia y el mérito individual ocupan un lugar central, el cooperativismo enfrenta un renovado desafío: demostrar que la organización colectiva sigue siendo una alternativa viable para generar riqueza y sostener empleo en las comunidades.
Con ese horizonte, la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral (FCJS-UNL) y el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) lanzan la segunda cohorte de la Diplomatura Universitaria en Gestión de las Organizaciones de Economía Social y Solidaria (DIGESS), una propuesta formativa que apunta a profesionalizar un sector con fuerte presencia en la economía argentina.
Julio Tealdo, director del cuerpo docente de la diplomatura, advierte que la discusión sobre el cooperativismo no es solo económica, sino también cultural: “hoy vivimos un contexto que exacerba el individualismo, no solo en nuestro país sino en gran parte del mundo”. Frente a esa tendencia, el cooperativismo propone otra lógica: organización democrática, trabajo solidario y reparto colectivo de los resultados.
Lejos de tratarse de un fenómeno marginal, el sector tiene un peso significativo en la economía argentina: las cooperativas y mutuales aportan entre el 10 y el 15 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI).
Respuestas que nacen de la comunidad
Para Tealdo, una de las claves del cooperativismo es su capacidad para responder a necesidades que muchas veces quedan fuera tanto de la lógica empresarial como de la capacidad de intervención estatal.
“Las cooperativas siguen teniendo espacios donde la tasa de ganancia del empresario privado no llega”, explica en diálogo con El Santafesino. Esto se observa, por ejemplo, en la prestación de servicios en pequeñas localidades, en sectores donde el acceso al trabajo formal se vuelve cada vez más limitado o en actividades donde la rentabilidad no resulta suficiente para atraer inversiones privadas.
En ese sentido, el cooperativismo no solo funciona como una alternativa productiva, sino también como una herramienta de desarrollo territorial y de organización social.
Profesionalizar el cooperativismo
La caída del consumo y las dificultades productivas no afectan únicamente a las cooperativas, sino también a pymes y grandes empresas de distintos rubros. En este contexto, el docente identifica la necesidad de repensar el funcionamiento interno de las organizaciones de la economía social y habla de una etapa de transformación del sector. “Muchas cooperativas hoy tienen que autosustentarse y, para eso, necesitan ser más eficientes”, afirma Tealdo.
A través del Programa de Economía Social y Solidaria y del Observatorio de Economía Social de la UNL, los equipos de investigación registran dificultades frecuentes en la gestión institucional de las cooperativas; especialmente en aspectos administrativos, contables y organizativos.
“Nos encontramos con cooperativas que funcionan bien en lo económico, pero que tienen problemas para cumplir con cuestiones formales como balances, libros de actas o normativas legales”, explica el docente. Al mismo tiempo, también observan la incorporación de nuevas generaciones al sistema cooperativo -tanto trabajadores como socios- que muchas veces desconocen su funcionamiento y sus principios.
La propuesta busca responder a esas necesidades con un recorrido formativo que abarca historia del cooperativismo y el mutualismo, normativa, administración, contabilidad, políticas públicas, planificación estratégica y gestión de proyectos.
El programa incluye 14 cursos organizados en seis módulos, con una duración de un año y medio. La cursada será 100% virtual, arancelada, y estará abierta a cualquier persona con título secundario completo, lo que permitirá la participación de estudiantes, integrantes de cooperativas, funcionarios públicos y personas interesadas en la temática de todo el país e incluso del exterior.
Universidad pública y economía solidaria
La iniciativa también plantea un desafío para la universidad pública: ampliar la formación en un campo que, hasta el momento, tiene escasa presencia curricular.
Según Tealdo, esta diplomatura constituye una de las primeras propuestas sistemáticas dentro de la universidad orientadas específicamente al sector cooperativo y mutual.
“La universidad pública tiene un rol fundamente porque forma parte de ese entramado de solidaridad que debería existir en la sociedad”, sostiene.
Cooperativismo en tiempos de crisis y transformación
Más allá de la formación específica, el debate sobre el cooperativismo se vincula con transformaciones profundas del mundo del trabajo y de la economía.
El sector atraviesa una etapa de cambio: durante las últimas décadas, especialmente desde comienzos de los años 2000, las políticas públicas impulsaron un crecimiento sostenido en la creación y matriculación de cooperativas. Sin embargo, en el escenario actual, muchas organizaciones deben autosustentarse y competir en una economía mixta capitalista, lo que hace imprescindible la profesionalización de su gestión interna. “Muchas cooperativas hoy tienen que salir a competir en el mercado y ser más eficientes para sostener su actividad”, señala Tealdo.
Al mismo tiempo, el docente vincula el crecimiento del cooperativismo con procesos estructurales de la economía contemporánea. “El capitalismo está generando una expulsión permanente de mano de obra, ya sea por cambios tecnológicos, por la inteligencia artificial o por transformaciones productivas. En épocas de crisis, cuando más gente queda sin trabajo, muchas veces aparece la necesidad de juntarse, armar una cooperativa o alguna forma de asociatividad para generar una actividad y compartir costos”, explica.
Sin embargo, el desafío no es solo económico sino también cultural. “La cooperativa es un sistema horizontal y democrático. Las decisiones se toman de manera consensuada entre todos, algo que en sociedades muy individualistas suele ser todo un desafío”, concluye.