Educar en los valores
El presidente del Club La Perla, César Bergamini, y Tesorera de la Mutual del Club Alma Jrs., Ana María Meiners Crédito: El Cronista Regional
Opinión
Especial para El Santafesino
10/08/2007
educación libertad valores humanos

Educar en los valores

La educación la podemos entender como desarrollo de la personalidad, en dos facetas importantes: la originalidad y los valores permanentes. La originalidad no consiste en invertir o cambiar los valores sino en la forma personal de captarlos e incorporarlos.

Actualmente vemos cómo muchos de esos valores están invertidos en la sociedad, fruto de la manipulación en sus diversas modalidades, como la publicidad, la información sesgada de los telediarios, las manifestaciones de algunos políticos y alguna legislación que no vela por la vida y el bien común de las personas.

Se presentan como valores la irresponsabilidad, la infidelidad matrimonial, la deslealtad en las relaciones humanas y la arbitrariedad en las empresas y ambientes políticos. No se busca la verdad y la realidad de las cosas sino se manifiesta aquello que favorece la imagen del partido, aunque sea mentira. Esta inversión de valores busca el dominio sobre las personas, los beneficios en las venas y el propio egoísmo. Muchos de los planteamientos que oímos en los medios de comunicación no pretenden la verdad ni el afán de servicio a los demás.

Sin embargo, la educación exige una reflexión para descubrir e incorporar algunos valores permanentes, todos ellos relacionados con el bien y con el amor. Para algunos autores la educación para el amor es la dimensión más importante, pero habría que distinguir entre el amor y el egoísmo.

Por otro lado, no podemos olvidar la dimensión humana de la libertad responsable del ser humano, porque amor y libertad se exigen mutuamente. La educación de cada hombre puede concebirse como crecer en libertad y crecer en el amor para conseguir su fin llegando a ser él mismo, aprendiendo a ser persona. El fin del hombre lo encontramos fundamentalmente en la fe. En la práctica supone el crecimiento en una serie de virtudes humanas y sobrenaturales. En síntesis, sería educar la libertad en la fe para el amor.

Arturo Ramo García es Inspector de Educación.

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