El joven frente a su discurso: perspectivas de análisis
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El joven frente a su discurso: perspectivas de análisis

El siglo encontró a las sociedades intensa y globalmente comunicadas. Nuevos soportes informáticos, vertiginosas formas de lectura y de producción de mensajes, y una cada vez mayor influencia de los medios masivos, conforman un panorama diferente, que propone distintas maneras de emitir y recibir los textos.

Este zapping cultural complejiza y resignifica las tareas de escritura y lectura; propone un nuevo escenario para la construcción de significados y -consecuentemente- de nuestro pensamiento. Pero al mismo tiempo, evidencia conflictos: los jóvenes apenas logran apropiarse del discurso, lo que representa un problema cuando se enfrentan a situaciones educativas exigentes, como la que proponen los ciclos universitarios.

“La problemática de la escritura y la lectura en todos los ámbitos de la educación está siendo considerada desde diversos puntos de vista y especialmente desde el área de las ciencias del lenguaje”, indican las profesoras María Beatriz Bolsi de Pino y Adriana Falchini, responsables de la investigación La lengua oral en las aulas, que se enmarca en los Cursos de Acción para la Investigación y el Desarrollo (CAI+D), que promueve y subsidia la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Según indican las docentes, “todos los saberes acumulados por los jóvenes durante doce años de escolaridad no se adecuan fácilmente a las nuevas situaciones de escritura de la vida universitaria”, las cuales representan “un nuevo contexto de escritura”.

En realidad, pese a las exigencias de lectura y escritura, la escuela no impide que el alumno egrese con problemas de comprensión. Dicho en palabras del pedagogo Daniel Prieto Castillo: “Copiar la palabra de otro no lleva a adquirir ninguna capacidad, y menos la de expresarse. Es que someterse a lecciones no permite la apropiación de las posibilidades del discurso”.

Inspiradas en el tema, las docentes observaron los primeros escritos y textos orales de los alumnos como documentos lingüísticos, tomando como muestra aquellos ingresantes que cursan la cátedra Práctica de la Educación Oral y Escrita, que se dicta en la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la UNL. Esos “documentos” son capaces -según indican las profesionales- de explicitar los aprendizajes realizados por los alumnos hasta ese momento.

Discurso ajeno

“Los alumnos evidencian una extranjeridad frente a sus propios textos escritos/orales. En muchos de los casos se sitúan frente a las consignas de escritura sin una representación del escrito como producto final, es decir, sin representación del texto con valor pragmático y comunicacional”, analizan las docentes, quienes agregan que no existe en esos jóvenes una mirada experta sobre su propia escritura: no han construido su propia demanda sobre el discurso, ni han podido constituirse como sujeto autor y sujeto lector, que les permita trabajar en forma autónoma con su palabra.

Pero, ¿qué sucede con los doce años de escolaridad durante los cuales se ejercitaron la escritura, la lectura y la oralidad? “La enseñanza de la escritura se situó más en el saber o poseer información acerca de los textos que en el plano del saber hacer”, indican las investigadoras. De esta forma, “han aprendido a través de innumerables textos, pero la reflexión sistemática sobre la tarea se ha solapado, diluido y se supone adquirida”, aunque verdaderamente no lo esté.

“El saber acerca de la escritura ha solapado a la escritura como un conocimiento complejo”, explican las docentes y agregan: “El saber se ha escolarizado, convertido en una asignatura escolar, y se ha perdido la estricta relación que el lenguaje tiene con los dominios de desarrollo”.

Revertir la situación requiere desplazar el eje que prioriza la lengua como objeto teórico para comenzar a considerarla producto de la actividad social. En otras palabras: reemplazar la concepción de lengua como sistema de signos y relaciones por otra en la que lengua es utilizada por hablantes concretos en situaciones concretas de comunicación.

El trabajo

En el marco de la cátedra Práctica de la Comunicación Oral y Escrita, las docentes se plantearon organizar el aula como un “espacio de investigación acerca de la escritura”, para lo cual proponen que los alumnos se constituyan como sujetos lectores/escritores y se familiaricen con las prácticas de cualquier lector/escritor experimentado.

“Cada alumno -se proponen las profesoras- debe descubrir su personalidad de escritor/lector, sus habilidades y sus dificultades, para seguir trabajándolas durante su estudio y su vida profesional”.

Para esto, la cátedra se transformó en un taller que se dividió en dos módulos: lectura (que tiene como eje “Leemos como están escritos los textos”) y escritura (que propone el eje “Escribimos pensando en ser leídos”). En el transcurso, los alumnos reflexionan sobre las características del proceso de escritura, y también sobre las características de su escritura profesional, a través de constantes evaluaciones y correcciones de borradores en actividades grupales.

“En el comienzo del taller, los alumnos observan poco de sus escritos. Al avanzar en la concientización de los procesos, empiezan a ver más elementos”, indican las investigadoras, lo que favorece el aprendizaje y alienta la apropiación del discurso por parte de los jóvenes.

“A través del lenguaje, convertido en objeto de reflexión, la escritura permite reflexionar sobre el mundo”, dicen las docentes. Es por eso que la meta del taller es, nada menos, que “lograr contrarrestar el ventrilocuismo; que la lectura y la escritura rompan los límites de cualquier subordinación. La lucha por descubrir la propia voz, por lograr el pensamiento original, tiene siempre un efecto liberador”.

¿Qué es escribir?

* La escritura y el lenguaje escrito son dominios del desarrollo y, por lo tanto, deben ser explorados cuidadosamente desde el campo de la psicolingüística y sistemáticamente enseñados en la escuela.

* El proceso de aprendizaje de la escritura y la lectura no es aditivo: sin trabajo espiralado, sistemático, no se logra calidad textual; es necesario que existan hábitos de actividad reflexiva y “mentalmente comprometida”.

* El retorno a lo ya hecho: el conocimiento no avanza sólo por principios biológicos, sino por una re-elaboración de las propias representaciones.

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