“El mundo desarrollado quiere una Argentina proveedora de materias primas y recursos naturales”
“Lo que están buscando a lo mejor es que Argentina, en un grado de confusión, no pueda cambiar su matriz productiva, no pueda generar riqueza a través de sus propios recursos y siga en este modelo primarizado que es lo que quiere el mundo desarrollado para Argentina”.
Esta frase, tejida entre extensas pero ricas anécdotas desde la cocina del poder, es una síntesis del planteo que dejó José Ignacio De Mendiguren en su reciente paso por la ciudad de Rosario, para presentar su libro “2001 / 2021 La historia no contada de la gran crisis. Cómo acordar un camino para el desarrollo argentino”.
La presentación se realizó ante empresarios, funcionarios provinciales y público en general, en el cierre de actividades de la Federación de Industriales de la Provincia de Santa Fe. En representación del gobernador de Santa Fe, Omar Perotti, estuvo presente el ministro de la Producción, Daniel Costamagna, en tanto como anfitriones, estuvieron Guillermo Moretti y Víctor Sarmiento de FISFE.
El abismo y la recuperación
La obra revela la historia no contada del proceso que desemboca y estalla en la gran crisis de 2001. Protagonista insoslayable de aquellos días, José Ignacio de Mendiguren, por entonces presidente de la Unión Industrial Argentina, y al poco tiempo primer ministro de Producción de la Nación, traza aquí la crónica de una muerte anunciada mucho antes que lo había encontrado batallando primero contra el modelo de la convertibilidad de los 90 y después contra la fenomenal presión en favor de la dolarización del 2000.
“El Vasco” resaltó en ese marco el movimiento político social generado en ese entonces, para alcanzar una propuesta que permita una salida a la profunda crisis que había generado el modelo neoliberal en Argentina. “Ese movimiento que empezamos a trabajar, con los empresarios nacionales, los trabajadores, la iglesia, las universidades, nos permitió enfrentar en los finales de la convertibilidad, a todas las privatizadas y los bancos extranjeros que venían por con un proyecto claro: dolarizar la economía” recordó.

Considera que esas interminables charlas y reuniones, con argumentos en mano, tuvieron éxito. “Pudimos instalar un modelo productivo que nos permitió pasar de la peor crisis al período de crecimiento más largo de la historia argentina, casi el 75% del crecimiento del PBI entre 2002 y 2011″ resaltó, para pasar en limpio el motivo de su libro: “En momentos difíciles como los que está la Argentina, pretende transmitir es una experiencia de cómo ante una crisis muy anunciada, actuaban los distintos actores nacionales”.
De Mendiguren asegura que muchos de ellos “hoy están con los mismos discursos, los mismos vaticinios catastróficos y cómo se puedo salir de eso. Luego la recuperación de la Argentina, en aquellos momentos, hubo un acuerdo político que fue clave entre el radicalismo y el peronismo que dijeron de esto salimos juntos. Después cada uno seguiría su camino. A mí me convocaron (Raúl) Alfonsín y (Eduardo) Duhalde para ser el primer ministro de la Producción en la historia argentina. Y salimos a través de la energía productiva del interior del país. Cuando vienen las crisis que por lo general son crisis de un saqueo financiero, la Argentina se recupera por el interior, que es lo que hoy está pasando”.
Mingo en el final
Luego de un repaso de los sucesos previos a la crisis de finales de 2001, De Mendiguren comenzó a revelar una catarata de momentos que hoy sería anécdotas imperdibles de cualquier charla de café o asado con amigos. “Cuando (Domingo) Cavallo pone el corralito un fin de semana, el Fondo Monetario estaba en la Argentina y se sorprendió muchísimo. El presidente de la Unión Industrial me pidió una reunión ese día lunes. Argentina estaba convulsionada, los banco cerrados. Entonces yo los recibí, pero con los bancos, con los grupos productivos, con las dos CGT y allí nos sorprendió John Storton que era el representante del Fondo Monetario cuando nos dijo a principio de diciembre, que no iban a mandar los 1260 millones de dólares para que Argentina no cayera en default, que había que salir de la convertibilidad porque era insostenible el uno a uno con la pérdida de competitividad de la economía argentina. Nosotros nos sorprendimos muchísimo y a partir de ahí nos dimos cuenta que el final ya estaba cerca. Cavallo estaba emperrado con Washington pero no lo atendían. Este grupo, donde Santa Fe tuvo una importancia muy grande y logramos evitar que Argentina fuera a la dolarización e inaugurar ese período de crecimiento”.

“Ahí también jugó un rol muy importante la Iglesia -amplió- porque monseñor Primatesta que en 1999 era presidente de la Conferencia Episcopal. Nos llevó a Roma, fuimos nosotros y la CGT junto al Papa Juan Pablo II, nos comprometimos a crear una mesa de diálogo que precisamente permita que la Argentina vuelva a crecer por los caminos que estaba siguiendo, era una Argentina para las multinacionales, para los bancos extranjeros, pero día a día se seguía destruyendo al empleo. Durante dos años y medios trabajamos juntos y cuando llegó la crisis por suerte estábamos juntos”.
Romper la grieta
Una economía primarizada podía ser útil para la Argentina a principios del siglo XIX cuando éramos cuatro millones de habitantes, pero no ahora con 45, sostiene el dirigente industrialista. “Advierto que en este momento la Argentina está creciendo y (esos sectores concentrados) vuelven con las mismas quejas que tenían antes. Hay que estar atentos, no separarnos. El otro día presenté el libro en Buenos Aires, invité a todos, invite a la oposición, invité a la Iglesia, invité a la CGT. Ese creo que es el camino, romper la grieta, tender puentes” remarcó.
Tiene fe en la dirigecia joven, “que no vienen con los viejos vicios nuestros y de ambos lados de la llamada grieta. Ellos tienen futuro en la política. La gente está mal, la gente esta enojada, angustiada. En el 2002, la gente no decía que se vaya De la Rua, decía que se vayan todos. Entonces veo que no solo en la Argentina, sino en el mundo hay una irritación enorme hacia la política. En países como Alemania no hay probreza, hay estabilidad, sistemas hospitalarios sólidos, una dirigente extraordinaria como Merkel perdió las elecciones” ejemplificó.
Finalmente, respecto de las actuales negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, estimó que estas llegarán a buen puerto. “El Fondo no puede haber dado el crédito que dio hace dos años, con un perfil de vencimiento que era absolutamente impagable y en un momento que el país tenía 30 mil millones de dólares de déficit. No había ningún número que pudiera justificar ese crédito ¿y no nos van a ayudar ahora, cuando la Argentina está empezando a crecer, está generando 15 mil millones de superávit en la balanza comercial?” se preguntó con ironía.
“Si hay buena intención de ayudar a la Argentina -completó- que tenga un tiempo para que pueda empezar a recuperarse y no obstante se la quiere empujar a una crisis, dudo que quieran cobrar. Lo que están buscando a lo mejor es que Argentina, en un grado de confusión, no pueda cambiar su matriz productiva, no pueda generar riqueza a través de sus propios recursos y siga en este modelo primarizado que es lo que quiere el mundo desarrollado para Argentina. El mundo desarrollado quiere una Argentina proveedora de materias primas y recursos naturales. Si nosotros entramos en ese juego y les entregamos a ellos el poroto de soja para que hagan el biocombustible, en minería le entregamos el barro que sacamos de la lumbrera para que ellos determinen después de Australia o Canadá que es lo que dio, con esa Argentina no tenemos salida” remató.