“El periodismo de investigación en Argentina está en retirada”
Marcelo Larrraquy visitó la ciudad de Santa Fe Crédito: El Santafesino
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Redacción El Santafesino
20/10/2007
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“El periodismo de investigación en Argentina está en retirada”

En la década de los años ’90 surgieron novedosas propuestas editoriales que ejercían un periodismo de investigación denunciatario y confrontativo. El desguace del país –privatizaciones compulsivas y licitaciones poco transparentes, denuncias por malversación de los dineros públicos, sobornos, etc.– generaron una situación de desprendimiento de muchas fuentes que permitieron, desde diversos testimonios, pintar la crónica histórica de la segunda década infame que vivió la Argentina.

Esa actitud crítica del periodismo de investigación, según el reconocido periodista e investigador Marcelo Larraquy, “está en retirada. Hoy hay muchos condicionamientos que hacen que el periodismo de investigativo perdiera la fuerza de la verdad oculta que se revela”.

El primero de los condicionantes que citó el escritor –quien visitó la ciudad de Santa Fe para brindar la conferencia ”Periodismo e investigación en la Argentina post-menemista”, en el marco del ciclo de conferencias organizadas por la Facultad Libre de Rosario, UNL y ATE–, fue la publicidad gubernamental: “Hoy el periodista está prisionero de la pauta oficial; nadie se resigna a vivir en forma más austera haciendo periodismo investigativo. Hay muchos comunicadores que deciden tener auspicios oficiales, pero eso veda la posibilidad de ejercer el periodismo de investigación, que demanda un trabajo de sacrificio, a veces artesanal, de paciencia y mucha mística. La pauta oficial le resta poder crítico al periodista, algo que hace intrínsecamente a su profesión”.

Hay muchas maneras de condicionar a los periodistas: por ejemplo, el famoso ‘sobre’ con dinero proveniente de la SIDE o cualquier dependencia gubernamental. “Hoy la figura de ese sobre entra ‘blanqueada’ a través de la pauta oficial, que puede llegar a cooptar al periodista, a limitarlo, a que no escriba sobre determinados temas. Eso pone en un dilema moral al periodista, porque por un lado tener un aliento oficial facilita las cosas para desarrollar un proyecto periodístico, pero por el otro lo condiciona al momento de ejercer un periodismo crítico que busque la verdad, concepto sagrado en este oficio”, señaló el escritor.

La publicidad oficial, hoy

Los datos hablan por sí solos: el Poder Ejecutivo Nacional invirtió 209.638.868 pesos en publicidad oficial en 2006, lo que representa un aumento del 64,4% respecto de 2005. En el primer semestre de 2007, el gasto alcanzó los 164.710.597,40 pesos. En los primeros seis meses de este año ya se invirtió casi el 80% del total de 2006. Los datos surgen de un informe que presentó hace poco la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) sobre la inversión publicitaria del PEN durante 2006 y 2007.

El reporte discrimina la inversión publicitaria según las campañas y avisos publicitarios contratados en 2006, e incluye una lista de las campañas y sus costos. En 2006, la campaña más costosa fue la de “Servicio Doméstico” de la AFIP, con un total de 24.922.403 pesos. Le siguió “Hablemos” (15.263.872 pesos), de la Secretaría de Prevención del Narcotráfico y “Tabaquismo” (12.736.538 pesos), del Ministerio de Salud. En los primeros seis meses de 2007, los primeros tres lugares fueron para “Accidentes de Tránsito”, del Ministerio del Interior, con 15.726.553,94 pesos, “Alcoholemia” de la Secretaría de Prevención del Narcotráfico, con 15.046.327,29 pesos y “Antitabaco”, del Ministerio de Salud, con 12.329.105,86 pesos.

Llama la atención el costo de los avisos de visitas presidenciales, que figuran en sexto lugar dentro de la lista de mayores campañas/avisos realizados durante 2006 y en el quinto lugar en el primer semestre de 2007. Considerados en conjunto, estos avisos duplicaron en ambos períodos a campañas de políticas públicas como las de “Trabajo Registrado” o “Volver a la Escuela”.

La ADC considera que la publicidad oficial, si es correctamente utilizada, “puede cumplir una función muy positiva. En cambio, no debe promover –explícita o implícitamente– los intereses de ningún partido político ni del gobierno. En un año electoral como el actual, será importante cotejar que la publicidad de los actos de gobierno no sea utilizada indirectamente como modo tendiente a captar el sufragio a favor de determinados candidatos”, indicó en su informe.

Fuentes cerradas y periodismo de investigación “caro”

Según Larraquy, otro condicionamiento que desnaturaliza el tradicional periodismo investigativo es que “las fuentes de información están cerradas. Antes la información no se regalaba, pero había más ‘huecos’ donde se podría entrar. Hoy el Gobierno nacional no da información suficiente ni hace estudios críticos sobre el desempeño de los funcionarios públicos. Es grave, en este sentido, la manipulación de que es víctima el INDEC, por ejemplo. Tampoco la justicia motoriza causas sobre corrupción; no sabemos aún que pasó con el dinero de Wilson Antonini, el venezolano que fue detenido en Ezeiza con una valija llena de dinero. En otras épocas, la revelación periodística de ‘lo que realmente pasó’ hubiese permitido llegar al buen puerto de la verdad”.

Las fuentes son inexpugnables, eso limita el trabajo investigativo. El periodista termina acomodándose a la situación, y pierde la ‘fibra’ o la curiosidad periodística natural que hace a la profesión. “Noto que no estamos frente a un camino cerrado, pero sí observo claramente que en los últimos 4 ó 5 años hubo un vació profundo en la investigación periodística”, remarcó Larraquy.

“Hay que señalar como tercer condicionante que el periodismo de investigación es caro. Cuando trabajamos en el caso de la ‘Maldita policía’ para la revista Noticias, por ejemplo, éramos 10 periodistas, teníamos que ir a chequear apenas un dato a otra provincia, todo lo cual insumía gastos en movilidad, contratar fotógrafos, etc. En consecuencia, el periodismo de investigación demanda dinero que no se recupera en poco tiempo, porque es un trabajo a largo plazo”.

Los nuevos intereses del público lector

Entra en discusión además si interesa tanto como antes al público un informe de investigación. “Que lo condenen a Menem por lo de Río Tercero a 12 años de aquellos fatídicos episodios hace que el hecho queda olvidado en el tiempo; no hay dinámica judicial que permita agilizar juicios y condenas a responsables de ilícitos. No sabemos si interesa tanto como antes a los lectores, y gran parte de la responsabilidad de este desinterés también la tenemos los propios periodistas”, reconoció Larraquy.

En las provincias todo este dramático estado de cosas se acentúa mucho más. “He viajado y hablado con muchos colegas, y esto de la pauta oficial es mucho más doloroso”, dijo el escritor. “He visto muchas redacciones improvisadas en un pasillo, con un grupo de computadoras viejas donde se procesa la información: los periodistas cobran un salario paupérrimo y se convierten en meros transmisores de los actos de gobierno, se vuelven voceros, bocas de llegada de la pauta oficial, y así se veda la posibilidad de periodismo independiente. Esto es muy crudo, es un estado de situación doloroso para el periodismo. La financiación privada del periodismo es excepcional. Es difícil, es este contexto, contribuir a una mayor transparencia, y a un mejoramiento en la calidad institucional del país”, concluyó.

Sobre el autor

Marcelo Larraquy es periodista e historiador (cursa estudios de Doctorado en la Universidad de Buenos Aires). Es especialista en investigaciones históricas de las décadas de 1960 y 1970. Fue editor de la revista Noticias, realizó investigaciones y guiones de biografías y documentales para programas de televisión, y escribió artículos para los diarios El País y Diario/16, de España. Ganó el premio Pléyade a la mejor investigación periodística del año 1999. Es coautor, junto a Roberto Caballero, de “Galimberti. De Perón a Susana”; “De Montoneros a la CIA” (también publicado en España) y autor de “López Rega. La biografía”. “Fuimos soldados” es su tercer y último libro editado.

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