Fin de año al calor de una creciente protesta social en Santa Fe
El 29 de diciembre de 2003 se cumplieron 8 meses del ingreso del río Salado a la ciudad de Santa Fe, que desató la tragedia que conmocionó al país. El 29 de diciembre de 2003 también se cumplieron 19 días de gestión del actual gobierno encabezado por el Ing. Jorge Obeid. El 29 de diciembre de 2003, finalmente, marcó un punto de inflexión en la relación gobierno-sociedad en Santa Fe. Analicemos aspectos de estas tres realidades vividas el mismo día.
Los reclamos
A 8 meses de la inundación que significó una de las tragedias más terribles de la historia santafesina, miles de santafesinos aún padecen las penurias de un fenómeno natural cuyas consecuencias -previsibles- devastaron no sólo sus bienes materiales sino también sus vidas.
Muerte, desolación, desamparo. Soledad, tristeza, angustia. Personas cuya identidad se transformó: “soy inundado” comenzaron a decir, mientras sufrían en carne propia el drama de la exclusión social. Perdieron su rol de ciudadanos -muchos de los cuales ya estaban fuera del sistema, por pobres e indigentes- y comenzaron a mendigar ayuda económica para volver a empezar y reinsertarse en la comunidad.
Memoria y compasión, por favor: once familias aún “viven” en la estación del Ferrocarril Belgrano en compartimentos de madera, una condición de vida denigrante. Otras tantas forman parte del campamento del barrio La Florida, donde como refugiados, subsisten hacinados en carpas.
Algunos de los inundados -unos 300- fueron a la Plaza de Mayo donde está instalada la Carpa Negra de la Dignidad para reclamar más ayuda al gobierno provincial. “Queremos terminar el año con un peso en el bolsillo” clamaron.
Sin embargo, desde otro punto de vista, la protesta mostró sus flaquezas: son unas 30.000 las personas que figuran en los padrones a través de los cuales se registra la ayuda oficial. Si bien cabe aclarar que muchos cumplían con sus trabajos durante la mañana de este 29 de diciembre, es obvio formularse una pregunta: ¿el resto dónde está?
Es interesante esbozar un escenario posible: qué pasaría si en lugar de 300, cada 29, protestaran frente a la Casa Gris, supongamos, unos 3.000…
Las soluciones
Obeid ya trabajaba en su despacho el 11 de diciembre. Desde entonces -en tiempo, nada- encontró en su camino una piedra tras otra. Reclamos salariales de empleados públicos y judiciales, protestas de inundados y beneficiarios de planes sociales por ayuda económica y continuidad de los subsidios. Paros, cortes de calles y diverso tipo de manifestaciones. Un comienzo de gestión con severo dolor de cabeza.
“Les pido paciencia” insistió el primer mandatario, aunque su plegaria tenga sentido según los casos. Una persona que perdió su casa o sus pertenencias por la inundación y tiene problemas para poner un pan sobre su mesa, perdió la paciencia hace bastante. “El hambre no tiene tácticas moderadas. El hambre tiene hambre” sintetizó en un reciente artículo, titulado “Freud y los piqueteros”, Eduardo Pavlovsky.
En cambio, un empleado público que tiene -claro está, como derechos incuestionables- estabilidad laboral, cobertura médica, ayuda escolar, vacaciones, aguinaldo y percibe sus haberes los primeros días de cada mes, podría tener un gesto solidario y pensar en los que menos tienen. Por supuesto, sin dejar de cesar en la lucha y sus justos reclamos. De los empleados judiciales, ni hablar.
Estos elementos pueden hablar a favor de Obeid, como también dar la cara como responsable máximo del gobierno provincial, buscar permanentemente instancias de diálogo o mantener su agenda de actividades sin mediocres cálculos políticos.
¿En qué punto del territorio provincial hubiera estado Carlos Alberto Reutemann este 29 de diciembre? Rosario, San Justo, Los Amores… menos en la Casa de Gobierno, en cualquier lado. Bien temprano, hubiera salido, como siempre, por la puerta de atrás en busca de un destino que permita neutralizar (¿o evadir?) la protesta.
Obeid se reunió con Monseñor José María Arancedo justo en el día de un nuevo aniversario de la tragedia. En las puertas del arzobispado, decenas de personas condicionaron su salida e intentaron agredirlo.
Desde otra perspectiva, las acciones oficiales parecen desmentir la “ordenada” transición de gobierno que se declamó en reiteradas oportunidades.
De reunión en reunión con Reutemann, Obeid hizo público una y otra vez que todo estaba en orden para comenzar su segundo mandato, mientras el ex corredor de Fórmula Uno firmaba decretos nombrando a sus amigos en Juzgados Comunales, otorgaba un “adicional” de 500 pesos al personal policial, completaba la ayuda a los inundados y preparaba su retirada hacia el Senado de la Nación.
¿No se dijo que las arcas provinciales gozaban de buena salud? ¿Obeid no advirtió las medidas que Lole adoptaba condicionando su futura gestión? Las respuestas están en la evidencia de lo que siempre se quiso disimular: la conflictiva relación entre Obeid y Reutemann.
Finalmente, siendo ambos del mismo signo político y Obeid un hombre con experiencia de gestión, era de esperar un comienzo de mandato no tan complicado como el actual. El compromiso por el bien común tendría que haber priorizado -por un lado- un trabajo serio y mancomunado para evitar problemas a futuro. Por otro lado, Obeid, advirtiendo la grave situación social de Santa Fe, particularmente los reclamos sectoriales, debió asumir con una batería de medidas que permita afrontar cada uno de los desafíos, en lugar de continuar la tarea de “revisar los números” (El Litoral, 26-12-03) que supuestamente realizó en la transición.
Gobierno y sociedad
La bisagra de la que se habló mas arriba, está en el cara a cara de Obeid con los inundados, en medio de la reunión del primer mandatario con Arancedo y el aniversario de la tragedia.
La desocupación cuyos índices se conocieron recientemente, la pobreza y la indigencia, las secuelas de la inundación, los planes sociales, serán los motivos de sucesivos focos de protesta social que pondrán a prueba al gobierno provincial.
Sin embargo, es preciso tener en claro dos cuestiones: primero, la actual gestión recién comienza y necesita tiempo para resolver conflictos, en muchos casos, urgentes. Segundo, los sectores que protestan no pueden “pasar la factura” a Obeid por problemas que provocó Reutemann. Para ser más claros: Obeid no puede hacer en quince días lo que Reutemann no hizo en cuatro años…
Ninguna de estas objeciones exime al actual gobernador de la responsabilidad que tiene en su cargo. Junto a su equipo, deberá instrumentar todas las políticas que prometió antes de retornar a la Casa Gris y, así, acompañar en la transformación del país a quien considera su referente político, Néstor Kirchner.