Intercambios de cultura y fe
Hace exactamente cinco años, un contingente de esta localidad conformado por autoridades comunales, representantes de instituciones y descendientes de familias oriundas de Birmenstorf (Canton de Aargau, Suiza), viajaba a esa región suiza en el marco del cumplimiento del quinto aniversario de firma del hermanamiento entre ambas comunidades. A diez años de ese acontecimiento, se renuevan expectativas de integración.
Con estos antecedentes las localidades de Humboldt y Sankt Niklaus del Cantón de Valais en Suiza, comenzaron a estrechar vínculos a fin de formalizar un intercambio entre dos pueblos hermanados por la sangre inmigrante. Parte de estas gestiones fueron reactivadas por el párroco Bernardo Blanchoud, quien recientemente visitó el viejo continente como habitualmente hace cada dos años. Allí, en tierras valesanas, y por tercera vez en su vida, oficia misas junto a pares locales, además de realizar actividades institucionales como la mencionada y visitar familiares y amigos.
En esta oportunidad, la primera misa se dio en la parroquia de Orsieres (Cantón de Valais), donde ayuda a los sacerdotes del lugar en la atención de las siete comunidades, casi todas en las montañas, en el corazón de los Alpes, a 20 kilómetros de la frontera con Italia. El padre Blanchoud aprovechó también el viaje para visitar Birmensdorf, pueblo hermano de Humboldt, lugar donde son muy comunes apellidos de familias humbolenses.
Luego visitó Sankt Niklaus, pueblo con el cual –como se dijo- se han mantenido conversaciones para llevar adelante una experiencia similar. En ese sentido, mantuvo una reunión con integrantes del gobierno local, cuya presidenta es Gabrielle Fux, para dar los primeros pasos hacia un intercambio de jóvenes a través de diversas modalidades. En concreto, ambas partes, ya comenzaron a visitar empresas a fin de hacerles conocer la propuesta y analizar la posibilidad de implementar pasantías.
En su viaje a Sankt Niklaus, el párroco brindó una exposición sobre Humboldt y se puso de acuerdo con Fux para trabajar juntos en este proyecto. “Pensamos que el hermanamiento sea el fruto de un encuentro que primero se de entre jóvenes de ambas comunas”, resalta Blanchoud al ser consultado por La Cuenca Santafesina. Además de las visitas a empresas e instituciones, se conversó con posibles candidatos a realizar el intercambio. Con algunos de estos jóvenes ya se habló a fin de que comiencen o afiancen el estudio del idioma alemán. “Estos son los primeros pasos de una experiencia que se puede dar en un año aproximadamente”, apunta.
Espíritus y fronteras
Respecto de su experiencia sacerdotal, comenta que los anfitriones solventan su estadía en Suiza y que su actividad consiste en la celebración de misas en los distintos pueblos. “Una de ella se celebró en un pueblito que se llama Champex Lac, ubicado a 9 kilómetros de mi lugar de residencia, en la montaña, al borde de un lago, un lugar turístico. En la misa había suizos, alemanes, belgas, franceses. Fue una experiencia única” relata.
Otra anécdota pinta la riqueza del viaje. “Una vez, bajando de la montaña, me encuentro con un pastor de ovejas. Nos pusimos a conversar y resultó que el pastor era un biólogo, y me propuso hacer una misa allí, en Catogne, que nunca se había realizado. A los 10 días fuimos con unos amigos, un día de lluvia, subiendo una hora y media la montaña. Éramos siete personas pero la misa se hizo, con las 400 ovejas afuera esperando en medio de la niebla” describe entre risas, en referencia a lo que finalmente fue un día histórico.
Finalmente, cuenta que con la presidenta de Sankt Niklaus y su antecesor, visitó una cabaña-refugio “Topali Hütte”, a 2.600 metros de altura, donde había un grupo de jóvenes que se encontraban en la instancia práctica de su escolaridad secundaria, una suerte de escuela técnica de nuestro país. Para ellos también ofició una misa. Las semillas de nuevos hermanamientos ya germinan. En un futuro no muy lejano, seguramente habrá retoños que terminarán de completar el paisaje encantador del Cantón de Valais, que el Padre Blanchoud nos regala con sus registros fotográficos, pero también los jardines de nuestro Humboldt, fértiles para otro abrazo fraterno.
Un mensaje
La vida de los habitantes suizos, de acuerdo a nuestra percepción y también a la realidad concreta, parece resuelta. No existen los problemas sociales que tenemos aquí, pero seguramente eso tiene una explicación, al margen de un mensaje de esperanza y fe. “Cuando uno llega a Suiza, admira el orden y la limpieza, como si todo estuviese solucionado. Pero esto no es un golpe de varita mágica. Es el fruto de años de insistir con la educación para llegar a uno de los niveles más altos del mundo. Uno observa niños de dos años que no juegan con las computadoras, sino con los libros. Eso hace que tengan otra postura ante la vida y vean a la cultura como algo bueno”, reflexiona.