La cría de caracoles se abre su espacio
El bajo costo de inversión que demanda y su alta rentabilidad, sumado a la proliferación de la especie del molusco -Helix Aspersa- y la fuerte demanda en los mercados externos, son elementos que ya han sumado el interés de varios productores. En la localidad de Ceres están trabajando 30 pequeñas empresas de helicicultores y en Tostado y Hersilia varios productores han hecho un notable aporte sobre esta incipiente actividad.
La novedosa aparición de la helicicultura como alternativa productiva quizás se deba a la nueva situación económica con la que se encontraron los productores regionales tras la devaluación. El surgimiento de la cría de caracoles forma parte de este lento pero progresivo proceso nacional de inserción de nuevos medios de producción para atender el mercado internacional y de recuperación de pequeñas empresas e industrias.
El desarrollo de esta actividad en nuestro país está dirigida, como lo hicimos notar, al consumo externo para el área gastronómica. Con la única excepción de Inglaterra, todos los países de la Unión Europea son consumidores. Las principales naciones importadoras de caracoles son Francia, Italia, España (su consumo durante 2001 fue de 14 mil toneladas), Estados Unidos, Canadá y Japón. Cuantitativamente, el mercado de caracoles para el rubro gastronómico en la UE está establecido entre 100 mil y 150 mil toneladas anuales. Otro dato a nivel mundial definiría la magnitud que ha adquirido este negocio y sus prometedoras proyecciones a futuro: en los últimos tres años se comercializaron en todo el planeta alrededor de 300 mil toneladas anuales (vivos, congelados, recolectados y conservados).
En cuanto al proceso de producción no se requieren criaderos de dimensiones amplias. Basta con cajas de engorde de escaso tamaño para mantener una buena cantidad de moluscos. La reproducción es rápida y continua: al ser el Helix Aspersa una especie hermafrodita, cada ejemplar pone entre 70 y 120 huevos. Los moluscos son alimentados con un nutrimento balanceado que contiene harina de soja, levadura, calcio, entre otros componentes, cuyo precio es mínimo.
El desafío que debe enfrentar el helicicultor de nuestra región se basa en tres exigencias: producción sostenida (continuidad); cantidad a corto plazo (puesto que el proceso productivo es lento, y así se dificulta el hecho de responder a las grandes demandas de los mercados internacionales) y calidad (que debe ir reforzándose por la paulatina aplicación de las tecnologías adecuadas y por una política dirigida a la apertura del crédito y al fomento de la inversión).