La guerra de Irak y el derecho internacional
La guerra de Irak y el derecho internacional
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Prensa UNL
21/01/2004
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La guerra de Irak y el derecho internacional

“Marzo de 2003 señalará uno de los momentos más difíciles de los últimos cincuenta años. Nunca como ahora nos encontramos frente al problema de una gravísima violación del Derecho Internacional, nunca como ahora nos confrontamos a la escasa capacidad del máximo organismo internacional para evitarla”, comienza a reflexionar la doctora María Teresa Flores, docente de Derecho Internacional Público y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FCJS) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

En un escrito que responde a una de las consecuencias más evidentes de la guerra, las violaciones al derecho internacional, Flores reconoce que “el dilema no es nuevo: el derecho o la fuerza”. Y agrega: “Pese a que multitudinarias manifestaciones populares en diversos lugares del mundo parecen demostrar que gran parte de la humanidad se opone a la guerra, Estados Unidos y su aliado continúan su campaña en el territorio iraquí. Los medios de comunicación nos muestran parte de esa terrible realidad”.

La docente menciona que “el orden internacional creado alrededor de Naciones Unidas está evidentemente en peligro. Los caminos para destruirlo definitivamente se han abierto, pero todavía hay oportunidad de fortalecerlo, de revitalizarlo.

“Sabemos que el Derecho Internacional es un derecho de autolimitación, donde los mismos sujetos que crean la norma se comprometen a someterse a ella. La opinión pública mundial debe comenzar a comprender esta realidad tan distinta al orden jurídico interno que condiciona las conductas sociales y según el cual los poderes del Estado actúan coordinadamente para que ello resulte ordenado y justo, conforme los principios de la normativa vigente. Esto determina así un comportamiento social enmarcado en reglas imperativas que nadie pone en duda, salvo la deliberada intención de modificarlas, para lo cual también existen mecanismos preestablecidos”, explica.

Más adelante subraya que “es importante comprender esa particularidad del derecho internacional para acceder a una interpretación más profunda de la situación actual en el mundo y al mismo tiempo incidir en los mecanismos locales de decisión política para que los representantes del pueblo actúen en determinada dirección al momento de opinar sobre la norma internacional”.

Ilegitimidad

El documento continúa: “En un mensaje reciente (20 de marzo del corriente año), el secretario general de las Naciones Unidas reconoció que quizá si hubiéramos perseverado un poco más, Irak podía haber sido desarmado pacíficamente o -en caso contrario- el mundo habría actuado para resolver este problema mediante una decisión colectiva, otorgándole una mayor legitimidad y, por tanto, ganando un mayor apoyo que el obtenido ahora”.

“Su reflexión -sentencia la docente- encierra una autocrítica respecto del rol del organismo internacional al momento de plantearse el conflicto y apunta además al aspecto más grave de esta contienda: la ilegitimidad con que las fuerzas aliadas de Estados Unidos y Gran Bretaña actúan unilateralmente en Irak, totalmente a espaldas de la opinión pública internacional y de la misma Carta de la ONU, que ordena a los Estados miembros abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas (Art. 2-4-).

En este sentido, la especialista en derecho internacional detecta “nuevamente la dicotomía: poder imperial / poder del derecho. La fuerza y la norma, también hoy, se enfrentan en el plano de las decisiones de los Estados, ante la incredulidad de los pueblos, que se sienten ajenos y alejados de ellas. Aún sabiendo que existe una incierta e indirecta posibilidad de revertir algún día, por los mecanismos propios de los sistemas representativos, situaciones hoy repudiadas. Esta conducta imperial, claramente enfrentada con el derecho, provoca también en el mundo una profunda sospecha y lógico temor sobre las actitudes futuras de los Estados autosuficientes. ¿Cuál es el límite del accionar imperial? ¿Cómo se podrá fortalecer el derecho internacional para que la gran familia humana se sienta protegida?”, se pregunta.

“Tal vez -concluye- sea el momento adecuado para que esas manifestaciones populares que claramente se oponen a este predominio de la fuerza, se transformen en una general demanda de las sociedades civiles a sus niveles dirigentes para que dediquen sus máximos esfuerzos a la reconquista de los caminos del derecho, y al diseño de organizaciones internacionales que impliquen un alto compromiso de los Estados miembros con la paz mundial”.

Una visión del vacío

“Aquellos seres sufrientes habían visto cómo el fuego destruía cuantas pruebas pudiera haber de su existencia como seres humanos. Sus ojos habían visto que las relaciones humanas, los amores, los odios, la razón, el derecho a la propiedad, todo se convertía en llamas. Y, en aquel momento, no lucharon contra las llamas, sino que lucharon contra las relaciones humanas, contra los amores y los odios, contra la razón, contra el derecho de propiedad. En aquel momento, al igual que la tripulación de un buque que se hunde, se hallaron en una situación en que estaba permitido matar a una persona para salvar a otra. El hombre que murió intentando salvar a la mujer que amaba no fue muerto por las llamas, sino por su amada. Y fue el hijo, y sólo el hijo, el que asesinó a su madre, cuando intentó salvarlo. Las circunstancias en que se encontraron y contra las que lucharon -circunstancias de una vida a cambio de una vida- probablemente fueron las circunstancias más elementales y más universales en que la humanidad puede hallarse”.

Fragmento de la novela “Confesiones de una máscara” (1949), de Yukio Mishima (1925-1970), en que refiere a los efectos devastadores de los ataques aéreos sobre Tokio durante la Segunda Guerra Mundial.

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