La inversión en ciencia es determinante para el desarrollo
La sede de la Universidad Nacional del Litoral Crédito: UNL

La inversión en ciencia es determinante para el desarrollo

Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay se reunieron durante tres días para discutir temas que en ocasiones suelen ser relegados por la urgencia de las crisis: el desarrollo científico y tecnológico, la administración de fondos para investigación, y los intercambios y la formación académica fueron, entre otros puntos, abordados en el I Taller de Gestión de la Ciencia y la Tecnología de la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo (AUGM), que se desarrolló en la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Representantes de casas de estudio, ministerios e instituciones ligadas al desarrollo de la ciencia y la tecnología se ocuparon de analizar el estado de situación de la investigación y el desarrollo tecnológico en las universidades pertenecientes a la AUGM, evaluar el estado actual de la cooperación interuniversitaria en la región (Mercosur), y proponer posibles modalidades y canales de acción conjunta y de cooperación interinstitucional, a fin de desarrollar propuestas de trabajo conjunto.

Números flacos

En los países del Cono Sur, los presupuestos destinados a ciencia y tecnología son escasos, como también lo son los recursos invertidos por el sector privado en la actividad. En ese contexto, los escenarios que se plantean en países vecinos difieren poco al que desde hace años se reitera en la Argentina: Uruguay destina el 1,2% del Producto Bruto Interno (PBI) a la investigación, mientras que Brasil alcanza el 1%, en ambos casos con escasa participación del inversor privado.

“El de Uruguay es el típico cuadro de país en desarrollo: si no cambian las cosas, estaremos cada vez más lejos de parecernos a los países centrales”, indicó el rector de la Universidad de la República (Uruguay), Rafael Guarga, uno de los asistentes al Taller de AUGM que se desarrolló en la UNL.

En el mismo sentido, Paulo Bracarense Costa, director del Centro de Gestión de Estudios Estratégicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología del Brasil, opinó que la única manera de obtener independencia tecnológica y lograr un desarrollo económico y social importante es doblar el presupuesto destinado a ciencia, uno de los objetivos del actual gobierno para los próximos dos años. “Creemos que es la única manera de que tengamos independencia tecnológica y desarrollo económico y social”, indicó el funcionario, aunque fue contundente al afirmar que “el desarrollo de un país debe ser responsabilidad no sólo de los gobiernos sino también de toda la sociedad”.

“La ciencia que hacemos en Brasil, en Argentina y en Uruguay es de altísima calidad, comparable a los grandes centros mundiales. Las dificultades están en transformar esa ciencia en tecnología, y en la distancia que existe entre los sectores público con el privado”, agregó el brasileño.

Para él, se trata fundamentalmente de un problema de lenguajes: “Hablamos lenguajes diferentes, porque para las universidades públicas el objetivo es la cosa pública, y las empresas tienen otros objetivos. Eso dificulta la relación entre ambos”.

El rol de la universidad

En el actual contexto, las universidades públicas se ubican como las principales productoras de conocimiento científico y tecnológico, habida cuenta de la escasa inversión por parte del sector privado.

“Las universidades públicas concentran entre el 80% y el 90% de la investigación en los países del Cono Sur, por lo que a la función de formar profesionales se les agrega una nueva responsabilidad: hacer ciencia”, indicó el rector Guarga, quien es conciente del “nuevo protagonismo que adquieren las universidades en este nuevo escenario, que privilegia el conocimiento como un factor de potenciación de los sistemas productivos”.

No obstante, Guarga asegura que la ciencia no es suficiente motor de cambio: “Se requiere además -indicó- de la política y de decisiones que apunten a evitar la exclusión de buena parte de la humanidad, que hoy vive fuera de stándares mínimos de supervivencia. La ciencia es una potente herramienta de cambio, pero tampoco podemos pedirle todo”, finalizó.

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