La Verdadera Guerra: jugando con fuego
La Verdadera Guerra: jugando con fuego

La Verdadera Guerra: jugando con fuego

Claramente, la estructura de poder supranacional enquistada en los Estados Unidos – y de la que el gobierno de George W. Bush es cabeza visible -, lanza un ataque feroz, criminal y genocida contra Irak para desarmarlo, cambiar su régimen político y “liberarlo y democratizarlo”, so pretexto de eliminar esas elusivas armas de destrucción masiva.

Aquellas armas que Hans Blix, jefe de inspectores de la ONU, no logró hallar; que la opinión pública mundial duda que existan; y que, si existen, poca amenaza representan. En realidad, el peligro de exterminio que vivimos hoy es, en primer termino, el del exterminio de la Verdad o al menos su total y absurda falsificación a través de las armas de distracción masiva que utiliza el Imperio para confundir, encubrir, falsificar, embarullar y distorsionar la realidad.

El trasfondo

La primera pauta que debemos tener en claro en torno a esta Segunda Guerra del Golfo -o más probablemente, Tercera Guerra Mundial-, es que el verdadero trasfondo de la crisis generada artificialmente por el Imperio es que no será la última. Esta nueva guerra contra Irak tiene tres ejes principales que evaluamos en este artículo, y que responden mucho más a los intereses de la estructura de poder real privado del Nuevo Orden Mundial enquistada dentro de los Estados Unidos y del Reino Unido, que al interés nacional de sus respectivos pueblos[2]:

1. Olor a petróleo: Son notorios los intereses geoestratégicos del entorno industrial-militar-petrolero, que prácticamente asaltó el poder a fines del 2000, imponiendo a sus candidatos George W. Bush y Richard B. Cheney del partido republicano, por encima de Albert Gore y Joseph Lieberman del partido demócrata. A pesar de que éstos últimos ganaron la contienda por 540.000 votos, se burló la voluntad mayoritaria del electorado estadounidense y una voz superior parece haber ordenado que Bush fuera ungido. Y así fue. Esos intereses a los que nos referimos incluyen al, por demás notorio, “olor a petróleo” que explica los muchos operativos y las reiteradas agresiones angloestadounidenses en el Medio Oriente, el Golfo Pérsico, Afganistán, Venezuela e, incluso, Malvinas.

2. El Factor Israelí: Los intereses geopolíticos y étnico-raciales del Likud, partido gobernante en el Estado de Israel, empecinados en destruir al pueblo palestino asentado en sus tierras desde hace milenios para hacer realidad el antiguo sueño imperial sionista del Eretz Israel -la Gran Israel-, siempre a costa de sus vecinos. Resulta notable el alineamiento irrestricto e irracional de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos con Israel desde su fundación en 1948, lo que se ve complementado por el también casi irrestricto apoyo de los medios de difusión, grandes bancos y corporaciones, e instituciones educativas estadounidenses.

3. El ocaso del dólar: La continuidad del área dólar y de la moneda estadounidense como moneda hegemónica planetaria hoy corre grave peligro de ser desplazado por el recién nacido -y estructuralmente mucho más sólico- euro. El mercado del petróleo bien podría pasarse rápidamente del dólar al euro si la OPEP -Organización de Países Exportadores de Petróleo- así lo decidiera, lo que acarrearía consecuencias gravísimas para la economía anglonorteamericana y para el actual sistema financiero internacional que tiene al dólar como moneda planetaria.

Olor a Petróleo

Los intereses petroleros de los actuales gobernantes estadounidenses son notoriamente conocidos: George Bush padre y su hijo y actual presidente “George W.”, tienen fuertes intereses en importantes empresas petroleras (Arbusto Energy, Zapata Oil Co y Harken Energy); el vicepresidente Richard B. Cheney, es uno de los principales accionistas de Halliburton (durante 8 años fue su presidente y director ejecutivo) que es la mayor proveedora de equipos para la industria del petróleo. A su vez, desde la vicepresidencia Cheney negoció una cuestionada nueva legislación energética con Kenneth Lay (ex “Chairman & CEO” de Enron a la que condujo a escandalosa y fraudulenta quiebra hace un año y medio), por lo que está siendo investigado por la justicia estadounidense.

El secretario de defensa Donald Rumsfeld es, a su vez, directivo de diversas empresas contratistas del área de defensa y también de la antigüa y muy relacionada petrolera Occidental Petroleum, fundada a principios del siglo XX por Armand Hammer, uno de los principales vínculos de “occidente” con la orbe de la ex-Unión Soviética [3]. Por su parte, la asesora de seguridad nacional la morena Condoleeza Rice es directora de la petrolera ChevronTexaco, que incluso ha llegado a bautizar a uno de sus grandes buques-tanque con el sugestivo nombre de…”Condoleeza Rice”.

Decididamente, el tema principal de la crisis con Irak no son las “armas de destrucción masiva” que Saddam Hussein pudiera o no tener, por más que todo el mundo se vea intensamente bombardeado por las “armas de distracción masiva” utilizadas por las usinas de guerra psicológica de la CIA, el MI5 británico, el Mossad israelí, CNN, The New York Times y el Washington Post, todos alineados -desde un ángulo u otro- con la planificación emanada del Council on Foreign Relations (CFR) y la Trilateral Commission, entre otros[4]. Como es sabido, éstas últimas dos organizaciones -verdaderos cerebros del Nuevo Orden Mundial- tienen mucho en común, destacándose que el octogenario patriarca dinástico David Rockefeller es presidente vitalicio de ambas. David tiene una situación privilegiada, por cuanto no solo es cabeza de una megaestructura bancaria y financiera (JP Morgan Chase Manhattan Bank), sino también de la mayor petrolera del mundo (ExxonMobil).

Casualmente, todas las regiones del mundo donde Estados Unidos desarrolla fuertes presiones diplomáticas, militares y de acción psicológica, suelen flotar sobre gigantescas reservas petrolíferas: Irán, Irak, Medio Oriente en general, Afganistán, Venezuela.

Cabe agregar el gran apoyo que reciben estos funcionarios del gobierno estadounidense de la empresa The Carlyle Group, un gran holding industrial-petrolero-defensa estadounidense, poblado por conocidos miembros del partido republicano, del CFR y de la Trilaterlal Commission, como su presidente Frank Carlucci III (en ministros de defensa de Reagan-Bush padre), y directivos como James Baker III (ex secretario del tesoro de Reagan y de estado de Bush padre), y que reúne a empresas como cómo Arbusto Oil (Bush), Raytheon, General Dynamics, Enron(!), y el holding de la familia Ben Laden de Arabia Saudita, viejos socios de muchos petroleros norteamericanos, incluyendo a los Bush. Es público que la “reconstrucción” de Irak tendrá a The Carlyle Group como uno de sus principales contratistas.

El Factor Israel

Ya hoy es un secreto a voces que una de las vertientes clave y determinante de la geopolítica estadounidense en el medio oriente la conforma su alineamiento irrestricto, total y casi irracional con las políticas e intereses del Estado de Israel. Las razones de ello son muchas y muy complejas e, históricamente, provienen del gran poder que detenta la comunidad judía dentro de los Estados Unidos, particularmente en áreas clave como las finanzas, los medios de difusión, las universidades, el gobierno, las empresas, los servicios de inteligencia y en diversos grupos de acción política.

Hoy, el poder real mundial se encuentra centrado en una amplia red de organizaciones privadas como el poderoso Council on Foreign Relations, el American Enterprise institute y la Trilateral Commission [5], que, sin embargo, se enfrenta a una serie de desafíos estructurales muy complejos que lo obliga a avanzar a toda máquina hacia la consolidación de aquél Nuevo Orden Mundial soñado hace una década por George Bush (padre). Y que -vale la pena recordarlo- para nuestra región prevé consolidar un alineamiento vertical y disciplinado “desde Alaska hasta Tierra del Fuego” – Bush padre dixit.

Existe un estrecho vínculo e interrelación entre las estructuras de poder del Nuevo Orden Mundial y el gobierno de Bush, por una lado, y la problemática relación del actual gobierno ultra-derechista y fundamentalista del partido Likud en Israel con el mundo musulmán en general, por el otro. Israel es el principal aliado táctico y único aliado estratégico de los Estados Unidos en el Medio Oriente. Podría, sin embargo, discutirse cuál es el ordenamiento jerárquico dentro de esta Alianza entre Estados Unidos e Israel, que abarca vastos intereses planetarios y que, a menudo, se mimetiza con la problemática histórica del pueblo judío, con lo que se le hace un flaco favor a las comunidades judías en todo el mundo. [6]

Sin pretender profundizar en este difícil, complejo y espinoso tema, creemos que la honestidad e independencia intelectual exigen abordarlo, teniéndolo en cuenta como uno de los factores clave al momento de entender la grave situación planetaria actual, la historia de buena parte del siglo XX, e – incluso – muchas derivaciones sobre nuestro país y región [7].

Ayudan a poner esta relación especial entre Israel y EEUU en una perspectiva pragmática las elocuentes palabras del propio primer ministro israelí Ariel Sharón quien, aludiendo a esta evidente realidad, exclamó durante una tempestuosa reunión del gabinete israelí realizada el 3 de octubre de 2001: “Quiero decirles algo muy claramente: no se preocupen por los Estados Unidos. Nosotros controlamos a los Estados Unidos y los estadounidenses lo saben”. [8]

Vale señalar que desde 1997 se viene elaborando en el seno del Council on Foreign Relations (CFR) y el muy republicano American Enterprise Institute (AEI) la propuesta conocida como Project for a New American Century (Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano), que implica la consolidación de ciertos sectores del pueblo estadounidense como una suerte de pueblo elegido planetario. Este “proyecto”, viene agitando en favor de la aniquilación de Irak, la implantación de una “pax americana” mundial y es autor intelectual de la amenaza geopolítica contra el “eje del mal” declamada por Bush contra Irak, Irán y Norcorea (en una primera instancia, ya que en un segunda etapa se identifican también a Rusia y China).

Entre los principales miembros de este Proyecto para un imperio mundial anglonorteamericano hallamos a las siguientes figuras clave del actual gobierno, todos alineados con un pro-sionismo militante: Richard Cheney -vicepresidente miembro del CFR-; I. Lewis Libby -principal asesor de Cheney en seguridad nacional miembro del AEI; Donald Rumsfeld -secretario de defensa CFR´-; Paul Wolfowitz subsecretario de defensa CFR, Trilateral; Eliot Abrams -secretario de estado para seguridad internacional CFR-; John N. Bolton -subsecretario de defensa para control de armas CFR-; Richard Perle -presidente de la junta de políticas de defensa CFR, Trilateral-; William Kristol CFR; Norman Podhoretz – CFR.

Dentro de este marco, también cabe destacar la alianza existente entre las corrientes sionistas militantes que hoy controlan Israel y muchas confesiones evangelistas de extrema derecha estadounidenses, como la secta Moon a la que se adscriben los Bush. Al respecto, resultan notable las recientes declaraciones del ex-presidente estadounidense y actual premio Nobel de la paz, Jimmy Carter en el matutino The New York Times, en torno a este complejo tema aludiendo a algunas “confesiones de la Convención Bautista Sureña que se ven fuertemente influidas por su compromiso con Israel basados en una teología escatológica o de los últimos tiempos”[9]. Aquí posiblemente hallemos otro factor clave en el drama planetario actual regido por una política mundial inspirada en un fanatismo religioso milenarista que hace que muchos en el entorno Bush -comenzando por el presidente- se crean dirigidos, si no ungidos, por el Todopoderoso que habría decidido manifestar Su voluntad a través de ellos. Sería algo así como que cada bomba lanzada ayer sobre Afganistán, hoy sobre Irak, y mañana sobre Irán, Siria, Norcorea, Libia, Colombia, y la Triple Frontera son -ni más ni menos-que la manifestación de una voluntad divina.

El ocaso del Dólar

Por último, detrás de toda esta problemática existe un trasfondo más sutil y complejo que hoy comienza a salir a la luz, y que se refiere a graves falencias en la propia estructura económico-financiera imperial mundial inaugurada por Estados Unidos tras la segunda guerra mundial. Fue entonces cuando dentro del marco de planeamiento del nuevo orden mundial de entonces, el CFR reactualizó el concepto de las “Grandes Áreas” económicas, industriales, militares y financieras.

De las estrategias diseñadas para el área financiera surgió la Conferencia de Bretton Woods en Estados Unidos en 1944, que luego daría nacimiento al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otras instituciones de control imperial del Área Dólar, verdadera moneda mundial de la pos-segunda guerra mundial.[10]

Hoy vivimos el creciente colapso o implosión del área dólar, difícilmente manejable, que tiene como uno de sus principales actores al euro, la flamante moneda de la Unión Europea. Existen datos concretos que permiten aseverar el peligro de un desplazamiento repentino del comercio mundial del petróleo del dólar al euro, lo que acarrearía consecuencias (hiper?) inflacionarias potencialmente catastróficas para los Estados Unidos. Esto ya lo viene analizando el CFR que desde 1997 por lo menos, desarrolla análisis, planeamientos, escenarios futuros y “juegos de guerra” previendo, precisamente, esta contingencia.

Su objetivo consiste en lograr una “nueva arquitectura financiera internacional” que permita una transición razonablemente ordenada hacia un nuevo esquema financiero bajo el control de las estructuras de poder real agrupadas en torno al CFR y su red de poder y planeamiento geopolítico y geoeconómico.[11] Claramente, hacia el año 2000 esta estructura de poder tomó cabal conciencia de que este grave conflicto planetario ya no tiene resolución pacífica. De ahí la necesidad imperiosa de contar con la victoria de George W. Bush, a pesar de no haber ganado las elecciones de Noviembre 2000.[12]

Resulta que las distorsiones macroeconómicas del área dólar, consecuencia de la especulación usurera y el fraude de sus propias empresas,[13] había llegado a un punto de inflexión irreversible que no es susceptible de resolución y ordenamiento pacífico, máxime en el actual complejísimo marco geopolítico mundial. Es así que la usurpación del poder por parte de la Dinastía Bush marcó la clara militarización del conflicto [14]. Y ello permite comprender la insólita premura -a veces con ribetes de verdadera histeria- que se nota en los funcionarios del gobierno norteamericano y británico comenzando, por sus respectivas cabezas de Estado.

Ese nerviosismo resulta comprensible cuando se toman todos estos factores en cuenta. Pues la historia demuestra que mientras que se puede librar una guerra económica contra una nación o incluso contra el mundo entero durante décadas (y vaya si lo sabremos los argentinos que venimos siendo atacados en el plano financiero y económico desde hace cinco décadas al menos, y nuestro pueblo pareciera que recién en los últimos dos o tres años comienza a tomar conciencia de ello); y se puede librar una guerra cultural durante décadas y siglos; sin embargo, una guerra militar de envergadura, no puede librarse durante más de 4 a 5 años.

Pues si se prolonga más allá de ese plazo, será la propia opinión pública de los países beligerantes que termina exigiendo una definición de una forma u otra: las guerras militares o se ganan y se festeja la victoria, o se las pierden y se negocia la paz. [15]

He ahí el drama del Imperio. Sabiendo que en el plano económico y financiero adolecen de graves e irreversibles debilidades estructurales, con Bush lograron trasladar el plano del conflicto del financiero al militar donde no tienen casi competidores. [16] Ahora bien, esta guerra militar ya lleva un año y medio, sin un éxito definitorio a la vista. Bush deberá resolverla -o sea ganarla- dentro de los próximos 18 a 24 meses, pero es altamente dudoso que lo logre. Con lo que las consecuencias para el Imperio puede que sean potencialmente catastróficas.[17]

En otra parte hemos descripto las graves falencias y el cuasi-colapso que está sufriendo el sistema financiero y monetario estadounidense, lo que podría tornarse crítico si el comercio mundial del petróleo repentinamente dejara de realizarse en dólares. Existen claros indicios de que la OPEP podría hacer, precisamente eso; pasarse en forma masiva y rápida a la nueva moneda con potencialidad de ser moneda mundial: el euro.

Irak hizo, precisamente eso cuando en Noviembre de 2000 pasó todas sus magras acreencias de dólares a euros; luego Irán viene amenazando con hacer otro tanto. Sólo la obstinada alianza con los regentes feudales de Arabia Saudita y Kuwait están evitando que esta tendencia se propague entre los demás países exportadores de petróleo. Sin embargo, Arabia Saudita está experimentando fuertes presiones internas y regionales que podrían derivar en un repentino -incluso revolucionario- realineamiento, análogo al ocurrido en 1979 en Irán. Venezuela, aunque formalmente no ha salido del área dólar, sin embargo está experimentando con esquemas de trueque con distintos países -notablemente, Cuba y algunos tigres asiáticos- lo que implica ventas petrolíferas sin la generación de flujos financieros dolarizados, tan necesarios para que las empresas petroleras y los bancos supranacionales (que responden a exactamente los mismos intereses del Nuevo Orden Mundial) puedan ejercer su dominio y control.

Aún la crisis con Norcorea -que sí tiene armas de destrucción masiva cuya amenaza Estados Unidos prefiere minimizar para evitar un potencial (y gravísimo) encontronazo con China- ha derivado en que ese país abandone el dólar por el euro en su comercio externo. Rusia y China también han convertido parte de sus reservas en dólares a euros. Ello ayuda a entender la posición de Francia (ideóloga de la Unión Europea e impulsora de la unión monetaria europea) y de Alemania (controladora del euro, motor industrial de la Unión Europea y tradicional amigo del mundo árabe en general e Irak en particular), mantengan una postura de franca oposición hacia las pretensiones hegemónicas estadounidenses.

Según el matutino londinense, The Guardian, el mercado mundial del petróleo mueve montos del orden de los u$s 3.000.000.000.000 anualmente que si -a través de una reconversión al euro disparada por la OPEP en rápida secuencia- comenzarán a fluir masivamente hacia Estados Unidos, a lo que se le agrega el cuasi-colapso del mercado bursátil, podría derivar en un proceso inflacionario y devaluación muy aguda del dólar.[18]

Lo que depara el futuro

Como se verá, las cosas no siempre son lo que parecen y para comprender los hechos de hoy, resulta necesario entender sus raíces históricas reales y no tan solo las que le conviene al Enemigo que observemos. Hoy, le ha tocado el turno a Irak. Estados Unidos y Gran Bretaña pretenden erigirse en defensores de la “libertad” y la “democracia”, queriendo imponerle a la opinión publica mundial la idea de que Estados Unidos y Gran Bretaña solo pretenden “liberar a Irak”. Pues, ¿quién recuerda que buena parte del drama de Irak, Kuwait, Turquía y la nación Kurda, por ejemplo, tiene sus raíces directamente en la manera negligente e interesada en que Estados Unidos y Gran Bretaña impusieron el Tratado de Sevrès a los restos del ex-imperio otomano turco al finalizar la primera guerra mundial? Tratado que fuera tan injusto y malhadado como el Tratado de Versalles, impuesto a una Alemania vencida en aquella misma época, y que condujo irremediablemente en la segunda guerra mundial.[19] ¿Alguna vez asumirán su responsabilidad los Estados Unidos y Gran Bretaña por estas criminales acciones? ¿O es que todo se dirime por la fuerza de las armas?

En este gran desorden mundial de los siglos XX y principios del XXI, queda claro que la “verdad” siempre está del lado de los violentos y quienes nos quejamos somos potenciales “terroristas”.

La fijación de la psiquis colectiva estadounidense con la violencia hoy llega a un punto de eclosión. Hace ya décadas que Estados Unidos muestra al mundo hasta el hartazgo su poder de fuego; su capacidad de hacer llover destrucción desde el cielo; su voluntad de destruir y hacer estallar por los aires a todos quienes se le opongan, y que ellos deciden catalogar como “malos”.

Desde su industria de entretenimientos para la televisión y los films de Hollywood (tradicional socio permanente de la CIA), hasta sus noticieros, documentales, concursos y política exterior, a los norteamericanos decididamente les encantan las explosiones. Les fascina mostrarle al mundo entero explosión, tras explosión, tras más explosiones.

En el imaginario colectivo estadounidense, todo parece estar en proceso de estallar en bolas de fuego: autos, aviones, trenes, enemigos, refinerías, casas, tanques, edificios, rascacielos, helicópteros, naves espaciales, ciudades, países, continentes y planetas enteros. Y ahora pareciera que la realidad los alcanza y -por mano propia o por voluntad ajena-, entra en una suerte de “sincronicidad” jungeana. Es así que vimos estallar en bolas de fuego al edificio federal de Oklahoma, al complejo de sectas fanáticas en Waco (Texas), a Belgrado, a Sudán, a embajadas e instalaciones propias y de aliados en Uganda, el Líbano, Buenos Aires, Tel Aviv, a las Torres Gemelas, al Pentágono, al trasbordador Columbia y, hoy, a Bagdad.

Seguramente, por reflejo y reacción, Bush y los suyos estarán atrayendo sobre ellos mismos un final apocalíptico cuyos sones wagnerianos comienzan a escucharse. Pues, ante tantas explosiones y bolas de fuego, ¿estaremos por ver un gigantesco Götterdämmerung en el que la propia Estados Unidos se tranforme en una gran bola de fuego? ¿En una super-bola de fuego como corresponde a su status de única superpotencia?

Por Adrian Salbuchi.

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