Las pérdidas en la actividad agrícola alcanzan el 70 % en San Cristóbal
Anegamientos por lluvias en San Cristónal Crédito: Tiedemann

Las pérdidas en la actividad agrícola alcanzan el 70 % en San Cristóbal

Como una dramática instantánea de aquel relato bíblico del diluvio universal, nuestra zona y casi todo el territorio departamental se encuentran bajo las aguas tras las persistentes inclemencias climáticas. El incremento en el registro de las precipitaciones pluviales sumado a una insuficiente cantidad de obras de infraestructura, sumergen a la población rural en una conflictiva situación, determinada por pérdidas irreparables en la producción, anegamiento de los sistemas viales, deficiencias en las condiciones laborales, sanitarias y educativas, entre otras tantas.

La intensidad de las lluvias pone un tono de alarma a la realidad de la precaria vida rural. Sólo en nuestra ciudad se han registrado, en lo que va del año, 730 milímetros de agua caída (106 mm en enero, 309 mm en febrero y 315 mm en marzo), lo que marca un promedio mensual de 245 mm. En todo el departamento San Cristóbal desde enero al 15 de marzo el promedio alcanza los 420 mm. Otros de los departamentos santafesinos más afectados son San Justo (510 mm), San Javier (345 mm), Castellanos y Las Colonias (410 mm) y La Capital (354 mm).

El decreto Nº 0008 emitido por el Ejecutivo Provincial en el que se declara la emergencia y/o desastre agropecuario en los departamentos del centro-norte santafesino, reconoce que a los registros de las precipitaciones mencionadas con anterioridad “deben sumarse el devastador efecto de los desplazamientos superficiales de masa líquida, la salida de cauce de los cursos de agua y el ascenso y afloramiento de la napa freática. Que ello a provocado el anegamiento de una gran cantidad de predios rurales, afectando seriamente cultivos de soja, maíz, sorgo, girasol, algodón, praderas de base asfalfa y pasturas naturales en las que se registran pérdidas que varían entre un 50 y un 100 %. Que se están realizando evacuaciones de hacienda hacia zonas más altas, lo que determina aumento de gastos por traslado, pastaje, pérdida de peso y mortandad de animales jóvenes. Que la producción individual de los tambos ha mermado hasta un 60 % en las áreas donde la situación es más comprometida, verificándose casos de cese de la actividad y el traslado y/o venta de rodeos lecheros”, según texto original.

“En 16 distritos del departamento San Cristóbal se declaró la emergencia y/o desastre agropecuario”, declaró Francisco Mayoráz, presidente de la Sociedad Rural de San Cristóbal. “Estamos viviendo una situación muy complicada”, afirmó y sus palabras emanaron un aire de honda preocupación y congoja, pues él también es productor rural y siente a flor de piel el infortunio. San Cristóbal es 80 % ganadero y está en peligro gran parte de esta actividad como consecuencias de las lluvias. Pero es en el sector agrícola donde se manifiestan las mayores pérdidas, que han superado el 70 % de la superficie de algunos campos.

En diálogo con El Cronista Regional, el intendente de San Cristóbal, Edgardo Martino, se pronunció sobre la problemática y deslindó responsabilidades: “Creo que el primer responsable de este problema es Hidráulica de la Provincia. Hace dos años tuvimos una reunión en la que dicha dependencia se comprometió a realizar las obras necesarias. Se renovó ese compromiso en el 2002 y aún estamos con este problema, mientras se sigue dando vueltas sin tomar partido en la cuestión”, sostuvo.

“El interior no existe”, pareciera ser la premisa a partir de la cual quienes dirigen los destinos de la región, desconocen a la periferia provincial. La realidad exige implementar un estudio integral y planificado sobre la composición de los suelos, sobre la capacidad de los desagües y el estado de los caminos que permiten la circulación de la masa líquida, para evitar en el futuro un nuevo efecto devastador de las lluvias. Para ello, se necesita contemplar las necesidades del sector, asistiendo al pequeño productor. Aplicar políticas de contención serias en una región que, bueno es recordarlo, está bordeada por cursos hídricos.

Es hora de que las aguas comiencen a correr por su justo cauce.

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