Los acuerdos entre Argentina y China: ¿subordinación o asociación estratégica?
China, el gigante asiático Crédito: Gentileza Luciano Kay

Los acuerdos entre Argentina y China: ¿subordinación o asociación estratégica?

Muchos analistas han criticado estos acuerdos tildándolos de leoninos y de avasalladores, como si se tratara de una subordinación directa de Argentina hacia Pekín. En contrapartida, desde el oficialismo los ponderan como lo mejor que podría haberle acontecido a nuestro país, permitiéndose hablar de “asociación estratégica”.

Más allá de los ribetes políticos de ambas posturas, hay que decir que estamos ante un poco de cada cosa. Al tratarse precisamente de una “negociación” en la que cada parte defiende sus intereses, debemos pensar que no se ganará en todos los aspectos, sino que forzosamente habrá que ceder en pro de obtener beneficios.

China es el principal receptor en materia de exportaciones argentinas de origen agropecuario. Por estos días, todo parece indicar que la clase media china continuará expandiéndose (ya abarcaría la mitad de los habitantes con unas 750 millones de personas), mejorando asimismo la dieta de la población al incorporar la ingesta de proteínas cárnicas. Además, no resulta un dato menor que alrededor de un 80% de los granos adquiridos por los chinos están destinados a la alimentación de animales (por ejemplo, la industria porcina e ictícola), lo que se traduce en una fuerte vinculación entre dicha alimentación animal y el posterior consumo poblacional de carne (si aumenta este último, también aumentará la primera).

Ello se traduce en dos aspectos: un incremento en la demanda de productos argentinos correspondientes al mencionado sector, y una suba consecuente de los precios internacionales de los mismos. Por lo que mediante tales acuerdos se estaría reforzando el vínculo bilateral que asegure la colocación y ampliación de este complejo exportable de gran ganancia para las arcas nacionales. Como dato adicional, la falta de competitividad del gigante asiático en este sector se evidencia en el costo de producción local de granos, que oscila entre 64 y 128 dólares americanos más por tonelada que si los compra a nuestro país.

Por otra parte, a través de los citados convenios Pekín le provee a la República Argentina inversiones y fuentes de financiamiento en materia de ferrocarriles de carga, aparatos militares (coproducción de vehículos anfibios, aviones de combate y corbetas), energía nuclear y represas, y actividad aero-espacial (construcción de una estación en Neuquén).

Resulta evidente que China, además de asegurarse la importación de productos agropecuarios, ganará una gran influencia regional al oficiar de inversor en nuestras tierras, garantizándoles jugosos negocios a sus bancos y empresas en sectores claves e intensivos en tecnología como los mencionados.

Quienes parecen más preocupados al respecto son los Estados Unidos, quienes luego de perder el primer lugar como mayor economía del mundo a manos chinas, observan como el gigante oriental se esfuerza por proyectar su poder e influencia en el continente sin realizar un solo movimiento que se traduzca en una amenaza del uso de la fuerza. Todo lo realiza con planificación y paciencia, haciendo uso de su indudable fortaleza económico-comercial. Además, aprovecha las desavenencias entre los países de la región pare negociar individualmente y obtener mejores réditos que si lo hiciera con el bloque en su conjunto. Allí es cuando se genera la evidente situación de asimetría de poder, y eso no es responsabilidad de Pekín en absoluto.

De hecho luego de tantos años de hegemonía norteamericana leonina y avasallante en la región, tal vez Washington haya perdido su oportunidad de generar una “Alianza para el Progreso” (como alguna vez lo imaginó John Kennedy), y Estados latinoamericanos (como Argentina) hayan decidido abrirle la puerta a otro agente externo poderoso para negociar. Tal vez estén en lo cierto o estén equivocados. El tiempo tendrá la última palabra.

Autor: Alejandro Francisco Musacchio | Máster en Integración y Cooperación Internacional.

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