Los quiebres institucionales y los pobres
Pobreza en un barrio marginado de la ciudad de Santa Fe Crédito: Movimiento Los Sin Techo

Los quiebres institucionales y los pobres

Los distintos golpes militares, el proceso de endeudamiento nacional, la destrucción y el desmantelamiento del Estado, las distintas escaladas inflacionarias, las convulsiones en el ingreso o en la salida de la convertibilidad han sido producto de la componenda de grupos económicos, con políticos, sectores agroindustriales, sindicalistas, religiosos, entre otros. Todos estos quiebres institucionales sin excepción contaron con apoyo en el seno de la sociedad.

Las distintas crisis institucionales del país como la caída de los presidentes Perón, Frondizi, Illia e Isabel Perón, además de las desestabilizaciones que ocasionaron las renuncias de Alfonsín y De la Rúa nunca favorecieron a los más necesitados y en muchas de estas ocasiones se fue a buscar a los pobres para producir la crisis y después se los dejó nuevamente viviendo en su miseria. En cada una de estas circunstancias la clase dirigente argentina jugó las cartas que convino a los distintos grupos minoritarios pero nunca en sus planes estuvo favorecer a los pobres. En cada crisis hubo perdedores y ganadores pero sistemáticamente los pobres siempre se encontraron entre los perjudicados.

Un olvido sistemático

Antes o después de los gobiernos de facto los pobres estuvieron mal. En nombre de los desposeídos se produjo persecución, muerte y violencia, pero ellos siguieron pobres. Los que lucharon por la educación laica como los que propusieron la instrucción libre dejaron a los pobres ignorantes. Los defensores del libre mercado como los que propiciaron el control estatal del mismo, no dieron más trabajo a los pobres. Las distintas reformas constitucionales como los procesos de recuperación democrática no mejoraron la participación de los pobres en la república ni le dieron mejor acceso a la Justicia.

Tanto los que defendieron las empresas estatales como aquellos que favorecieron sus privatizaciones no les brindaron mejores servicios públicos a los más necesitados.

El mayor error de la dirigencia argentina de los últimos cincuenta años ha sido olvidarse de los pobres y haber trabajado para un país para pocos, dejando a un tercio de su población excluida de sus proyectos.

Hoy como ayer los pobres están afuera de la discusión nacional, su suerte no está en ninguna mesa donde se toman decisiones, ni determinan ningún programa de gobierno de los candidatos presidenciales.

La verdadera emergencia nacional es la miseria y la marginalidad de un tercio de sus miembros, si no asumimos esta realidad seguiremos sin encontrar nuestro rumbo y nuestro horizonte colectivo.

Hemos salido del default (incumplimiento) con los organismos internacionales, es hora que nos ocupemos del default (incumplimiento) que tenemos históricamente con los pobres. Es hora de que la dirigencia argentina firme una carta de intención para sacar a los pobres de su postración y desde ellos construir la Nación del siglo XXI.

Resulta urgente concretar esfuerzos públicos y privados para atender las situaciones de los argentinos sin comida, de los sin educación, los sin techo, los sin destino.

Es bueno que la sociedad civil se involucre en la resolución de los problemas sociales, pero sin que su accionar oculte las fallas del Estado o reemplace sus obligaciones irrenunciables de asegurar el desarrollo humano básico de todo argentino. La solidaridad no debe convertirse en un nuevo asistencialismo disfrazado que deja a los pobres relegados de sus derechos. Ser solidarios con los pobres es cambiar los criterios que nos han llevado a postergarlos generación tras generación. Es mirar la nación no desde el bolsillo particular sino desde la situación de todos en especial de la de los más necesitados. Ser solidarios con los pobres es trabajar para que la escuela eduque a los pobres, para que el sistema de salud les brinde asistencia sanitaria, para que las universidades formen profesionales con capacidad para resolver los problemas sociales, para que la carne y la leche que se produce en el país llegue a las mesas de los pobres.

La Nación está en deuda con los pobres y los marginados, al acercarnos a la celebración de su segundo centenario necesitamos volver a las metas básicas y elementales de nuestros orígenes: que todo argentino sepa leer y escribir, que esté sano, que tenga un techo digno y que cuente con los ingresos mínimos para asegurar a su familia las tres comidas diarias. Mientras no hagamos esto la dignidad nacional seguirá herida y no podremos transitar caminos de progreso y desarrollo nacional.

Los pobres esperan, hace mucho que ven pasar el desarrollo nacional por la puerta de su rancho, no abusemos de su paciencia y encontremos a la brevedad los caminos simples y eficaces para responder a sus necesidades básicas.

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