Nuestra historia en los muros
Nuestra historia en los muros
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Prensa UNL
21/01/2004
construcciones cultura historia identidad patrimonio urbanismo

Nuestra historia en los muros

Vivir en la casa que habitaron nuestros padres de pequeños, o en la de nuestros abuelos, implica un viaje por el tiempo. Un repaso de historias guardadas en fotos y en relatos corroídos por los años, y de sonidos detenidos en las paredes para siempre.

Pero no es todo: las viviendas residenciales corrientes (esas de nuestros padres y abuelos) también hablan de la historia social y urbana de la ciudad que las vio nacer, evidencian las épocas en las que fueron construidas y constituyen claramente nuestra memoria.

Ése fue el punto de partida de una investigación encarada por docentes de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), interesados en conocer aspectos del patrimonio modesto santafesino (construcciones residenciales corrientes) que permitan abonar una serie de pautas útiles para orientar la intervención sobre estas obras.

El trabajo -que ya presentó sus conclusiones finales- se enmarca en el programa Investigación y Desarrollo, que promueve la UNL, y se denominó “Pautas para la intervención en el patrimonio modesto santafesino”, realizado bajo la dirección de la arquitecta Miriam Bessone y con la codirección de la arquitecta Silvia Bournissent. Contó además con la participación de investigadores de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y de asistentes sociales de la Escuela de Servicio Social.

Según analizan Bessone y Bournissent, si bien ya no se discute la importancia de preservar, restaurar y legislar sobre aquellas obras y entornos de alto valor histórico, no ocurre lo mismo cuando se trata de ponderar las edificaciones de menor valor, aquellas construcciones corrientes, modestas, casi anónimas que sin embargo constituyen el mayor volumen de obra construido y el ámbito corriente de desenvolvimiento profesional del arquitecto.

Paralelamente, estas construcciones son las que sufren las consecuencias de la renovación arquitectónica, con el consiguiente riesgo de atentar contra nuestra historia. El desafío, entonces, es preservar manteniendo vivo “el equilibrio entre la sustitución y el cambio, que evite por un lado el congelamiento de la ciudad y por el otro la destrucción de la identidad”.

El patrimonio modesto

Si por patrimonio se entiende “todo aquel aspecto del entorno que ayude al habitante a identificarse con su propia comunidad, en el doble y profundo sentido de continuidad de una cultura común y de construcción de esa cultura”, el patrimonio modesto está constituido por aquellas “obras anónimas, construcciones corrientes, típicas y discretas edificaciones que se dedican silenciosamente a hacer ciudad y que sirven para el más humilde e importante de los oficios: el de habitar”.

“Estas viviendas tienen el valor de lo construido y heredado: son parte de la memoria y no hay derecho a bastardearlas ni a eliminarlas”, indicaron las docentes. Además, el patrimonio modesto “genera significados sociales y culturales para el habitante, y sus obras forman parte de un contexto: tienen la vocación de ser con otros, con el vecino, con el de al lado”, explicaron.

Entendiendo que el valor patrimonial no reside sólo en el pasado, sino que también se proyecta en el futuro, el grupo vio necesario entender a la preservación y a la renovación como dos aspectos componentes de un mismo proceso de cambio que necesita adecuarse a las nuevas necesidades sin perder los elementos constitutivos que mantengan un significado para el habitante. Pero, ¿cómo lograr el equilibrio adecuado entre la permanencia y el cambio, la preservación y la renovación? ¿Cómo hacer para que esa historia que guardan los muros persista, pese a los cambios que trae aparejado el uso?

El trabajo

El trabajo consistió en el análisis de un conjunto de viviendas que se corresponden con el tipo lineal (las denominadas comúnmente casas chorizo), comprendidas entre el año 1910 hasta promediar el cuarto de siglo, cuando se detectaron distintas variantes tipológicas y se analizaron las transformaciones hasta su paulatina compactación.

Según indican las profesionales, se analizaron cambios y transformaciones sufridas en las construcciones, se detectaron potencialidades y limitaciones de adecuaciones a nuevos usos, y se reconocieron valores particulares, que ayuden a establecer pautas útiles para la intervención del patrimonio modesto.

“Una primera y gran pauta para intervenir en el patrimonio construido y en particular en la vivienda lineal como parte del patrimonio modesto, lo constituye el momento de elección de la misma: se debe reconocer que existen variantes en la serie que ofrecen diferentes posibilidades y condicionantes de usos y de formas. Es necesario tener claridad sobre el programa o los requerimientos que exige la nueva intervención, con el fin de seleccionar, especialmente si se trata de compras, aquel ejemplo que mayores adecuaciones ofrezca para nuestras demandas”, indican las conclusiones.

“Todos los edificios construidos, incluyendo la vivienda lineal, admiten muchas funciones y renovaciones, algunas las dignifican más que otras, y también presentan algunos imposibles que se deben respetar”, indica el trabajo, y agrega que “es el abordaje desde su doble condición de patrimonio arquitectónico y urbano el que le otorga singularidad y especificidad a la propuesta de delinear pautas para su intervención”.

Este abordaje requiere que la obra sea perfectamente captada y comprendida en dos escalas: una micro, correspondiente a la obra en sí misma; y otra intermedia, perteneciente al sector que forma parte, ya que cada obra es una singularidad que se jerarquiza y potencia dentro del conjunto.

Por tal motivo -y al momento de intervenir en ellas- se deben tomar en consideración y potenciar, además de su condición de patrimonio arquitectónico, el tipo de edificio, la relación con el tejido de la ciudad, la escala urbana, el ambiente, la configuración morfológica, el respeto por las tecnologías constructivas, los aspectos funcionales, los usos y costumbres, y las aspiraciones de los usuarios originales y actuales.

“No se puede soslayar que el intento de conservación y recuperación de este patrimonio, significa una operación de diseño donde presionan e interactúan factores económicos, sociales y culturales por igual. Se hace necesario asumir la contradicción implícita en esta acción y establecer estrategias que por un lado contribuyan a fortalecer la memoria y calidad de vida urbana, y por otro, atenúen las presiones en contrario de la economía de mercado”, se expresa.

Las estrategias especificadas detalladamente en el desarrollo del trabajo intentan ser una especie de guía que el profesional interviniente consulte al momento de realizar un nuevo proyecto.

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