Nuestros olvidados ferrocarriles
Nuestros olvidados ferrocarriles
Opinión
21/01/2004

Nuestros olvidados ferrocarriles

Cuando el primero de marzo de 1948 se celebraba en todo el país la recuperación de todos los ferrocarriles, que hasta ese momento se encontraban en manos de empresas extranjeras, no se hizo únicamente por iniciativa del gobierno, sino que fue fruto de años de lucha, tanto de funcionarios, legisladores, gremialistas, prensa, entre otros. Pero, la soberana voluntad de un pueblo deseoso de iniciar un sostenido y verdadero progreso del país, y el pilar del mismo sin duda debía ser el ferrocarril, cosa que entendió el entonces presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón, fiel intérprete de un pueblo ávido de trabajo y bienestar.

Para llegar a esa estatización se tuvo en cuenta, en primer lugar su condición de colonizador , creador de infinidad de pueblos y ciudades, nacidos a la vera de sus vías. se debía analizar la tremenda importancia de una empresa, que a la vez que sirviera de progreso, no contaminara el ambiente, no dañase rutas ni caminos, que su funcionamiento sea altamente económico y que se desenvolviera bien, tanto en la corta como larga distancia, para generar progreso y, sobre todo, fuentes de trabajo y que en muchos casos produzca alegrías el solo hecho de contar con su presencia, aún en las zonas más inhóspitas de nuestro territorio.

Por eso, despojándonos del sentimiento ferroviario, es fácil apreciar que el ferrocarril trajo progreso y bienestar. Los 48.000 kilómetros de vías así lo demostraron, como la vinculación geográfica con países vecinos a los que llevó soluciones reales a la economía de todas las regiones productivas, aún no contando en sus inicios con tecnología de punta, pero la voluntad de sus obreros, dirigentes y gobiernos contribuyeron al sostenimiento global de la economía del país, en aras de una patria progresista.

El tiempo nos hizo ver que, a pesar de todos los sacrificios llevados a cabo por cientos de obreros ferroviarios, prácticamente no sirvieron para nada, ya que a principios de 1990 y por diversas razones, fueron cerrados todos o casi todos los talleres ferroviarios y clausurados gran parte de los ramales que existían a lo largo de la patria. Esto produjo que nuestro país tenga uno de los índices mas altos del mundo en desocupación.

Es indudable que, no solamente se cerraron las puertas de una empresa señera, sino que era la fuente de trabajo de cientos de miles de operarios que todavía creían que el país llegaría a brindar bienestar espiritual y económico a todos sus habitantes. Pero hoy nos encontramos que, no solo se clausuró, sino que se lo quiere transformar en una simple pieza de museo, tanto sus elementos como todos sus monumentales edificios, para convertirlos en negocios que, sin lugar a dudas sólo producirán beneficios a algunos pocos. Esto ciertamente ha de ocurrir, de no mediar alguien con un poco de sentido común que quiera empezar a trabajar para que el sistema ferroviario vuelva a tener la importancia que nació en el momento en que fueron nacionalizados, y pueda nuevamente circular por todo el país, llevando progreso y hermandad entre los pueblos, debiéndose tener en cuenta que el ferrocarril fue, es y seguirá siendo el más valioso instrumento de desarrollo, aún en los países más avanzados y que en un territorio tan extenso como el nuestro, no podemos concebir que en el futuro no se cuente con la presencia tecnificada como corresponde, y ser nuevamente el pilar inconmovible de nuestra economía.

Por todo lo expuesto, se hace imprescindible repetir las palabras de quienes lucharon con ahínco por la recuperación de los ferrocarriles, y dichas en un acto de reivindicación de la empresa. “Ya son patrimonio de la Nación, todos los elementos que lo componen: talleres, edificios, servicios, etc. Ahora solo nos resta cuidarlos, modernizarlos y hacer que sirvan de columna vertebral en el progreso y engrandecimiento de la patria”. Sin embargo, muy pocos años después dejaron de ser argentinos.

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