Piden pensar la economía desde una lógica social y solidaria
José Luis Coraggio disertó en la UNL Crédito: María Belén Garófalo
Economía
Redacción El Santafesino
02/11/2016
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Piden pensar la economía desde una lógica social y solidaria

La Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) es la sede de la Cátedra Abierta de Extensión y Políticas Públicas. Se trata de una iniciativa impulsada desde el programa de extensión Economía Social y Solidaria, a cargo del profesor Julio Tealdo, cuyo propósito es el de brindar un espacio académico para pensar y promover la relación entre conocimiento científico y políticas públicas.

La jornada de apertura estuvo a cargo del economista José Luis Coraggio, profesor emérito y director de la Maestría en Economía Social de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Ante un auditorio colmado (mucho público presenció la ponencia de parado a pesar de las 250 butacas del salón), planteó la necesidad de pensar la economía desde una lógica social y solidaria. Sin requerir la abolición de las empresas capitalistas (incluso sostuvo que ambas formas pueden convivir en la práctica, pero sin ahondar en el cómo), realizo una crítica general sobre las falencias que expone -y provoca- este modo de plantear las relaciones de mercado cuando se la adopta como la única forma posible de abordar el tema.

Ética y salario justo

La economía social y solidaria (ESS) impone un principio ético radicalmente diferente al de la economía de mercado capitalista. Dice Coraggio: “Ética y economía no son separables. Es la propuesta de cómo debemos ser. Cuando la lógica de mercado capitalista plantea que la economía no tiene nada que ver con la ética, expone en realidad la necesidad de que cada miembro de la sociedad sea competitivo y busque el máximo beneficio y satisfacción particular. Entonces su principio ético es la libertad de los individuos de buscar sus máximos. Pero es una libertad basada en el concepto de propiedad privada, que por extensión implica la apropiación del trabajo de otro. Incluso, a fines del siglo XIX, se desarrolló una categoría, la de ////‘personería jurídica’, que convirtió a las empresas en sujetos con derechos (de despedir para ser rentables).

“La ESS, en cambio, tiene un principio ético basado en la reproducción y el desarrollo de la vida humana. Esto abarca tanto la solidaridad entre unidades domésticas (que pueden ser la familia o la comunidad) como el respeto por las leyes de la naturaleza (como expresa el pensamiento indígena reflejado en las constituciones de Bolivia y Ecuador, que hablan del buen vivir y de los derechos de la naturaleza).

En este marco surge el interrogante: ¿cuál es el salario justo? Para la ESS, un salario justo es el que permite la reproducción de la vida del trabajador y de los miembros de su familia y comunidad en condiciones dignas. No se ve al salario como resultado de la oferta y la demanda, que implica necesariamente que sea bajo e indigno”.

Economía mixta de tres patas

El término “economía mixta” suele utilizarse para explicar la tensión entre una economía estatal-administrativa y otra privada-empresarial. Para Coraggio este modelo no representa la realidad porque no tiene en cuenta a un tercer actor: la economía popular.

Sostiene: “La economía pública refiere a las entidades político-administrativas, como provincias y municipios, que usan un presupuesto proveniente de distintas fuentes (del sistema impositivo o del endeudamiento del Estado, por ejemplo) para producir y distribuir recursos. La lógica que rige a esta esfera es la del bien común, aunque pueda utilizarse el poder político para asegurar la gobernabilidad de un sistema injusto y contradictorio.

“El sector de la economía empresarial tiene otro sentido: el de la ganancia. El sistema capitalista impone a los empresarios privados la búsqueda de acumulación para no ser desplazados. Indica, por ejemplo, que hay que usar a la naturaleza y, si cuesta menos, es factible contaminarla. O que especulen con la producción de bienes que fueron programados para ser obsoletos en poco tiempo (obsolescencia programada). Son estrategias para ganar. Si el capitalista no las adopta, perderá”.

“La economía popular, finalmente, es la economía de los trabajadores. No del capital y los capitalistas; no del Estado y los gobiernos. Es la lógica de la reproducción de la vida de los trabajadores y su familia/comunidad. Son trabajadores porque su principal recurso para sobrevivir es las propias capacidades (y no el trabajo del otro). La economía de mercado capitalista entiende a la riqueza estrictamente como un valor de cambio; como cosas que tienen precio. Pero la economía popular entiende que hay otras formas de utilizar el trabajo, como por ejemplo la producción para el propio consumo (trabajo familiar, doméstico, comunitario). Se trata de una parte de la economía que en Ecuador (donde se la tuvo en cuenta y se la midió) representa el 15 por ciento del PBI. Dentro de este trabajo subterráneo se encuentra la actividad doméstica. Y hoy, gracias a la conciencia aportada por la economía feminista, comprendemos que es imposible que funcione ningún sistema económico sin el trabajo doméstico”.

“Además, dentro de una sociedad de mercado pueden darse diversas formas de trabajo que exceden a la lógica capitalista. Una es producir autónomamente para vender. Es el caso de las cooperativas, en tanto conjunto de trabajadores asociados que consiguen un ingreso para resolver sus necesidades (y si hay excedente se utiliza para invertir). Pero una cooperativa se diferencia de una empresa porque no tiene fines de lucro”.

Repensar la “política social”

Coraggio advierte que en nuestro país se hace una lectura de la “economía social” que debe replantearse: “El neoliberalismo hizo que las políticas sociales sean pensadas como el uso de recursos públicos para garantizar el acceso a ciertas condiciones básicas de salud, educación, consumo. Entonces vemos cómo hay un sesgo en estas políticas porque están focalizadas en los pobres.

“Y es una situación que arrastra otro problema: el del sostenimiento de los emprendimientos surgidos de estas políticas. Pero es algo que se da, entre otras cosas, porque están destinadas a personas que fueron excluidas toda una vida, no solo del trabajo sino (y principalmente) de la educación. Entonces están enfrentadas a la necesidad de ser empresarios de sí mismos con una información que puede ser muy valiosa en términos de conocimiento práctico pero que resulta insuficiente en la economía llamada del conocimiento. En consecuencia, muchos emprendimientos fracasarán. Porque es una forma de incluir a los excluidos del mercado dentro del mismo mercado que excluye”.

“Así nace un tercer inconveniente: la idea de que estas políticas no son económicas porque necesitan del subsidio. El subsidio es visto entonces como una mala palabra, pero es una condición de la economía popular”.

Propuestas

La noción de economía que adopten los gobiernos de turno determinará el sentido de las políticas públicas. Si la entienden bajo la lógica de mercado capitalista, buscarán liberar lo más posible esta actividad; si lo hacen bajo la lógica de la economía social y solidaria, en cambio, apostarán en primera instancia por fortalecer la propia comunidad.

Dice Coraggio: “Una propuesta es que el Estado sea un mercado productivo capaz de comprar los productos desarrollados por los emprendimientos de la ESS. Por ejemplo, los guardapolvos para las escuelas públicas.

“Por otra parte, el Estado tiene que fomentar la solidaridad. Concientizar sobre la importancia de asociarse y tener máquinas en común. Debe promover todo un conjunto de relaciones. Sin embargo, en la actualidad es muy difícil que el Estado se haga cargo de tal iniciativa porque tiene una visión mercantil de las empresas.

“Otra manera de hacer políticas públicas es mediante leyes. La regulación de la ESS se encuentra con el problema de la tipificación de a quién va dirigida. ¿Qué es la economía popular y solidaria? ¿Está conformada por asociaciones, cooperativas, mutuales? ¿Las comunidades indígenas forman parte de ella? Si la ley no reconoce la multiplicidad de formas en que se presenta la economía popular, nunca reconocerá su realidad. Finalmente debe pensarse la relación con los beneficiarios. En este marco, los funcionarios públicos deben ser formados para cumplir funciones sociales basadas en la solidaridad”.

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