Por el Petróleo y la Cultura
Por el Petróleo y la Cultura

Por el Petróleo y la Cultura

Soy músico, me llamo Ariel Carlino (Medalla de Oro en el Festival Mundial de Música y Danza de Esteidfodd, Sudáfrica). En el año 2001, tuve el honor de ser invitado al Festival Internacional de Babilonia (Irak bloqueada), al que asistieron artistas invitados de todo el mundo, siendo el único de Latinoamérica que participé y con quienes compartí el pensamiento de que el bloqueo a esta Nación era injusto e inhumano.

Viajé, no sin muchas dificultades, pero este viaje fue para mí una experiencia de intercambio maravillosa, que amplió mi asombro y aprendizaje.

Estuve parando en Bagdad, con delegaciones de casi todo el mundo. Vivíamos austeramente al igual que el pueblo iraquí, un pueblo creyente, afectuoso, solidario y agradecido, con fuerte arraigo en sus tradiciones y sus valores religiosos.

En tiempos libres recorrí mezquitas originarias, la primera Universidad del mundo y también aproveché, como “vicio” docente, para recorrer escuelas, una de ellas quedaba al lado de un refugio que fue bombardeado por aviones anglo-norteamericanos, matando a 1200 seres humanos entre niños y mujeres, de los cuales 43 niños y 3 maestras pertenecían a ese colegio.

En esta escuela repartimos lápices, que son el símbolo de la educación, ingresados de contrabando, ya que a causa del bloqueo, hay disposiciones internacionales, sin sustento, que lo prohiben; la excusa es que se podría usar su mina de grafito para crear armas químicas.

Con los chicos, intercambiamos leyendas, con cierta dificultad, a ellos las de las mil y una noche, mientras yo les narraba las que me contaron mis alumnos de Morón y La Matanza. Nos divertimos mucho y luego nos despidieron con una canción que hablaba de Saddam.

Fueron, momento a momento, apareciendo en mí contradicciones que tienen que ver con la cultura a la cual pertenezco y a la información que me fue formando a lo largo de mi vida.

Como todo extranjero, temía por mi seguridad. Por ejemplo, me sorprendió que la afirmación que hace años escucho, “los musulmanes son violentos por naturaleza” estaba completamente alejada de la realidad, ya que en los 15 días de permanencia, no presencié ninguna escena de violencia, ni allí ni en Siria ni en Jordania.

Hay códigos difíciles de comprender: ver a las mujeres que se tapan el pelo, que no se dirigen a los hombres si son extraños a su familia, a las que no se puede saludar estrechándole la mano y menos con un beso en la mejilla. Un pueblo que no prueba alcohol, en fin… muchísimas características que hablan de usos y costumbres diferentes.

No tengo en claro si Saddan Hussein es aquel monstruo laico y socialista, que se une a fundamentalistas chiitas para forjar el mal en la tierra toda o un líder nacional astuto y político que convive en la diversidad del pensamiento musulmán poco entendible para cualquiera que desconozca las problemáticas de la nación árabe.

Podría contar infinidades de anécdotas pero deseo detenerme y cuestionar mi falsa formación, llena de cuentos enciclopédicos y chismes de poca profundidad, para ver con mis propios ojos y escuchar con mis oídos, alejado de fórmulas que me separan de la humanidad del prójimo y que generan cegueras en las que se apoyan los poderosos de Occidente u Oriente.

Surge esta pregunta entonces, ¿por qué nos enfrentan entre dos mundos? La idea de dominación económica por medio del petróleo es clara, pero ¿se puede obtener esta dominación sin resistencias si hay enfrente pueblos que tienen cuarenta siglos?, ¿no estaremos asistiendo a otro holocausto? Irak está bloqueado desde el 1991, lo que costó más de un millón de vidas, en su mayoría niños.

Los poderosos necesitan imponer por la fuerza una sola cultura global y ¿occidental?. Pensemos por lo menos un momento ¿que creen qué harán los millones de chinos, indios, pakistaníes, el mundo Árabe o América latina?, si esta idea avanza…

Pido a los poderosos que frenen su prepotencia irracional, que descarten la guerra, las bombas atemorizan pero no convencen, le encomiendo humildemente a Dios que los ilumine y recapaciten desde este mi insignificante lugar, estamos ante la posibilidad cierta de desangrarnos entre los hombres fatal e inevitablemente.

Ariel Carlino.

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