Principios contrapuestos
Principios contrapuestos

Principios contrapuestos

Lo que está en discusión no es la existencia del derecho privado para actuar en la gestión de la educación superior (de hecho en nuestros países la educación privada ha sido legislada y funciona desde hace muchos años), ni los avances en la internacionalización del saber, de hecho promovida desde sus inicios por la noción misma de la Universidad y en especial por las asociaciones de universidades como AUGM que buscan la integración y el intercambio. “Lo que está en juego es si aceptamos la transformación de la educación en un comercio y, más aún, si aceptamos que los Estados renuncien a su poder con capacidad de establecer en nombre de la sociedad y con la sociedad los principios básicos en los cuales fundamentar la formación de sus ciudadanos y velar por que ella fuera pertinente y de calidad”, concluyó Brovetto.

Si de principios se trata, cabe destacar las profundas diferencias que se plantean acerca de las nociones de eficacia, desarrollo, calidad, transparencia, según sea la óptica de los comerciantes del mundo o la de los universitarios y académicos.

“La Organización Mundial del Comercio insiste en destacar que la liberalización del comercio de mercancías ha sido en los últimos cincuenta años uno de los principales factores de crecimiento económico y de alivio a la pobreza en la historia de la humanidad. Análogos serían -en su línea de argumentación- los efectos de la liberalización del comercio de servicios educativos si se articulan con la organización de un sistema de cooperación económica basado en el derecho internacional”, explicó el Rector de la UNL, Ing. Mario Barletta. Y contrapuso: “Para los miembros de la AUGM, en cambio, el desarrollo que permitirá aliviar las condiciones de marginalidad y depresión puede centrarse, fundamentalmente, en la decisión de avanzar en instancias de integración universitaria en el ámbito del Mercosur, afianzando las alianzas estratégicas en busca de sinergias académicas regionales”.

Se trata, en todo caso, de pensar otra globalización, basada en los valores de la cooperación y no del negocio, en el intercambio de conocimientos y no de dinero, para lo cual es necesario fortalecer las asociaciones auténticas basadas en la confianza mutua de nuestros países, que rescaten nuestras culturas y respeten nuestra identidad. De lo que se trata es de rescatar las misiones de las instituciones de educación superior y salvaguardar sus responsabilidades éticas, sociales y culturales frente a los avatares políticos y económicos. “Los poderosos intereses que se mueven detrás de esta política, presionan por la transformación de la educación superior en un lucrativo mercado de ámbito mundial, con la consiguiente desregulación y eliminación de todo control de calidad”, señala la Carta de Porto Alegre.

“El mercado no tiene valores; tiene apetitos” -disparó el Rector de la Universidad Nacional de Rosario, CPN Ricardo Suárez- “y el apetito se calma con ganancias. Eso no es educación”. A lo que un colega brasileño agregó: “La educación debe ser siempre ciencia, tecnología, cultura y desarrollo; si no, es simple transmisión de saber y no se forma de esa manera ciudadanos libres y con capacidad crítica para enfrentar el mundo que vivimos”.

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