Reconstruir Santa Fe: un desafío en busca del desarrollo
Autoevacuados en barrios del oeste de Santa Fe durante la inundación 2003 Crédito: Gentileza N. Gallegos

Reconstruir Santa Fe: un desafío en busca del desarrollo

“El éxito de los procesos de reconstrucción esta supeditado en gran medida a que las políticas tengan un nivel de definición y aceptabilidad social que se conviertan en verdaderas políticas de Estado” afirma la síntesis de las jornadas “La ciudad después de la catástrofe”. El encuentro, llevado a cabo en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral durante los últimos días de mayo, reunió a urbanistas, arquitectos y científicos de distintas disciplinas para debatir la reconstrucción de la ciudad de Santa Fe.

De acuerdo a lo informado por los especialistas convocados, el encuentro tuvo como objetivo principal “centrar el debate en la producción de conclusiones y recomendaciones que permitan aportar elementos conceptuales para una eficiente definición de las políticas públicas, antes que centrar el trabajo en la discusión de proyectos puntuales, lo que se deberá afrontar una vez resueltas y definidas las estrategias políticas”. En tal sentido, y como bien introduce el documento elaborado por los investigadores “la Universidad Pública, como actor principal y natural del campo del conocimiento científico-técnico, no debe hacer otra cosa que volver a comprometer su máxima capacidad de cooperación con la sociedad de la cual es parte, tanto en la atención de la emergencia como en el proceso de recuperación y reconstrucción del territorio. De este modo -añade la síntesis-, se trata de contribuir a elucidar el dilema que enfrentan tanto los distintos niveles jurisdiccionales del Estado, como la misma Sociedad Civil”.

En cuanto al modelo de políticas públicas a implementar, los académicos advierten la existencia de “dos grandes enfoques actuales sobre el problema y el alcance de la reconstrucción después de las catástrofes. Uno de ellos -continúa el documento- circunscribe el alcance del proceso de reconstrucción a la recuperación de la infraestructura pública y privada perdida, con la implementación de mecanismos de compensación focalizados. El otro enfoque -recomendado por los principales organismos multilaterales de cooperación, como la ONU y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL)- centra el objetivo en la reducción de la vulnerabilidad, lo que lleva a la necesidad de modificar los factores determinantes de la catástrofe, porque son precisamente dichas condiciones las que determinan la vulnerabilidad de un territorio y convierten un fenómeno natural en un desastre: la pobreza, el uso inadecuado del suelo, la ineficiencia estructural de los organismos de Estado, la destrucción del hábitat natural, la falta de conciencia social sobre su propia exposición al riesgo, entre varios otros”.

Dos supuestos centrales

El documento elaborado remite a dos niveles: uno general que incluye conclusiones y recomendaciones macro acerca del problema, y otro particular a partir del cual se introducen recomendaciones vinculadas a la reconstrucción del territorio, a la cuestión habitacional, al modelo de gestión a utilizar en el proceso de reconstrucción, a los planes de contingencia que se deben elaborar, y a distintas propuestas relacionadas con el sistema de formación académica.

A partir de las conclusiones elaboradas, los especialistas proponen un paradigma de acción construido sobre dos supuestos: el espacio público, como ámbito de articulación del Estado con la Sociedad Civil, cuya adecuada interacción permite buscar la resolución de las principales tensiones sociales; y la relación y articulación, en la práctica, del conocimiento científico disponible con el modo como las personas y las comunidades construyen sus experiencias y fundamentan sus acciones.

Recomendaciones generales

A título de “grave y compleja”, los especialistas señalan que después de la inundación, Santa Fe se encuentra signada por “necesidades sociales, agravamiento de las condiciones preexistentes y de los niveles de vulnerabilidad a los que ya estaba expuesta, situaciones que posibilitaron y potenciaron la catástrofe, y sobre la cual no existía una debida conciencia social”. En tal sentido, se sostiene que “a medida en que el agua se ha retirado, ha quedado en evidencia un sistema económico local colapsado, un tejido social fragmentado y empobrecido, y un sistema institucional debilitado y cuestionado en su capacidad de proteger y dar respuestas a la sociedad”.

Para atender la delicada situación general, los científicos concluyeron que “la reconstrucción de Santa Fe debe ser, en primer término, reconstrucción del tejido social que ha sido dañado, apuntando a que se rescaten los aprendizajes colectivos sobre los valores y fundamentos que nos explican como sociedad y que se están dando en estos días. Hacia ese objetivo deberán orientarse las acciones en todos los ámbitos: urbanismo, planeamiento, economía, educación, salud, entre otros”. En tal sentido, los especialistas recomendaron “no apelar al traslado masivo de población de su asentamiento original, sino sólo hacerlo en caso necesario y de modo puntual, ya que uno de los principales efectos es la pérdida de valores existentes en la cultura urbana -tales como sentido de pertenencia, redes asociativas o de contención social- o solo reconocibles en generaciones que difícilmente pueden ser recuperados por las familias tras el traslado”.

Conscientes de la necesidad de “establecer mecanismos institucionales y efectivos de articulación que permitan construir gobernabilidad alrededor de un espacio de gestión intermunicipal y subprovincial”, los académicos agregaron que es “necesario llevar a cabo un proceso de reconstrucción programado a partir de un plan integral y holístico que abarque un territorio más amplio que la zona afectada, que contemple la elaboración de planes de contingencia para prevenir y mitigar los efectos de futuras inundaciones e incluya pensar en conjunto los sistemas de defensa y de vías de comunicación de Santa Fe”. En tal sentido, según los investigadores, el plan propuesto también debe contemplar “la participación de toda la ciudadanía a partir de modelos de gestión propios de las democracias directas con el objetivo de integrar la capacidad de acción de la sociedad local la cual es, sin dudas, mayor a las capacidades instaladas en las diferentes jurisdicciones del Estado (espacio público ampliado de valor estratégico)

Tres niveles de planificación

La síntesis alcanzada añade que “es necesario establecer tres niveles de respuesta en términos de gestión y planificación, destinadas a responder las preguntas acerca de qué hacer ahora, qué hacer con la ciudad de aquí en adelante, y qué hacer ante otra emergencia hídrica. Estos niveles son: la planificación y gestión de la actual emergencia, de implementación inmediata, destinada a resolver el problema urgente de las familias afectadas por la inundación y que se encuentran en situación vulnerable; la planificación y gestión del reordenamiento territorial (urbano y regional), de implementación en el mediano y largo plazos, necesaria para definir los aspectos centrales del desarrollo territorial de cara al futuro; y la planificación y gestión de la situación de contingencia, de implementación en el mediano plazo, destinada a establecer los mecanismos civiles de organización y asistencia, así como las infraestructuras necesarias, para la protección colectiva ante inundaciones”.

También se incluye en el informe, como recomendación general “que el proceso de reconstrucción deberá asentarse en una acción educativa que asegure, en un principio, la toma de conciencia por parte de la ciudadanía que se encuentra radicada en un área de riesgo hídrico. De acuerdo a la experiencia de otras sociedades, la mejor prevención radica en garantizar un uso y ocupación del suelo que armonice con el sistema natural, y desarrollar la capacidad de reacción colectiva frente a eventos extraordinarios, para resguardar a la población y minimizar los daños que ésta produzca”. Por último, los especialistas entienden que la observación de las conclusiones y recomendaciones elaboradas permitirían “abandonar la idea de un modelo único de resolución de los problemas”.

Recomendaciones particulares

Los principales consejos de los especialistas elaborados en torno a ejes particulares son:

* La reconstrucción del territorio: elaboración de un plan integral que aproveche las infraestructuras ya instaladas y desocupadas o subocupadas para realizar una reconstrucción consciente y programada del territorio, de los sistemas de defensa y de las vías de comunicación. Dicho plan deberá contemplar los niveles de riesgo a los que está expuesta la población, vincular las nociones de medio ambiente y de desastre, y contemplar diversas escalas de planificación e intervención en una instancia superadora de las actuales restricciones dadas por los límites jurisdiccionales.

* La cuestión habitacional: delinear estrategias múltiples que contemplen las necesidades y heterogeneidad de los damnificados y su inclusión no como “beneficiarios” pasivos de la asistencia, sino como actores de su propia reconstrucción. De esta manera, se pretenden no sólo establecer políticas que permitan replantear el problema habitacional en la escala del Aglomerado del Gran Santa Fe, sino también sobre localización de áreas residenciales, transporte, productivas, vinculaciones y actividades recreativas, entre otros.

* El modelo de gestión del proceso de reconstrucción: integrar el poder político y las instituciones del poder civil a través de procedimientos efectivos de coordinación entre ambos, articulación que ha de ser acompañada por un proceso de transparencia en la gestión de fondos y control de obras. Se destaca la necesidad de recuperar el rol activo del Estado como custodio y garante del bien común, en especial del Gobierno Local, el cual debe jugar un rol protagónico en este proceso. Por ello se sugiere solicitar la realización de acciones de democracia directa, tales como audiencias públicas en el ámbito local, que permitan fijar las principales directrices del proceso, convalidar los modelos de gestión, debatir el modelo de desarrollo territorial, consensuar prioridades y convalidar acciones de fortalecimiento institucional.

* La cuestión de la emergencia: el plan de contingencia: maximizar los esfuerzos que tiendan a mitigar sus potenciales efectos adversos. Dicha política conlleva, al margen de las acciones inherentes al proceso de reconstrucción, la implementación de Sistemas de Alerta Temprana y la elaboración de Planes de Contingencia.

* Propuestas relacionadas con el sistema de formación académica: integrar el concepto de catástrofe e incorporarlo en las currículas, y construir una red de formación académica de centros especializados -a partir de la experiencia de la Universidad Nacional de San Juan en sismología- en la cual la UNL podría desarrollar su experiencia con respecto a la emergencia hídrica.

El encuentro realizado en la UNL contó con la presencia de arquitectos, urbanistas, ingenieros hídricos, economistas y especialistas de distintas disciplinas provenientes de centros de investigación y de las universidades de la República (Uruguay), y de las nacionales de Buenos Aires, San Juan, Nordeste, Rosario y del Litoral.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *