Relación con Brasil: ¿socios con proyectos divergentes?
Industria automotriz Crédito: Gentileza El Litoral
Panorama Empresario
Redacción El Santafesino
21/09/2015
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Relación con Brasil: ¿socios con proyectos divergentes?

En sociedades que supieron tener etapas de surgimiento, despegue y esplendor, en algún momento la aparición de diferencias en los proyectos individuales de los integrantes se convierte en una posibilidad concreta. Lo vemos cotidianamente entre socios comerciales, en grupos musicales y hasta en las parejas. “Teníamos prioridades diferentes”, “los proyectos de cada uno empezaron a ir por caminos distintos”, “queríamos crecer cada uno en lo suyo” y otras tantas frases conocidas suelen resumir esos momentos hasta el grado de auténticos clichés.

En principio, no sería tan ilógico –al menos como analogía- observar estas situaciones también en sociedades entre estados. En definitiva, el elemento común en unas como en otras relaciones es lo que en el ámbito del derecho se denomina “afectio societatis”.

La situación actual de la relación entre nuestro país y Brasil -y por derivación el MERCOSUR- podría ser analizada bajo este esquema. Pero antes resulta conveniente repasar muy brevemente algo de la historia de la relación.

Algo de historia de la relación

El tiempo de la relación de nuestro país y Brasil se mide en siglos que, desde la visión más amplia, se remonta a los tiempos de la conquista del continente. Durante dicha relación predominaron las actitudes y sentimientos de hostilidad y desconfianza mutua por sobre las de cooperación y confianza. Desde esta perspectiva, los 20 años de MERCOSUR (o los 30 años desde sus prolegómenos con la relación Alfonsín – Sarney) constituyen un idilio, una pequeña etapa de excepción a la regla.

Además, a diferencia de las relaciones con Uruguay y Paraguay, con Brasil no subyace una relación de hermandad, entendida desde la existencia de un “padre común” y de posteriores guerras fraticidas. Con Brasil, es una relación de vecindad. De mucho tiempo pero vecinos, no hermanos.

Es en este contexto en el que hay que observar e interpretar la existencia –más común en Brasil que en Argentina en los últimos años- de actitudes de ciertos actores que van desde simples quejas –aunque aceptando al Mercosur como regla de juego- hasta la impugnación de dichas reglas, es decir rechazo del Mercosur.

Inicio de la etapa Mercosur: coincidencia de proyectos y prioridades. La etapa más reciente de la larga relación con Brasil, que podemos denominar “Etapa Mercosur”, surgió paulatina pero firmemente a partir de coincidencia de proyectos y prioridades, materializados en objetivos económicos y políticos de los países.

En lo económico, un mercado ampliado que permitiera generar economías de escala para las actividades económicas del bloque, que derivara en aumentos de productividad y modernización del aparato productivo, pero con marcos de competencia atenuada fuera de la unión aduanera que posibilitaran a los socios comerciales cierta protección de la superioridad de las industrias de los países industriales.

En lo político:

1) el afianzamiento de los procesos democráticos de la región –en ciernes por entonces- significando un refuerzo institucional mutuo en un ambiente continental donde los golpes a los sistemas constitucionales se dieron durante décadas en vaivenes acompasados, subyaciendo focos comunes –y muchas veces coordinados desde centros geopolíticos durante la guerra fría- para desestabilización y golpismo;

2) generación de un bloque donde el poder del conjunto superase a la suma desarticulada de sus miembros;

3) un propósito de auténtica integración social donde a las relaciones conjuntas entre los actores económicos se añadieran actividades conjuntas a nivel de los Estados y de la sociedad civil, para alcanzar un “estadio final” de “sociedad Mercosur” que lograra una identidad diferente pero contenedora de las identidades nacionales.

En tercer lugar, el aspecto geopolítico constituye un factor adicional y con cierta particularidad respecto a los dos precedentes. A pesar de corresponder a la esfera política, por la escala global en la que se plantea y por el ámbito eminentemente nacional desde el que se formulan los posicionamientos geopolíticos, resulta más apropiado analizarlo por separado. El surgimiento del Mercosur, también partió de coincidencias en este aspecto: Un bloque que amplíe el poder geopolítico en forma directamente proporcional a la suma de las distintas dimensiones relevantes de sus integrantes: superficie, población, producto bruto, recursos naturales y fiscales, etc.

La dinámica durante dos décadas: los tiempos económicos y varias asimetrías. Si bien en términos históricos, los 20 años de Mercosur parecieran darle la razón a la frase del tango “que veinte años no es nada”, la dinámica observada en ese lapso resulta significativa para entender una parte importante del contexto actual.

Las exportaciones con destino a Brasil son un 20% de las exportaciones argentinas (porcentaje que llega al 45% si se consideran solamente las manufacturas de origen industrial) y representan el 1,6% del PBI argentino, mientras que las importaciones procedentes desde Brasil son casi un 22% de las compras al exterior de Argentina significando un 1,5% del PBI de nuestro país.

Sin embargo, las exportaciones a Argentina son apenas el 6% de las exportaciones brasileñas y representan sólo el 0,4% del PBI brasileño, mientras que las importaciones brasileñas procedentes desde Argentina apenas alcanza el 6,2% de las compras al exterior de Brasil.

La significación en el comercio exterior y la influencia económica es claramente asimétrica. Brasil influye mucho más sobre las variables argentinas de lo que Argentina influye sobre las variables brasileras. La relación es de cuatro a uno. Así como para Argentina es mucho más provechoso un auge económico de Brasil que para éste un auge económico argentino, en similar sentido, el efecto de una recesión plantea igual asimetría de intensidades.

Y en esta misma relación de magnitudes cabe visualizar cualquier futuro cambio en la relación, incluyendo la discontinuidad de la sociedad como una entre tantas alternativas.

Es sabido que en un bloque la coyuntura económica de un miembro afecta al otro, predominantemente a través del canal comercial. El auge económico de un socio implica ventajas para el otro promoviendo sus exportaciones, así como las recesiones producen los efectos inversos. Sin embargo, entre Argentina y Brasil las relaciones no son simétricas y de ahí las distintas actitudes emergentes. Dependerá entonces de las coyunturas económicas de los socios qué esperar que suceda durante la relación.

Que ambos países experimenten un crecimiento económico sostenido es el escenario ideal, donde los crecimientos individuales se retroalimentan, tal como aconteciera entre 2003 y 2011 (más allá del período 2008-2009 de crisis argentina).

En cambio, cuando uno crece y el otro no, la situación cambia y la asimetría comentada ha operado para que las consecuencias no hayan sido las mismas según la recesión estuviese en Brasil o en Argentina. Y cuando, al menos uno de los socios está “en las malas”, la tentación del proteccionismo sobrevuela permanentemente a los decisores políticos.

Pero en el escenario donde ambos socios coinciden en fases de recesión o estancamiento se crea el caldo de cultivo para que emerjan las peores actitudes. Y este pareciera describir con mayor aproximación la coyuntura por la que atraviesa actualmente la relación entre Brasil y nuestro país.

Geopolítica actual, proyectos propios y complejidades para armonizarlos. Durante la etapa de diseño y debates constitutivos del Mercosur (1985 – 1995) la existencia de un pasado reciente muy inestable en lo político y la precariedad en las economías de los futuros socios, llevaron a que la constitución de un bloque económico al cual co-liderar, que permitiera una mayor presencia y posicionamiento más sólido en el concierto regional con proyección mundial, cuadraba como objetivo geopolítico convergente. En los primeros tiempos del Mercosur (1995 – 2000), dicha convergencia no pareció trastocarse significativamente.

Pero desde los inicios del presente siglo, se fueron dando determinados procesos y acontecimientos que parecieran tener profundos efectos en los proyectos geopolíticos.

* El intenso crecimiento de Brasil desde principios de este siglo para posicionarlo entre las 10 economías más grandes del planeta, mientras Argentina rankea recién en el Top 20 o Top 30, según qué fuente se tome de referencia.

* La emergencia de los BRICS como actor de gran potencia en el concierto mundial, espacio selecto del que Brasil posee membresía, mientras Argentina observa desde afuera.

* El surgimiento de oportunidades y propuestas de acuerdos económicos con otros bloques, especialmente la Unión Europea, donde los intereses de Argentina y Brasil son disímiles y las reglas del Mercosur no permiten acuerdos individuales sin la voluntad del otro socio.

Si se agrega la diferencia histórica entre un Brasil con tradición de poner la geopolítica a la cabeza de las políticas de Estado y una Argentina donde no hay consensos sobre el propio concepto de políticas de Estado y la prevalencia de los asuntos de política interior y la perspectiva de corto o mediano plazo por sobre los asuntos de política exterior y perspectivas de largo plazo, arribamos a un escenario actual donde los proyectos de ambos países comienzan a mostrar sus divergencias.

Co-liderar un bloque económico como el Mercosur, con la Unasur como su versión política expandida, pareciera ser un objetivo loable para Argentina y un techo por un largo tiempo en cuanto a los espacios que puede aspirar ocupar con cierto protagonismo y decisión.

Pero para Brasil, las posibilidades concretas de integrar los BRICS y de negociar directamente con la Unión Europea constituyen oportunidades muy auspiciosas económica y geopolíticamente como para sacrificarlas. Si la pertenencia al Mercosur y la Unasur pudieran armonizarse perfectamente con estas oportunidades no habría razones para conflictos. Pero si se interpretan como restricciones, el diagnóstico del lado brasilero cambia radicalmente. Por aquí pasan los debates en los más altos niveles dirigenciales de Brasil.

Ciertos sectores económicos, liderados por la burguesía industrial paulista, van tomando un posicionamiento sobre la tesis “Mercosur = limitación de oportunidades”, a la cual pareciera inclinarse parte de la dirigencia del sistema político, especialmente algunos dirigentes del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña) principal partido opositor actualmente y otros partidos menores posicionados a la derecha del espectro político o que fijan su posicionamiento político en base a cuestiones de índole nacionalista.

En cambio, el PT (Partido de los Trabajadores) que lideró la coalición gobernante durante los mandatos de Lula Da Silva y Dilma Roussef, brega por una armonización entre Mercosur (preservando su liderazgo de la Unasur) y los demás objetivos geopolíticos brasileros.

Bajo este marco podemos comprender qué significado implica para la relación Brasil – Argentina y el Mercosur la situación política actual en el país vecino (la más difícil para el PT en sus cuatro gestiones de gobierno, cayendo al más bajo apoyo popular en dicho período y recientemente arrastrando también a la figura de Lula Da Silva y del propio PT) y conjeturar los caminos coherentes para cada desenlace posible.

Al cierre de este artículo, en una estrategia para intentar estabilizar políticamente su gobierno, la Presidenta Roussef convocó a conformar la “Agenda Brasil”, una lista de prioridades políticas de más alto nivel. Renan Calheiros, uno de los principales dirigentes del PMDB (Partido de Movimiento Democrático Brasileño) socio principal del PT en la coalición de gobierno, ha propuesto la suspensión del Mercosur como uno de los puntos de dicha agenda.

Paradojas del destino, Calheiros es dirigente del mismo partido al que pertenecía José Sarney, el presidente brasilero que junto a Raúl Alfonsín pusieron en marcha el proceso de integración.

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