“Si no se cambian las reglas, el sistema no tiene solución”
El presidente de ABAPPRA, Carlos Heller (der.) junto al rector de la Universidad Nacional del Litoral, Mario Barletta. Crédito: Luis Cetraro

“Si no se cambian las reglas, el sistema no tiene solución”

La Universidad Nacional del Litoral fue nuevamente un recinto abierto al debate de ideas sobre temas que preocupan de manera crucial a la ciudadanía. Al igual que en marzo de este año, cuando se presentó el Plan Fénix -elaborado por un equipo de docentes e investigadores de la UBA-, el Paraninfo se vio desbordado por más de 500 personas que asistieron a la Conferencia sobre “Situación Económica y financiera. La propuesta cooperativa”, que diera Carlos Heller, presidente de la Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina y gerente general del Banco Credicoop, el martes pasado.

La propuesta de recrear el espacio público a partir de la incorporación de nuevos enfoques, desde los cuales es posible repensar el país y generar alternativas que orienten a la sociedad, que se promueve desde el Plan de Desarrollo Institucional, se vio fortalecida. Al decir del Rector Mario Barletta: “La Universidad confirma su misión social, con el firme propósito de realizar un aporte significativo para construir una democracia genuina, en la que los fenómenos del mercado se acoten y encaucen con la participación ciudadana y el objetivo último de las políticas públicas sea el desarrollo sustentable con sentido social, basado en el incremento sostenido de la riqueza y la tendencia a la equidad en su distribución”.

En este marco, Heller desarrolló de manera extensa un análisis de la situación económica nacional y el estado del sistema financiero y explicitó las medidas que considera necesario implementar para revertir la actual crisis argentina, desde un enfoque centrado en los valores del cooperativismo. Además subrayó que, con esta crisis, la sociedad ha venido tomando conciencia del proceso recesivo que se vive hace más de cuatro años y de que “ninguna solución es posible si, entre otras cosas, no se re-estructura un sistema financiero que deje de ser una simple caja”. Es necesario reformular el sistema “para que vuelva a ser una herramienta dedicada a financiar necesidades productivas y de la sociedad en su conjunto”, enfatizó en una conferencia de prensa previamente realizada, donde puntualizó algunos conceptos.

– ¿Es necesario reformular el sistema financiero?

– Es necesario recrear las instituciones y reformular el sistema desde el origen. Y eso supone una nueva ley de entidades financieras, una ley que defina a la actividad financiera como lo que creemos que es: un servicio público, administrador de un bien escaso como es el crédito. Más allá de discusiones teóricas, en la realidad cuando un bien es escaso, si no hay regulaciones suficientes y todo se deja librado al mercado, ese bien no llega adonde tiene que llegar. Por eso es debe haber regulaciones que posibiliten que la administración del crédito sea una herramienta al servicio de la reactivación.

– ¿Está sobredimensionado el sistema bancario en nuestro país?

– El país tiene insuficiencia de servicio bancario, al contrario de lo que muchos dicen respecto del sobredimensionamiento. Si hacemos memoria, en los últimos años mucho se habló de la escasa bancarización de la Argentina, y ahora nos dicen que cuántos bancos sobran, o que sobran sucursales o gente… En realidad, la sensación es que los que hablan así están queriendo consagrar un país achicado y no están pensando en dimensionar las instituciones al tamaño real del país. El esquema tiene que ser a la inversa, hay que pensar qué país queremos y en función de eso, pensar qué sistema financiero hace falta.

– ¿Cómo se articula esta idea con las presiones del FMI?

– Si hay algo que hemos hecho en los últimos años ha sido lo que nos marcaron los organismos internacionales. Hemos sido los mejores alumnos. Hemos hecho todo lo que nos dijeron, o casi todo. Y no nos fue bien. Entonces, suponer que nuestros males se curan aumentando la dosis de la medicina que nos hizo mal, es un error de concepto. Somos el país que más extranjerizó la banca en la región, que más avanzó en la privatización y la desregulación, que más abrió su economía. El ex presidente Menem fue invitado por el FMI en 1998 y presentado por Camdesus como el presidente valiente, que hizo todas las reformas que había que hacer… Hemos sido el más disciplinado cumplidor de las recetas del Fondo Monetario y no nos fue bien. Entonces, no se trata de plantear rupturas ni cosas por el estilo… De lo que se trata es que los argentinos desarrollemos una propuesta de gestión autónoma y si tenemos que negociar que sea con una propuesta y no ir a buscar instrucciones.

– Hoy se vuelve a hablar de la bicicleta financiera ¿cuál es su opinión?

– La bicicleta financiera no se dejó de hacer nunca. Todo el proceso, desde el año 1975 en adelante, ha tenido las mismas características. Y durante la convertibilidad más aún: se aseguró a los inversores externos altas tasas de interés y rentabilidad, y además otra cosa: libertad para irse cuando quisieran, que fue lo que luego generó el inicio de la crisis actual. Aquellos capitales que vinieron atraídos por rentabilidades que no tenían en sus países de origen, se fugaron rápidamente. Y eso lo pagó la economía real, porque el sistema financiero no genera riquezas, solo transfiere de un sector a otro. Se privilegió al sector inversor por sobre el productivo y eso es lo que viene pasando en la Argentina hace mucho tiempo.

– ¿Cuáles son los principales problemas de la crisis bancaria actual?

– El sistema bancario tiene hoy varios problemas graves que resolver: el primero es el conflicto de poderes existentes entre el Poder Ejecutivo y el Judicial. El sistema financiero está en el medio, por un decreto del Ejecutivo que decidió pesificar activos y pasivos, y un poder judicial que dice que eso es inconstitucional y nos obliga a devolver a los depositantes el dinero como si ese decreto no existiera, al tiempo que los deudores siguen pagando como si ese decreto sí existiera.

El segundo gran problema es la asimetría que se ha generado entre activos y pasivos, en primer lugar por la aplicación de la compensación entre pesificación de los créditos en pesos y los depósitos a $1,40. Porque esto se hace con un bono a largo plazo que genera un problema de liquidez adicional. El tercer problema es que el Estado ha venido resolviendo algunas cuestiones, que yo comparto, como es la eliminación del CER de los deudores de créditos de vivienda única, prendarias y personales, pero no ha decidido cómo lo va a compensar y entonces los bancos tienen una ecuación abierta y sin saber cómo se resuelve.

– A eso se suma la falta de confianza del público…

– Precisamente, el cuarto problema es cómo los bancos recrean la confianza del público, de manera que vuelva la capacidad de captar depósitos, sin los cuales es imposible que existan políticas de crédito y que los bancos sean útiles a la actividad productiva.

– En este marco ¿qué rol cumplirían las cajas de crédito cooperativo?

– Es una buena oportunidad para recrear las cajas de crédito cooperativo, que surgieron como respuesta de la sociedad a un fenómeno, que aunque en situaciones distintas, es similar al que vivimos hoy: la ausencia de créditos del sistema financiero tradicional. En momentos en que se habla tanto de recuperar la cultura de la confianza, no hay mejor forma de lograrlo que crear entidades autogestionadas, donde el usuario y el que dirige se identifiquen, estén cerca, se conozcan y se asegure la devolución de los recursos que se generan.

– ¿Cuáles son las bases de la propuesta cooperativa?

– La propuesta cooperativa parte de suponer que se trata de establecer un modelo en el cual la sociedad prevalezca sobre el mercado, donde la solidaridad prevalezca sobre el interés individual, y el interés común esté por encima del privado. Venimos de una larga etapa donde se dijo lo contrario: “lo único que importa es la máxima rentabilidad”, “el único objetivo es la utilidad máxima”, y todo se conformó en función de esa ideología: “el interés individual no tiene límites”. Es hora de pensar que el interés individual es respetable en el marco del interés colectivo. Cuando el interés individual lesiona, ataca, vulnera el interés común, entonces es discutible hasta dónde tiene valor.

– ¿Cómo se traduce esto en una economía solidaria?

– Pensar una economía solidaria, para los cooperativistas es fácil, porque la cooperación es esencialmente desarrollo de la idea solidaria. Lo que se hace difícil es pensar una economía solidaria en el marco de una economía de mercado, porque hay una contradicción evidente. Por eso es necesario dar todo un debate y la comunidad en su conjunto es la que debe establecer cuáles son las reglas, el modelo y los parámetros de la sociedad en la que aspira a vivir.

– ¿Cómo se puede recrear el crédito para las pymes?

– Tiene que haber reglas claras para que estas entidades puedan desarrollar a pleno su espíritu solidario, que hoy está limitado por fuertes regulaciones pensadas no para asistir a las pymes sino a los grandes grupos. Si vemos cómo se distribuye el crédito en Argentina, las pequeñas empresas, que son el 99% del total, que ocupan más del 80% del empleo y generan más del 70% del valor agregado, reciben solo el 14% del crédito del sistema. Mientras que la regla sea el mercado, esto no se va a cambiar. En la actividad financiera, el negocio es pocas operaciones grandes de bajo riesgo. Si no se establecen regulaciones que obliguen a una distribución de créditos por región y por sector, si no se ponen reglas que modifiquen drásticamente el tema, no hay solución.

– ¿Cómo está el Banco Credicoop frente a la actual crisis?

– El sistema perdió muchísimos depósitos y los financió por tres fuentes: con su propia liquidez, con redescuentos y con achicamiento de la cartera de créditos. Con eso se financió la fuga, en proporciones más o menos parejas. A nosotros nos fue bien, porque 1) no teníamos prestamistas de última instancia, siempre trabajamos previendo que ante alguna contingencia teníamos que tener un colchón propio con qué responder. 2) teníamos una cartera de créditos atomizada, y nuestra respuesta en el recupero fue un poco mejor, 3) nuestra caída de depósitos fue menor que la media. Resultado: no tuvimos que tomar redescuentos, y el Credicoop llegó a esta crisis con un manejo exclusivo de sus recursos y con cero utilización de recursos por parte del Banco Central. Habernos mantenidos fieles a los principios cooperativos, haber defendido un modelo de funcionamiento con participación de los usuarios y comisiones de asociados en cada una de las sucursales, es parte de nuestra fortaleza. No es que nos fue bien, pero nos fue menos mal que a otras entidades bancarias, por ese plus de confianza que tenemos.

– ¿Cómo ve el movimiento de los ahorristas?

– Creo que los ahorristas no tienen razón, aunque eso no les saca el derecho a reclamar por algo que individualmente es legítimo. Pero acá me refiero otra vez al límite entre el interés individual y el interés común. Por un lado hay que saber bien cómo fue la crisis y la creación del corralito. Por otro, si se declara inconstitucional el decreto de pesificación de los depósitos, también debería serlo para la pesificación de los créditos, lo cual llevaría a una crisis aguda a una gran mayoría de la población. No se puede resolver una mitad del problema sin resolver la otra. Además, si cualquiera hace una simple suma del total de los activos pesificados y el pasivo neto de los bancos, va a ver que no alcanza. Si los bancos son obligados a atender los reclamos, van a quebrar; y va a cobrar solo una parte de quienes reclaman. Creo que el reclamo no es justo en tanto no puede ser extendido al conjunto de la sociedad. La solidaridad es la distribución equitativa del daño que se ha producido. Acá hubo un daño. Hay que ver de qué manera el daño, el costo, se distribuye de la manera más equitativa posible.

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