Trabajar por el otro
Ariel Cecotti y su esposa Analía viven en la localidad de Pilar y son voluntarios del Rotary, donde participan de un programa destinado a ayudar a los “Clubes y Distritos a lograr sus metas de servicio en sus propias comunidades y en el exterior, fomentando el compañerismo y la buena voluntad, promoviendo la paz y la comprensión internacional”.
Esta actividad, que realizan desde el año 2007, les ha permitido llevar adelante proyectos tanto a nivel local como provincial e internacional. En este último caso cuentan con la experiencia de trabajos humanitarios de gran magnitud desarrollados principalmente en la selva Amazónica.
Una experiencia de vida
El 18 de junio pasado Ariel Cecotti junto a su esposa y sus dos hijos menores viajaron a la ciudad de Iquitos, Perú, donde estuvieron hasta el 8 julio, pasando la mayor parte de la estadía en la selva Amazónica. Los proyectos humanitarios que el Rotary desarrolla en los pueblos del Amazonas consisten en proveerlos de los servicios básicos para la vida humana. Explica Ariel que “cada proyecto tiene un plazo de culminación de obras de 3 años. En este caso, se desarrolló en la comunidad de Yanamono zona II, pueblo de unos 140 habitantes donde se trabajó por segundo año”. La familia Cecotti no estaba sola, sino que participaron del trabajo otras 38 personas de la Fundación YouthLinc (Salt Lake City, EEUU). Una ONG integrada por jóvenes entre 16 y 28 años, además de dos médicos y enfermeras que realizan servicio a través de su ocupación.
En la comunidad de Yanamono el grupo realizó la construcción y pintura de un puente (trabajo en el que participó Ariel), fabricación de veredas y reparación y pintura de una posta médica.
Asimismo, llevaron a cabo importantes actividades educativas y culturales en la comunidad: juego con los niños, entrevistas a familias, charlas sobre educación sexual, de higiene, entre otras. Se otorgaron microcréditos a familias y donación de máquinas de coser y telas para que las mujeres de la población confeccionen prendas de vestir. Además, entregaron a pobladores insumos de higiene personal, cepillos de dientes y dentífricos, juguetes para los niños, calzado, ropa, elementos de escritura, lentes, medicamentos (farmacia para posta médica).
Ariel destaca que “la experiencia de participar en proyectos de esta magnitud es única. En el Amazonas es donde se desarrollan proyectos de esta naturaleza a nivel sudamericano y los lugares son seleccionados por ubicarse en zonas realmente inhóspitas, donde no se puede acceder fácilmente existiendo la única vía que es la fluvial lo que requiere un gran nivel de organización logística. Las Comunidades donde se desarrollan los trabajos no cuentan con ningún tipo de los denominados servicios básicos. Los habitantes de esta región del Amazonias viven de la caza, la pesca y lo que le ofrece la selva”.
Cabe destacar que todos los gastos de traslado, estadía, comidas, entre otros, son afrontados por los propios voluntarios sin contar con apoyo de ninguna institución o empresa. En este sentido Ariel explica que “la organización de estos viajes lleva mucho tiempo de planificación y organización, se debe ahorrar dinero privándose de muchas cosas para poder participar de los proyectos humanitarios. A nivel laboral uno debe tomar sus vacaciones y en lo familiar es cuestión de planificar todo”.
A nivel local
En el avance de su informe Cecotti señala que desde Rotary no sólo trabajan en proyectos humanitarios en el exterior, sino también en buscar apoyo internacional para desarrollar proyectos a nivel local y nacional. Otra de sus actividades se relaciona con el programa de intercambio de jóvenes. “Participar de estos proyectos, le hacen muy bien a uno, ya te permiten conocer otras realidades, otras culturas, intercambiar experiencias generando una apertura mental para afrontar situaciones que uno puede vivir el día a día. También por este motivo y junto al Interact de Pilar, a nivel local realizamos muchas actividades e incluso para con las comunidades del norte santafesino todos los años. No hay que viajar muy lejos de la casa de uno para ver familias y comunidades en situación de extrema pobreza”, consigna Ariel.
En pleno amazonas
Iquitos es una ciudad de exótica belleza, ubicada en el margen izquierdo del río Amazonas, a 3.646 km del Océano Atlántico y a 1.859 km de la capital peruana. Es la ciudad capital del departamento de Loreto y cuenta con unos 480.000 habitantes, siendo la ciudad más grande del amazonia peruano y principal puerto fluvial del Perú. Al estar muy próxima a la línea ecuatorial posee un clima tropical lluvioso con temperaturas promedio de 26°C. La capital de Loreto sólo cuenta con una carretera que la une a Nauta, pero no está interconectada por vía terrestre con el resto del Perú por lo difícil de la geografía. Pero debido a este aislamiento geográfico, Iquitos está rodeado por bosques que conservan aún características propias del ecosistema Amazónico. El lugar donde la familia Cecotti desarrolló el proyecto se halla a 80 km hacia el Norte de Iquitos por el río Amazonas, zona que no cuenta con suministro de energía eléctrica ni otros servicios que pueda ofrecer la tecnología de hoy y solamente se llega con transportes fluviales.
Intercambio educativo
“Otra de las actividades que realizamos la llevó adelante mi hija Melani de 12 años de edad que actualmente cursa el 7mo grado de la Escuela Santa Marta de Pilar”, explica Ariel. Todos los alumnos de las dos divisiones de 7mo grado realizaron dos trabajos contando la historia del colegio y de nuestras costumbres.
Uno de estos trabajos fue entregado al Colegio Sagrado Corazón de la ciudad de Iquitos, institución educativa a la que asisten 3.500 alumnos con 51 divisiones en primaria. Melani asistió a clases, más concretamente al 6to grado y estos alumnos también entregaron un trabajo para intercambiar con los alumnos de Pilar. En Perú el nivel primario es hasta 6to grado y luego la secundaria es de 5 años. El otro trabajo fue entregado en la comunidad del Amazonas, Yanamono, donde los niños también hicieron cartas y dibujos.