Un complejo escenario para una dura renegociación
Fuente: Prensa Aguas Provinciales

Un complejo escenario para una dura renegociación

La coyuntura económica actual empujó al gobierno y a la empresa Aguas Provinciales de Santa Fe a iniciar una nueva renegociación de los contratos de concesión. Será la tercera revisión pero nada garantiza que por eso se convierta en la última ni en la vencida. Lo que seguramente pueda afirmarse es que se tratará de la discusión más compleja y ardua de las hasta ahora realizadas.

La primera impuso como resultado el denominado «rebalanceo tarifario». El sistema autorizaba aumentos progresivos y permitía subsidiar a usuarios de menores recursos con la facturación de quienes más consumían. El método fracasó.

La segunda se inició a mediados del 2000. El consenso entre las partes llegó a plasmarse en un acta y posterior borrador de decreto que fue elevado al Poder Ejecutivo a fines del 2001. La negociación también autorizaba a la empresa a aumentar la tarifa, en este caso, en un 10 por ciento a partir del quinto año de concesión, contados desde la nueva firma.

Pero la convulsión económica que ya se vivía por esos meses en el país dando los primeros coletazos en la provincia llevó a que Carlos Reutemann nunca sellara el acuerdo con su firma.

Los últimos tramos del año pasado ya dibujaban un escenario negativo para la empresa. La segunda renegociación no se cerraba, la morosidad de sus clientes aumentaba y comenzaba a resultar de difícil cumplimiento el nivel de inversiones exigido. El resultado fue que para concluir el ejercicio 2001 sin déficit, Aguas debió recibir de la casa matriz francesa un aporte de 25 millones de dólares para oxigenar sus cuentas.

A comienzos de este año, asfixiada, la empresa solicitó al Ente Regulador de Servicios Sanitarios (ENRESS) y a la Secretaría de Servicios Públicos una nueva revisión contractual. Adjuntó un bosquejo que describía su economía actual y concluyó en que para readecuarla a la situación real debía contemplar un aumento tarifario de aproximadamente un 40 por ciento.

La «sugerencia» fue rechazada de plano por el ENRESS, y éste a su vez redobló la ofensiva. Denunció que la concesionaria había suspendido la ejecución de obras en forma unilateral. Y reveló que tampoco estaba cumpliendo con el aporte mensual que debe realizar al organismo, equivalente al 5% de su facturación.

El incremento de tarifas en los órdenes planteados fue desestimado también por los funcionarios provinciales del área. Pero de igual modo, el Poder Ejecutivo aceptó abrir una nueva instancia renegociadora de todo el contrato, que quedó habilitada con el decreto Nro. 221 del último 1 de marzo.

Las salidas no resultan claras ni aparecen a la vista. El nivel de morosidad de Aguas sigue creciendo y la situación se complica con los préstamos bancarios tomados en dólares. Enero cerró ya con un déficit de casi dos millones de pesos.

Todos los frentes parecen jaqueados: no hay lugar para un aumento tarifario, menos en los porcentajes planteados; el nivel de inversiones y la ejecución de obras, que podrían constituir otra variable, están reducidos prácticamente al mínimo; y el gobierno no puede descuidar las formas para evitar una posible rescisión, sobre todo cuando ya hay antecedentes en otras ciudades (La Plata).

«Estamos prácticamente en un cuello de botella», confió uno de los hombres que pilotearán la negociación, para graficar el panorama.

Entre las posibles salidas no se descarta algún tipo de ventaja impositiva para la empresa, un subsidio estatal o un aumento de tarifas pero de menor cuantía.

A diferencia de los decretos anteriores, el que habilita esta tercera negociación no fija ni establece plazos para el diálogo. La misma fuente consultada especuló con que «prácticamente todo el 2002 será un año de discusión».

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